14 octubre 2026

A pie de aula 10: Huelga indefinida de la educación pública en Madrid. La Marea Verde vuelve a las calles

En Madrid, los docentes de Primaria y Secundaria de la enseñanza pública, tras lustros de desprecios, recortes, ninguneo y asfixia por parte de los sucesivos gobiernos del PP, nos lanzamos a la huelga indefinida como último recurso para evitar el progresivo deterioro de las condiciones en las que los alumnos aprenden y sus profesores enseñamos en las aulas de los colegios e institutos públicos.
 
En estos tiempos de extraordinaria polarización, me temo que serán pocos los que se paren a escuchar nuestras reclamaciones, quejas y críticas sin intentar enmarcarlas en otras batallas políticas y sociales en las que anda embarcado el país, pero toca intentarlo.
 
 
En los días previos a la huelga he ido avisando en mis clases de que haré la huelga. En otras ocasiones, cuando eran huelgas puntuales de un día o dos, no lo hacía, pero esta vez he creído que era justo y necesario avisar a mis alumnos del motivo por el que iba a ausentarme tanto tiempo. Nunca he tratado de persuadir a mis alumnos a favor de mis posiciones ideológicas, no me parece ético hacerlo con un público “cautivo” y demasiado joven para entender los matices de la vida adulta, de manera que solo les he comentado, básicamente, dos cosas:
 
1) Yo haré huelga, como hice todas las huelgas como docente en el pasado y las haré en el futuro, si es necesario, siempre que considere que las reivindicaciones están orientadas a defender a la enseñanza pública en la que trabajo, a la que defiendo y en la que creo. Aunque también considero justas nuestras otras reivindicaciones laborales.
 
2) Después, les comento que van a ver cómo en las redes sociales y en los medios de comunicación políticos, periodistas y personas anónimas me van a tildar de vago, van a despreciar mi lucha y van a tratar de convertirme a mí, y a mis compañeros, en un meme ridículo más a destrozar con cualquier excusa: “estos lo que quieren es trabajar todavía menos, con las vacaciones que tienen…"
 
Tras 20 años enseñando, mi único patrimonio real es la labor que hecho durante este tiempo con mis alumnos de hoy y con mis alumnos que fueron: ellos sí conocen mi esfuerzo diario para que aprendan mientras intento acompañarlos y atenderlos. Ellos sí conocen lo que trabajo hoy con ellos y lo que trabajé entonces con aquellos que hoy son ya adultos funcionales. Y a ellos no les van a engañar. O eso espero.
 
Por otra parte, es importante señalar y denunciar estos días ciertos intentos de desmovilizar a los docentes de Madrid ante la huelga indefinida que estamos empezando hoy, miércoles 14 de octubre. Sobre todo, cuando intentan deslegitimar nuestra movilización, en un ejercicio crítico tan cínico como clasista, por el hecho de no habernos movido igual contra la LOMLOE.
 
La huelga indefinida educativa en Madrid llega tarde, muy tarde. Con 15 años de retraso. Seguramente, por el síndrome postraumático que nos dejó al colectivo la dolorosa derrota frente a Aguirre y Figar en 2011. Desde entonces, no levantamos cabeza. Luchamos, perdimos, nos machacaron.
 
En Madrid, esta huelga que ahora empezamos es una huelga defensiva, un ejercicio de pura supervivencia. Una respuesta desesperada a la asfixia sistemática y deliberada de la enseñanza pública por parte de los sucesivos gobiernos del PP. Solo buscamos resistir, defender la existencia de una enseñanza pública que disponga de los suficientes recursos, en la que no se promueva de manera indecente la segregación socioeconómica y que no esté siempre supeditada a los intereses de la enseñanza privada.
 
Por eso, cuando leo a ciertos "puros" del #ClaustroVirtual, que no dejan en el fondo de ser potenciales esquiroles con ínfulas, dirigir sus críticas educativas solo hacia un lado del arco político, intentando hacer creer que todo lo malo que le pasa a la educación en España es responsabilidad de la izquierda, mientras nunca se dignan a apoyar nuestras denuncias, como docentes de a pie, en CCAA como Madrid donde, desde hace décadas, hay un plan en marcha para convertir a la enseñanza pública en subsidiaria de la privada, solo me puedo reír con desprecio y rabia: #ClasistasDelConocimiento, junto a haters histéricos del Gobierno y rencorosos con ego unidos, finalmente, contra enseñanza pública que dicen defender.
 
Porque sí, la LOMLOE es una basura (llevo años tanto en este blog como en X/Twitter denunciando el error que supone su enfoque pedagógico), pero curricularmente (y “competencialmente”) bebe mucho más de la LOMCE del PP que de aquella LOGSE socialista de los años 90. Es la derivada final de una tecnocracia educativa que une bajo el mismo paraguas "competencial" a una izquierda educativa desnortada e incapaz de asumir el necesario esfuerzo que supone aprender con una derecha educativa neoliberal que ansía poner al sistema educativo al servicio del Mercado.
 
