Bueno, seguimos con la lista de los horrores. Esta "maravilla" del cine me la recomendó
Danisev. Yo no la había visto nunca pero al conocer quien era el director y teniendo en cuenta que anteriormente
Dani me había recomendado durante años joyitas setenteras muy interesantes como
Soylent Green, decidí arriesgarme y
recurrí al Emule para conseguir la película.
El director es
Douglas Trumbull. Lo conocía por haber sido el responsable de los efectos especiales de
2001, una odisea del espacio. Su labor en esa película fue espectacular, convirtiéndose en claro referente del mundo de los efectos especiales, en algo así como el sucesor momentáneo de
Ray Harrihausen. Precursor de la revolución que en ese campo emprendería años después
George Lucas (de hecho hubo acercamientos que al final no terminaron en nada para que trabajara en
Star Wars), participaría en los efectos especiales de éxitos de esa época como
Encuentros en la tercera fase (que cada vez que me acerco un rato a ella me parece más y más aburrida) o
Star Trek, la película, e incluso fue responsable de los efectos fotográficos de la magistral
Blade Runner.
Pero como decía en un post anterior,
el principio de Peter no es manejado con fluidez por estos tipos, de manera que
Trumbull parece que se echó la manta a la cabeza y decidió pasarse

a la dirección. Sólo le tengo contabilizadas dos obras. La primera, su ópera prima, pertenece a esta excelsa lista de cuatro filmes que estoy destripando (el tío las clava, dos de dos) y la otra es este
Proyecto Brainstorm, estrenada en 1983. Sus intérpretes principales son
Christopher Walken (que venía de ganar el óscar a mejor actor secundario por
El cazador) y
Natalie Wood (la entrañable
Debbie, sobrina de
Ethan en la legendaria
Centauros del desierto, y que fallecería durante el rodaje de esta película de manera un tanto extraña).
La trama es atractiva:
unos científicos (
Walken y su colega femenina cuyo nombre no recuerdo)
idean un dispositivo que es capaz de registrar y grabar la sensaciones físicas y emocionales de un individuo, siendo posible después, mediante una especie de casco, que otras personas sientan y disfruten esas mismas sensaciones como si fueran propias. Puede que esto suene bien, pero la película es un verdadero coñazo. Infinito. Aburre hasta hastío y más allá. Además, a medida que la vas viendo te la termina sudando todo lo que le pasa a los personajes. Y eso es una terrible lacra para una película. Los actores están pésimos (lo que confirma mi teoría sobre ellos),
Christopher Walken deambula por la pantalla sin saber muy bien qué esta haciendo y si lo que hace tiene algún sentido. De hecho la cara de bobo que pone (demasiadas veces) me provocó unos sentimientos muy agresivos hacia él. Lo de
Natalie Wood es de pena. Entristece que muriera durante el rodaje, pero desde un punto de vista estrictamente cinematográfico lo cierto es que no hubiera importado que dejara la película con anterioridad. Ambos forman una pareja que colabora en el desarrollo comercial del experimento; están casados, pero en proceso de divorcio. Consiguen con extraña rotundidad que te importe un carajo que se separen, que sigan juntos o que alguno se muera. Todo un logro, la verdad. Los pensamientos como espectador transitan a esas alturas entre el asombro por la terrible falta de ritmo y la sorpresa ante lo incapacidad de dar consistencia visual y argumental a la historia
Y uno se hace preguntas sobre la película: ¿para qué la van a hacer atractiva o entretenida? ¿O verosímil? ¿O lógica? ¿Para qué? El director prefiere deleitarnos con multitud de imágenes de prados verdes y hermosos riachuelos en una demostración que hacen a los jefazos de la empresa, a los que muestran un viaje en globo o helicóptero que, mediante el casco, sienten como si ellos mismos lo hicieran. Y así, con imágenes de bucólicos valles tomadas desde el aire, pasan más de

cinco minutos de la película. Uno se desentiende de la historia y cree que en cualquier momento va a salir
Ramón Sampedro en alguno de sus viajes oníricos. Y la cosa no mejora. La historia raya el surrealismo cuando a un amigo del protagonista no se le ocurre otra cosa que hacerse pasar a través del casco la sensación de placer de un orgasmo sentido y grabado por otro. Pero no un ratito, no, sino durante horas. Lógico, el tío termina fatal de lo suyo y se tiene que jubilar. ¿Que qué tiene que ver esto con la trama? ¡Y yo que sé, yo a estas alturas ya alucinaba! La compañera del proyecto mientras, sufre un ataque al corazón y... ¿qué se le ocurre? Pues lo más normal del mundo:
grabar lo que siente mientras se muere. Cojonudo, vamos. ¿Para qué coño va a intentar salvarse o llamar a alguien? Qué va, se enchufa el casco y ya está, ya tenemos la cinta de la muerte. Y nunca mejor dicho, porque esa cinta se convierte en el eje del resto de la película. Los militares (tan malos y torpes como siempre) la quieren como arma de destrucción masiva y el payaso que interpreta
Walken la quiere recuperar para sentir lo que su amiga sintió al morir y todo ese rollo de ver que hay más allá de la muerte y todo eso.
Claro el problema es que un
mcguffin como ése podría ser utilizado para hacer una intriga entretenida y que contuviera alguna reflexión interesante. Pero lo que se consigue es una búsqueda de la puñetera cinta que te va importando cada vez menos, que se cuenta de

manera confusa, soporífera y con un ritmo terriblemente monótono. Claro, como uno se aburre se empieza a hacer todo tipo de preguntas idiotas sobre lo que ve (entre ellas... ¿por qué coño no apago el DVD?): ¿Por qué es tan importante para los militares la cintita? ¿No pueden ir a cualquier penal donde haya un condenado a muerte y ponerle el dichoso aparato ése y grabar cómo muere? ¿Y para
Walken? Si ya es un fracasado, si su proyecto se va a militarizar sin que pueda hacer nada, ¿qué más le da? ¿Por qué cojones le es tan importante recuperarla? ¿Como muestra de respeto a su amiga? ¡¡Pero si nos da igual!!
Y la mejor pregunta de todas, la que uno se hace cuando ve ese final pretendidamente emotivo que te arrastra al vómito, cuando
Natalie Wood le llama desde la vida para que no se deje arrastrar por las sensaciones de muerte que está sintiendo al enchufarse a la cinta (ya sabéis si siente la muerte, se muere, como en
Matrix) es ésa que le hice a
Carolina, que "disfrutaba" enormemente conmigo: Oye, ¿a ti... te importa un carajo que la palme?
En fin. A pesar de todo (tengo que decirlo), esta peli es mejor que la ópera prima del director. La siguiente de mi lista... imaginaos...
Seguiremos machacando.