28 junio 2010

Tontolabas

Aparecen como setas. Están por todas partes. Proliferan especialmente en televisión. Pero también los ves en el metro, en el bus, por la calle. Nos invade una nueva generación de tontolabas. Heredera de otras en la historia. Desde el principio de los tiempos. Su idiocia me molesta, y me culpo por ello porque no debiera, al menos la suya no hace daño, salvo a la inteligencia

Estoy hablando de los portadores del plástico. Sí, de esos que llevan esas pulseras horteras de plástico cuyo precio de fabricación no debe superar los veinte céntimos y que están arrasando entre los tontolabas de este país. Se gastan cuarenta o cincuenta euros en una pulsera de plástico de colores chillones con un ¿holograma? que al parecer emite ¿frecuencias? que ¿reaccionan positivamente con el campo de energía del cuerpo?

Evidentemente es mentira. Tan sólo hace falta un ensayo científico de medio pelo para entender que carece de base científica el rollo ése de que mejora tu equilibrio y estabilidad corporal. Pero no es suficiente, porque la gente quiere creer, en lo que sea, y si encima se lo venden bien, lo convierten en un producto “cool” y consiguen que una serie de tontolabas famosos como futbolistas, presentadores de televisión e incluso tertulianos políticos aparezcan con ella en la muñeca, la moda se convierte en epidemia y los tontolabas de todo el país unen sus voces en una único grito, cuál vuvucela gigante, defendiendo su derecho a ser y parecer idiota. Y lo tienen. Es el derecho universal mejor reconocido en las sociedades de consumo modernas.

El problema es que he convertido a mi pesar, en una prueba irrefutable de que estoy ante un tontolaba, el hecho de ver a alguien con ella puesta. Y si encima intenta convencerte de que funciona, de que no sabe por qué, pero que él se siente mejor, no puedo más que confirmar en silencio mi diagnóstico. Y es peligroso. Porque la plaga se extiende y no sabe uno cuál será el próximo conocido que aparezca con una de ellas puesta y, sorprendido, descubras su verdadera identidad, ésa que siempre pretendió ocultar o tú nunca quisiste apreciar.

4 comentarios:

  1. Herederos de los charlatanes que recorrían el oeste vendiendo jarabes milagrosos y tónicos que devolvían la juventud, los que están vendiendo estos abalorios-milagro se estarán haciendo de oro a costa de la credulidad de los tontolabas.

    Pero cuidado. Es posible que tengan el doble fondo del carromato cuajadito de rifles de repetición...

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  2. angelin144@gmail.comjulio 01, 2010 9:33 a. m.

    Ayer estuve en una tienda y me dijo la chica que las vendían como churros. Es absurdo, "la única con tecnología en su holograma".

    Ya. Panda de inútiles...

    Eso sí, el que ha lanzado el producto es mi puto ídolo. Se ha forrado a base de la idiotez de la gente (y será que hay pocos...).

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  3. Pero qué razón tienes Pepe. Desde que tengo uso de razón siempre hay una última chorrada inútil que se extiende como una pandemia global.

    Es la sociedad y los tiempos que nos ha tocado vivir.

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  4. Es como tú dices, Carlos, yo recuerdo cómo de pequeño se pusieron de moda unas pulseras metálicas que también mejoraban nosequé... Es cíclico y siempre está presente, el problema es cuando se convierte en moda, entonces es inaguantable.

    Saludos.

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