Lo cierto es que la "deriva competencialista" y la burocratización de la enseñanza hace mucho que dejaron de poder ser atribuidas tan solo al PSOE y su pernicioso y agostado entorno de asesores educativos. Solo hay que ver la extraordinaria "pasión" con la que los gobiernos de derechas de Andalucía o de Aragón aplican la LOMLOE en sus territorios.
 
Volvamos al asunto que nos ocupa estos días: en Madrid los docentes le vamos a hacer una huelga al Gobierno de Ayuso porque la asfixia a la que lleva sometiendo el PP a la enseñanza pública durante lustros va mucho más allá de leyes y "enfoques pedagógicos". Es estructural y es ideológica.
 
Hacemos huelga por las infraestructuras obsoletas, por la falta de recursos, por los horarios laborales saturados, por la burocracia desmedida, por los cupos siempre insuficientes, por los salarios desfasados, por la segregación socioeconómica como forma de organizar el sistema educativo... Es decir, vamos a la huelga por todo lo que supone la condición previa a participar en cualquier batalla pedagógica sobre cómo y qué enseñar.
 
Hacemos huelga para defender una enseñanza pública que dé una oportunidad de formación y de futuro a nuestros alumnos porque, más allá de LOMLOES o LOMCES, la condición previa para que las leyes tengan éxito o fracasen es la propia existencia de una enseñanza pública fuerte, no paliativa. 

 
 
Post ampliado a partir de la base a dos hilos escritos en X/Twiter los días 2 de octubre y 9 de octubre de 2026

27 junio 2026

A pie de aula 9: gracias por todo. Un homenaje personal a esa generación de docentes que se nos está yendo

Lentamente, poco a poco, están desapareciendo de nuestros institutos. Es un goteo silencioso pero imparable. Se nos está jubilando una generación de docentes a los que vamos a echar mucho de menos. Este post es mi homenaje particular a los que ya se han ido, a los que se están yendo y a los que, en breve, nos dejarán.

Llegaron muy jóvenes a la docencia de Secundaria, durante aquella explosión de la enseñanza pública en los años 80 a la que después se sumaría la implantación de la ESO, en los institutos, ya en los 90. Desde hace unos pocos años, por puro imperativo temporal, muchos de ellos están alcanzando la edad de jubilación y se van despidiendo de las aulas tras toda una vida dedicada a la enseñanza. Con tanta sensación de alivio como de cierta melancolía.

Como en cualquier otra generación de docentes, entre ellos ha existido la inevitable cuota tanto de delincuentes laborales como de pésimos profesionales, profesores realmente incapacitados para una labor tan complicada como la nuestra. Pero aviso, hoy no será el día en el que hable de ellos. No lo merecen. Hoy hablaré de los otros, de la mayoría, de los que siempre merecieron la pena, de los que tanto enseñaron, no solo a sus alumnos sino también a los nuevos docentes que fuimos llegando a sus centros.

Siendo muy jóvenes vivieron el mayor cambio educativo de este país en los últimos 50 años: la LOGSE (no toca tampoco hoy hablar de sus defectos) llevó a los institutos a alumnos desde los 12 años y la obligatoriedad de que estudiasen hasta los 16 años. Aquello supuso una auténtica revolución educativa e impuso, de la noche a la mañana, una nueva manera de entender la labor docente.

Siempre me gustó escuchar sus historias sobre aquellos "viejos" catedráticos de los años 80 y 90 y su altanería hacia ellos, tan jóvenes por entonces. Es curioso, a pesar de sus claros intentos de diferenciación respecto a aquellos, cómo al final de sus carreras también se han terminado construyendo historias parecidas, de desprecios y prepotencia, respecto a algunos de ellos. En mi experiencia personal, especialmente en mis muchos años como interino, solo puedo decir que nunca las viví: la mayoría de ellos fueron siempre un ejemplo de respeto, compañerismo y horizontalidad relacional.

Sin que casi nadie lo notara, absorbidos todos por el ritmo infernal que impone el transcurso de cada curso, se fueron haciendo mayores durante los últimos 20 años. Los que estaban en los 40, allá por la mitad de la primera década de este siglo, cuando yo llegué, fueron cumpliendo los 50 y, finalmente, han terminado llegando a los 60. 

Entonces sí, de repente, en estos últimos años, al acercarse la jubilación, algo cambiaba, detalles casi imperceptibles: docentes que habían sido muy combativos en la sala de profesores y en los claustros se iban quedando en silencio, cada vez les costaba más relacionarse con los nuevos docentes que llegaban al centro y se refugiaban cada vez más en los suyos, en los profesores de su generación. Por otro lado, para muchos de ellos, la brecha generacional con sus alumnos se iba haciendo, lógicamente, cada vez más difícil de salvar y la cercanía de la jubilación hacía cada vez más complicado un nuevo reciclaje profesional.

En el fondo, casi sin ser plenamente conscientes de ello,  lo que iban haciendo era ir preparando, de una manera tremendamente digna, su salida, su final, su adiós a las aulas y a esa vida dedicada a la enseñanza.

En los últimos tiempo he visto he visto cómo algunos compañeros muy jóvenes, que llegan los institutos con su arrasadora energía juvenil y sus inevitables ansias de cambio radical, criticaban de algunos de ellos su perpetuo encabronamiento, su estancamiento profesional y cierto cinismo inmovilista. Estas críticas contienen su parte verdad, claro; también yo he ido asistiendo, con cierta tristeza, a cómo algunos se iban agriando excesivamente con el tiempo. Pero siempre admiré una cosa de la mayoría de ellos: tras despotricar de todo y de todos en la sala de profesores estos tipos iban al aula y lo daban todo. Cumplían con absoluta profesionalidad.

Si hay algo que los jóvenes docentes pueden aprender de esta generación de docentes que nos está dejando antes de que desaparezcan por completo de nuestros institutos, para no caer en un equivocado adanismo, tan victimista como narcisista, es cómo, en la sala de profesores, estos docentes veteranos pueden caer en una excesiva queja y una melancolía equivocada pero después, en el aula, siguen siendo excelentes profesionales con una excelente gestión de aula y de los tiempos educativos.

Una mayoría de estos docentes que se están jubilando cumple, en general, esa premisa que tantas veces he defendido: no existe posibilidad de enseñar nada a los adolescentes sin saber gestionar el aula promoviendo el respeto a tu explicación.

Si no te escuchan, no vas a enseñar nada a nadie.

Se nos están yendo unos excelentes docentes, una generación a caballo entre el tradicionalismo más rancio y la innovación más ridícula, los cimientos de los institutos en los que trabajé. La mezcla del ímpetu de los más jóvenes con su experiencia dinamizaba y le daba cierto poso a los institutos. En los últimos años, ciertos excesos utópicos eran siempre atemperados por su mirada, más pragmática, más apegada a la realidad.

Se está jubilando, sin hacer ruido, sin querer molestar, una extraordinaria generación de docentes y a nadie parece importarle lo más mínimo. Cuando los veo jubilarse y desaparecer en silencio, casi pidiendo disculpas por los entrañables y sencillos homenajes que les hacemos en los claustros de ese último instituto en el que han trabajado, siento siempre una punzada de rabia, una sensación de injusticia, una necesidad insuperable de reivindicarlos

De esta manera, también casi sin darnos cuenta, a los que llegamos a la docencia en la primera década del siglo, los que hemos trabajado durante casi dos décadas bajo el paraguas de esta generación que ya se marcha, nos va tocando, lo queramos o no, recoger el testigo de los que se van. Y no tengo nada claro que seamos muy conscientes de ello ni de si sabremos estar a su altura.

Por todo lo escrito, también por el desprecio de la Administración hacia ese docente que se jubila tras décadas enseñando, siempre he defendido esos humildes homenajes que hacemos en los institutos a ese docente que se jubila: esos pequeños obsequios que pagamos entre todos, esos aplausos privados que recibe, ese momento de protagonismo final que le damos. Me gusta observarlo en esos momentos, cuando recibe ese cariño y ese respeto final de un claustro repleto de profesores que, en su mayoría, en el fondo, no saben apenas nada de la trayectoria profesional de ese docente que ese día nos dice adiós.

Yo siempre soy de los que aplaude con fuerza, casi con fiereza, porque soy consciente de que no lo hago en mi nombre, que represento, de manera pobre, a los cientos de compañeros docentes y a los miles de alumnos que ese día no pueden estar presentes. Mientras aplaudimos a ese profesor que se despide, resulta conmovedor intuir ese último atisbo de orgullo por el trabajo realizado en su mirada.

Vaya este post por ellos, por los docentes que se jubilaron estos años, por los que se jubilan este curso y por los que próximamente nos dejarán.

Mi respeto, mi cariño y mi admiración por todos ellos.

 Post ampliado a partir de la base de un hilo escrito en X/Twitter el 23 de enero de 2026

22 mayo 2026

Un manifiesto educativo personal: contra los unos (#EnsoñaciónPedagógica) y contra los otros (#ClasistasDelConocimiento)

En España, en el ámbito de la enseñanza secundaria, existe una disputa pedagógica, interminable y de imposible resolución, que diariamente se pone de manifiesto en medios de comunicación y redes sociales y que ha terminado filtrándose, de manera tóxica, en nuestras leyes y en nuestros claustros.
 
 
Una de las muchas excusas para alimentar, de manera irresponsable, el fuego de una confrontación educativa que se nutre de toneladas de egotismo y narcisismo, es el falso debate sobre cuál debe ser el origen de la motivación del alumnado de la ESO y Bachillerato hacia sus estudios y el papel que debe jugar el docente en la misma.
 
En este combate, tan cruento como hipócrita, se alinean en una trinchera los #ClasistasDelConocimiento, que dicen defender la necesidad de una enseñanza reglada pura, una enseñanza que se mantenga lo más ajena posible al contexto sociofamiliar y económico en el que vive ese alumno al que el Estado, a través de la enseñanza pública, ofrece la posibilidad de una formación académica que le permitirá tanto obtener una mínima formación cultural como una mayor capacidad de opciones laborales en el futuro. Según ellos, solo la propia existencia de esta excelente oportunidad que, con los impuestos de todos, ofrece la enseñanza secundaria obligatoria debiera obligar a los alumnos adolescentes a traer ya de casa, en su mochila personal, la motivación necesaria para encarar sus estudios y aprovecharlos. Abanderan una Escuela falsamente meritocrática, en la que todos tienen las mismas oportunidades y deben ser tratados de la misma manera. Una inevitable consecuencia de esta Escuela, claro, sería que los docentes de Secundaria siempre debieran enseñar sus materias en un contexto favorable a su labor, con plena atención y respeto a la misma por parte de sus alumnos y, en el caso de que esta situación no se produjera, esos alumnos disruptivos debieran ser expulsados lo más rápido posible del itinerario común y desviados a otro tipo de formación más acorde con sus "motivaciones profesionales" (que, para algunos, sí presentan ya estos alumnos, en un curioso ejercicio de madurez selectiva, a edades tan tempranas como 12, 13 o 14 años).
 
Frente a ellos, en la trinchera contraria, se posicionan, desde una ridícula superioridad moral, absolutamente inmunes a la razón y a una realidad que desmiente sus postulados diariamente, aquellos a los que llevo años denominando los de la #EnsoñaciónPedagógica. Ensimismados en sus anhelos y enrabietados porque jamás la realidad de las aulas les devuelve la imagen del imposible (y equivocado) cambio pedagógico que defienden, nunca  pierden la ocasión de despreciar, tanto directa como indirectamente, el valor del conocimiento y la exigencia académica en una Escuela que sueñan con convertir en motor de un cambio social que dicen desear (aunque siempre que pueden, optan por conseguirlo desde fuera de las aulas, para que la realidad no les manche). Aunque no siempre se atreven a verbalizarlo directamente, consideran que la función principal de la Escuela (y, si les dejasen decidir, casi que la única), en aras de una equivocada visión de la equidad social y como única manera de paliar y compensar las extraordinarias diferencias sociofamiliares y económicas que, de origen, arrastran los adolescentes, debiera ser la defensa de una enseñanza paliativa, anoréxica de contenidos, emotivista y competencial, en la que el cuidado de la salud emocional del alumno fuera núcleo fundamental de su labor. Una Escuela en la que, por tanto, la responsabilidad de la motivación (o la falta de ella) de los alumnos recaería por completo en un docente que, siempre que no se termine plegando a sus dogmas, solo podrá fracasar ante sus ojos.
 
Se trata de un debate artificial, emponzoñado, maximalista y miserable. Un falso debate que no busca mejorar la realidad de nuestras aulas y en el que resulta imposible que se escuchen los unos a los otros porque nunca se trató de confrontar ideas respetando los matices, sino de encontrar las voces más mediocres y extremistas de la trinchera contraria para estigmatizar después, públicamente, a cualquier docente que intente aportar una visión personal sobre los males de la educación, desde su experiencia en las aulas, por acercarse demasiado a los unos o a los otros. Cada vez tengo más claro el objetivo fundamental de esta lucha fratricida: la obsesión de los ideólogos de ambas visiones es la domesticación de los docentes de Secundaria, tan dados ellos a mantener ideas propias sobre cómo se deben organizar y enseñar los contenidos de sus materias.
 
Ampliemos la descripción de ambas visiones.
 
Existe una corriente pedagógica, que se considera progresista, la de los militantes de la #EnsoñaciónPedagógica, que ya no se corta en denostar el aprendizaje de saberes, lo que siempre se llamó transmisión de conocimientos y, sin muchos matices, defiende que la labor fundamental de la Escuela debiera ser la compensación de las desigualdades sociales de origen (algo loable y necesario) que producen una supuesta desafección de gran parte del alumnado de las clases populares hacia los contenidos académicos que se ofrecen en esa Escuela construida de manera clasista para legitimar las diferencias sociales. Una Escuela, dicen, tan solo al servicio de las clases medias y la legitimación de la reproducción social, una Escuela a la que los retoños de estas clases medias se adaptan con facilidad porque está construida para ellos. Seguidores mediocres de la pedagogía crítica, construyen una visión tan absolutamente determinista del porqué de la existencia de la enseñanza obligatoria reglada que, sin darse cuenta, terminan siendo el reflejo especular de los que todavía creen que los sistemas de educación obligatoria que se fueron conformando en los últimos dos siglos y medio son completamente neutrales, sirven para dar una oportunidad igualitaria a todos y legitiman una saludable meritocracia. Ambos planteamientos hace tiempo que dejaron de permitir que la realidad perturbase sus ensoñaciones. Prefieren obviar el entramado de intereses que se disputan el control de la Escuela y cómo esta permanente disputa ha permitido la posibilidad real de existencia de una Escuela que ayuda (y mucho ) a que multitud de alumnos empiecen a construir las bases de una mejor vida, con más posibilidades reales, que la que tuvieron sus padres (y ellos mismos como niños) gracias a la formación recibida.
 
Frente a los discursos, supuestamente neutrales, que proclaman las bondades de una Escuela exclusivamente meritocrática que todo docente de Secundaria con dos dedos de frente (que se lo digan a cualquier tutor de un 1º o un 2ºESO en cualquier instituto de barrio) es perfectamente consciente que no existe, los adalides de la #EnsoñaciónPedagógica se han echado al monte y hace mucho tiempo que desistieron de seguir ofreciendo una oportunidad académica real, viciada de origen, sí, pero real y posible, a todos esos alumnos que parten de una radical desigualdad sociofamiliar de origen. Así, en lugar de priorizar en sus discursos la necesidad de más recursos para la enseñanza pública, ratios más bajas, el reparto de los alumnos con mayores necesidades educativas entre todos los centros educativos (no solo dentro de un mismo barrio, la primera herramienta de segregación escolar) o la eliminación de la enseñanza concertada para que los docentes puedan enseñar más y mejor a todos sus alumnos, decidieron centrar el grueso de sus esfuerzos y de sus intervenciones en el debate público en la construcción de una Escuela sentimentaloide, que dice priorizar el bienestar emocional de los alumnos mientras les roba la posibilidad de un futuro, que denuesta y demoniza cualquier atisbo de exigencia académica y de cualquier defensa del necesario esfuerzo que supone cualquier aprendizaje. Para conseguir sus objetivos, y obviando cualquier contradicción ideológica, encontraron en el insustancial, tecnocrático y neoliberal enfoque competencial de la enseñanza la mejor herramienta para alcanzar sus metas. Un paradigma educativo que conseguiría, por fin, la ansiada la dilución del aprendizaje de conocimientos, sortear la especialización de los docentes de Secundaria y convertir la Escuela en una continua experiencia emocional, en un simulacro constante, absurdo y feliz, de aprendizaje.
 
La búsqueda (imposible) de la felicidad del niño como motor de una Escuela despojada de cualquier autoridad intelectual.
 
El problema es que la ficción, por mucho que les pese, se sostiene durante la Primaria, aguanta a duras penas durante los primeros cursos de la ESO pero se derrumba, mostrando todas sus vergüenzas, al final de la ESO y durante el Bachillerato. No se puede dejar de señalar lo más perverso de este planteamiento metodológico y de organización curricular: son las familias de clase media progresista, esas que necesitan no abandonar la escuela pública para no traicionar sus planteamiento ideológicos, las que más disfrutan (y defienden con fiereza) esta Escuela inane, emotivista, experiencial y despojada de contenidos académicos que no perturba sus vidas privadas durante la infancia de sus hijos. Son las mismas que cuando sus hijos llegan a 4ºESO o al Bachillerato y las consecuencias de esa Escuela insustancial comienzan a ser insoslayables tienen los medios económicos, mediante profesores particulares o colegios privados, de solucionar los problemas educativos de sus hijos.
 
Con un paternalismo perturbador, los defensores de la #EnsoñaciónPedagógica aseguran defender una Escuela en favor de los más desfavorecidos cuando la realidad nos muestra cada día que sus planteamientos pedagógicos se alinean finalmente, con precisión milimétrica, con las necesidades de una familias progresistas de clase media que, en el fondo, luchan por lo mismo que las familias neoliberales: una Escuela que no perturbe las felices infancias de sus hijos con prematuras y absurdas exigencias académicas.
 
Frente a ellos, en los último años, aprovechando la desafección laboral que se ha ido larvando durante las últimas décadas entre unos docentes de Secundaria absolutamente desbordados por las exigencias de unas leyes que, una tras otra, han sumado atribuciones imposibles a su labor mientras la burocratizaban hasta la extenuación, menospreciaban el conocimiento y despreciaban cualquier atisbo de exigencia académica, ha (re)aparecido una corriente educativa que, en un principio, centraba su crítica en las contradicciones y delirios de la #EnsoñaciónPedagógica hasta que, poco a poco, muchos de sus simpatizantes fueron envalentonándose y mostrando sin tapujos su clasismo educativo. Son en su mayoría, a diferencia de los otros, compañeros en activo, docentes a los que la realidad mancha cada día pero que han abandonado cualquier aspiración de una Escuela universal y pretenden conseguir una Escuela mínima, segregadora y falsamente meritocrática con la excusa de la defensa del conocimiento y la exigencia académica. Los he denominado #ClasistasDelConocimiento.
 
Durante un tiempo se limitaron a defender una Escuela basada en el conocimiento que abandonara el absurdo enfoque competencial y se centrara en la necesidad de que los alumnos adquirieran y supiesen manejar una serie de saberes asociados a unas asignaturas impartidas por especialistas. Apoyaban la necesidad del esfuerzo en el proceso de aprendizaje y, por supuesto, frente a veleidades absurdas, tenían claro que, a partir de ciertos niveles educativos, los alumnos tenían que estudiar en sus casas para poder reforzar los aprendizajes adquiridos en las aulas. Sus argumentos eran (y son) compartidos por la mayoría de los docentes de Secundaria en activo ya que entroncaban con el sentir mayoritario del colectivo docente, pese a quien le pese. También se posicionaban, de forma acertada, en contra de la agrupación de asignaturas en los primeros cursos de la ESO mediante ámbitos que no solo diluían el aprendizaje de conocimientos sino que también menospreciaban la importancia de la formación académica de unos docentes que pasaban de ser expertos en su materia a transformarse en una especie de extraños animadores socioculturales, con mayor empeño en lo emocional que en lo intelectual. Pero el delirio curricular que supuso la implantación de la LOMLOE les dio alas y empezaron a darse cuenta de que podían ir más allá, no solo defenderse contra la visión pedagógica de los otros, tan absurdamente buenista que terminaba derivando en totalitaria, y podían comenzar a (re)construir su visión alternativa de la educación obligatoria: clasista, segregadora, miserable y falsamente meritocrática.
 
Con la excusa de la defensa de esa Escuela del Conocimiento que tantos de nosotros apoyamos, y aprovechando el caldo de cultivo de ese extraordinario malestar docente ya citado, han empezado discutir de nuevo, sin rubor y sin atisbo de vergüenza, que realmente todos los adolescentes tengan derecho a una oportunidad formativa real en nuestros institutos, que realmente se la tienen que ganar, que para conseguirlo ya tienen que venir educados (léase "adaptados al sistema") de casa, que no molesten, que no les impidan dar sus clases sin tener que gestionar indeseables disrupciones en el aula. Escondidos tras el discurso de la exigencia académica intuyo en ellos a un pequeño grupo de docentes finalmente inútiles para su labor, incapaces de conectar con sus alumnos, de respetarlos más allá de lo formal y a los que hace mucho tiempo que dejó de importarles lo más mínimo que todos sus alumnos (TODOS) aprendiesen o no. Desesperados por encontrar argumentos que puedan defender públicamente para excusar su fracaso en las aulas, el movimiento de #ClasistasDelConocimiento les ha venido estupendamente para disfrazar dicho fracaso tras la máscara de la exigencia académica: el problema no son ellos, el problema son esos alumnos disruptivos, casualmente siempre hijos de las clases populares, siempre hijos de la que no es su clase social, incapacitados de serie para aprovechar su sapiencia.
 
Traicionando el espíritu de esa Escuela del Conocimiento que tantos defendemos, tanto públicamente como a pico y pala cada día dentro de nuestras aulas, apuestan sin tapujos por una Escuela elitista, clasista y socialmente segregadora a la que cada día los alumnos tendrían que llegar absolutamente motivados desde sus casas, perfectamente educados por sus familias y plenamente predispuesto a admirar el conocimiento que les vamos a obligar a aprender.
 
Una Escuela aislada de la sociedad, una Escuela de conocimiento puro, con alumnos agradecidos y profesores que solo tengan que preocuparse por enseñar sus contenidos sin atender a nada del contexto personal de esos alumnos, sin tener que conocerlos, ni entenderlos, sin tener que soportar su juicio y el de sus familias respecto a su labor; ahí, levitando en sus atalayas de sabiduría. 
 
Entre todos esos mensajes que se lanzan al aire en las redes sociales y que no siempre ya pueden ser solo justificados como desahogo frente a la dureza de nuestro día a día laboral, hay uno especialmente repulsivo: corrompiendo de forma ruin la esencia de aquel lema de una Escuela Pública de todos y para todos que tantos de nosotros seguimos defendiendo y por el que trabajamos cada día, aseguran cínicamente que su planteamiento educativo es el único que ofrece una oportunidad formativa real para los hijos de las clases populares; que realmente defienden esa Escuela, rancia y casposa, pensando en ellos. Eso sí, claro, siempre que no molesten demasiado.
 
El alumno pobre como adorno pedagógico, el alumno pobre como excusa ideológica, el alumno pobre como ese Plácido dócil al que se deja sentar en la mesa del conocimiento puro siempre que no moleste y se sienta agradecido, pero que a poco que disturbe la paz impostada de las aulas pueda ser rápidamente expulsado no vaya a ser que termine convirtiéndose en parte de una turba disruptiva, cruel y revolucionaria, a lo Viridiana.
 
Y entre ambos extremos sobrevivimos la mayoría de docentes, sin voz pública, sin representantes con poder e influencia en las esferas políticas y mediáticas, siendo apelados constantemente por los unos y por los otros para posicionarnos en cada uno de los temas (muchos absurdos, casi todos menores) que diariamente proponen los unos y los otros para alimentar la polarización, ganar su cuota de influencia y repartir carnets de pureza.
 
Este manifiesto personal contra los unos y contra los otros espero que resuma y aclare todos los posicionamientos públicos que llevo haciendo durante todos estos años en el #ClaustroVirtual a través de este blog y de Twitter/X. No tenemos por qué aceptar compañeros indeseables de viaje educativo solo para sentirnos identitariamente partícipes de una idea abstracta y teórica de cómo debe ser la Escuela. Es mi modesto intento de transmitir a tantos de los compañeros que, como yo, defienden una Escuela cuyo motor pedagógico sea el conocimiento, alejada del enfoque competencial y que respete la necesidad del esfuerzo académico, que se puede mantener uno en la defensa firme de esos principios sin caer en los brazos de aquellos que pretenden alejar tan pronto como puedan a todos los alumnos que les sobran en las aulas sin intentar darles la oportunidad formativa que merecen. 
 
Siempre con los medios y recurso suficientes. Esos que no tenemos. Esos que tenemos que exigir. Esa es otra de las batallas fundamentales.
 
No hay equidistancia alguna en mi planteamiento. Al contrario, hay rabia y hostilidad, de forma educada pero manifiesta, contra los unos y contra los otros; no pretendo alcanzar ningún tipo de consenso con ninguna de las dos trincheras, deseo mostrar sus contradicciones y sus incoherencias discursivas así como mi desprecio por sus exageraciones interesadas, sus campañas difamatorias y su ridícula aspiración de pureza pedagógica. El objetivo es cambiar el paradigma, el foco del debate, dejarlos a todos ellos fuera de la necesaria discusión que los profesionales de la enseñanza pública debemos mantener para intentar que no se termine de derrumbar un sistema educativo que presenta claros síntomas de agotamiento. Que no seamos nosotros los que tengamos que acercarnos a ninguna de estas dos trincheras para ser escuchados y aceptados, que no seamos nosotros los que tengamos que quedarnos callados para no vernos señalados por sus huestes inquisitoriales, que sean ellos los queden orillados en la nada, bramando en el vacío,  hasta que se vean obligados a abandonar esas dos trincheras que tanto daño están haciendo al debate educativo en España.

13 diciembre 2025

¡20 años de Discu(r)siones! (Personal)

 13 de diciembre de 2005. 13 de diciembre de 2025. 

 

Continúo celebrando los 20 años de Discu(r)siones y, como ya hice con los posts sobre Educación, amplío a 20 las entradas seleccionadas en este recopilatorio más personal y político.

Discu(r)siones nació a finales de 2005, en pleno boom de la blogosfera y yo, por entonces, no tenía muy claro ni cómo ni para qué lo iba a usar. Ha pasado el tiempo (tanto tiempo) y, aunque siempre con dudas, continué escribiendo y publicando. Incluso cuando los blogs murieron. No sé cuántas veces he pensado en cerrar esta puerta (a veces, demasiado explícita) a mi vida, a mis ideas, a mis sentimientos y a mi forma de mirar al mundo pero, al final, nunca fui capaz de hacerlo. A día de hoy ya tengo claro el porqué: desde que nació, he usado este blog como un espacio de libertad para expresar lo que pienso sin las cortapisas que las interacciones sociales y familiares generan, sin el pudor o la vergüenza que siempre he sentido para expresar mis emociones en público, para difundir reflexiones que aprendí a guardarme en el ámbito privado para no provocar estériles enfrentamientos personales y para canalizar el dolor o la frustración personal. Pero sobre todo, y tal vez lo más importante, este blog me ha servido para estructurar y dar forma a mis propias ideas, a mis intuiciones tras lecturas, conversaciones, experiencias vitales. Me ha servido para convertir los balbuceos intelectuales en algo parecido a una visión coherente del mundo desde una expresa posición ideológica. Cada año fui publicando menos posts, sí, pero cada uno de los que publicaba era mucho más relevante para mí porque significaba una (exigente) manera de estructurar alguna reflexión personal. El blog terminó por convertirse en una bitácora vital, un ancla moral, un filtro ético.

He elegido estos 20 posts, en este vigésimo aniversario del blog (ordenados cronológicamente), que al final de lo que hablan es de mí y de mi forma de pensar el mundo. Toca recordar lo escrito sobre política, cine, nuestra sociedad y, sobre todo, toca recordar lo escrito sobre mí, sobre lo que me ha ido pasando y he ido sintiendo, sobre mi forma de interpretar el mundo. 

1. Ya en 2006 los viajes exóticos entre los jóvenes urbanitas de mi generación suponían una exigencia social. Nunca, ni entonces ni ahora, he soportado el postureo asociado a esos viajes existencialistas ni la ridícula construcción de una imagen personal a partir de ese simulacro narcisista de diferenciación social que el viajero (nunca turista, no lo ofendas) intenta construirse.

La hipócrita moda de viajar 

"Se trata de viajar siempre que uno pueda, irse a dónde sea. Quedarse en casa es de tontos, de pobres. Sólo se queda uno en casa si no puede evitarlo. Da igual si existe motivación de algún tipo para ese viaje, si hay algo de real interés salvo el del mismo hecho de viajar. Y, por supuesto, después, contarlo a la vuelta. Mediante imágenes. Cientos a ser posible." 

2. Siempre he pensado que resulta realmente útil interpretar el momento social a partir de "lo generacional". Por nacimiento, pertenezco a la generación X pero siempre preferí la alternativa que se acuñó en España durante la primera década del siglo XXI: generación mileurista. Definía perfectamente la hostia que se llevaron muchos cuando salieron de sus burbujas familiares y universitarias y el mercado laboral los recibió con entusiasmo, deseoso de mostrarles para qué los quería, deseoso de explotarles laboralmente al tiempo que los convertían en los gilipollas ideales a los que encasquetar hipotecas demenciales.

Ahora que los millennials se han hecho mayores y que la generación Z desprecia a todo el que tenga menos de 30 años llamándolo despectivamente boomer cuando intenta advertir a los jóvenes de su deriva adanista, resulta trascendente recordar (esto lo escribí en 2006) cómo mi generación asumió con docilidad el mundo que nuestros mayores nos habían construido.

En 2 posts:

Mileuristas, la generación sin voz (1)

Mileuristas, la generación sin voz (2) 

"Los mileuristas [...] no existen para nadie. Y sobre todo no existen para ellos mismos. Como miembros de una tribu o secta se reconocen entre ellos mediante el sentimentalismo, la nostalgia y la televisión. Pero no forman grupos de presión ni de ideas. Tal vez su rasgo distintivo en ese sentido sea su pasión por las ONG´s y lo políticamente correcto."

"Asustados y molestos descubrieron que el mundo real no era el previsto en sus planes: no iban a ganar dinero rápido, no iban a mejorar las vidas de sus padres, no podrían cambiar el mundo, no se iban a poder independizar con rapidez porque no tenían ni siquiera desarrollados los instrumentos necesarios para valerse en soledad y encima la vivienda, gracias a la especulación de la generación de sus padres, se había convertido en un escollo inexpugnable." 

3. Solo desde la inconsciencia adultescente uno publica este  tipo de  posts sobre "estética de cine" y cree que está escribiendo algo serio. Pero releo este texto, escrito en 2007, seguramente el más largo y trabajado de los 15 años del blog y, más allá de matices y afirmaciones que no haría con igual contundencia hoy, no me provoca bochorno alguno. Al contrario, rezuma mucho de mi amor al cine y mucho de lo que sigo defendiendo hoy día sobre cómo interpretarlo, disfrutarlo y valorarlo.

En 5 posts (y cada película que menciono sigo pensando hoy que es extraordinaria):

Sobre la estética de cine. Orígenes. Lumière. Mèlies

Sobre la estética de cine. Hawks. Expresionismo: Murnau. Ford

Sobre la estética de cine. Johnny Guitar y Alemania año cero. Nouvelle vague. Peckinpah. Scorsese

Sobre la estética de cine. Blade Runner. Dogma. Tarantino

Sobre la estética de cine. Kill Bill. Sin City y 300. Conclusiones

"El Gabinete del doctor Caligari es una de las experiencias estéticas más poderosas jamás realizadas en el cine. Durante 62 minutos la realidad como tal desaparece, siendo sustituida por nuestros miedos y pasiones más ocultas. Pensamientos y deseos subconscientes que son reflejados mediante unos decorados y una puesta en escena que trasladan intensamente la pulsiones de los personajes en una terrible historia de sexo, poder y locura" 

4. Desde 2002 (cuando me vine a vivir a Madrid) y durante más de una década ver el fútbol en bares hizo que se fuera cimentando una extraña conexión con un grupo de desconocidos que solo se hacían carne cada sábado o domingo por la tarde en aquel bar (hoy ya cerrado) que hacía frontera entre La Latina y Lavapiés. Mientras yo disfrutaba de Zidane, Madrid me convertía en uno de los suyos. Ahora que disfruto del fútbol en casa con máxima calidad y televisión de 55 pulgadas, todavía siento un pellizco de nostalgia cuando paso por delante de aquel bar y rememoro los nervios antes de entrar, la tensión por encontrar un sitio adecuado para ver el partido, las conversaciones banales, la revista dominical que llevaba para evitar conversaciones en el descanso, el Aquarius de la primera parte y el White Label solo con hielo en vaso de tubo de la segunda...

En dos posts:

Historias de fútbol (1)

Historias de fútbol (2)

"Más de seis años viendo fútbol de manera periódica en este bar, sin amigos que perturben, dan para mucho. Sirve incluso para estudiar nuestro comportamiento social, cómo funcionamos en grupo e individualmente. Para generar complicidades extrañas con personas que por motivos diversos también acuden al bar en soledad a ver a su equipo, y con los que basta un saludo con la mirada o una palabra suelta para que poco a poco vayan convirtiéndose en personajes necesarios que interpretan su papel en el plató en el que se desarrolla este ritual semanal." 

5. En el verano de 2012, cuando en España la crisis social, económica, política e institucional llegaba a su punto más alto y mi familia se rompía en mil pedazos por el puto cáncer que terminaría matando a mi hermana Mari, escribí este post. Tal vez es uno de los que más satisfecho me siento. De manera ácida y dura pero de forma (creo) lúcida, radiografiaba de nuevo a la generación mileurista, a la generación X, exponiendo nuestro fracaso, nuestra derrota vital.

Mileuristas, cuando éramos tan felices

"Éramos vistos con simpatía condescendiente por nuestros mayores y, aunque superficialmente rebeldes, seguimos dócilmente los caminos previamente abiertos por ellos, sin aportar casi nada propio, sin desenmascarar ninguna de las mentiras sobre las que se construyó la España democrática. Casi nadie se escapó fuera del redil. Recibíamos continuos elogios por nuestra formación pero eso, sospechosamente, no se iba traduciendo en una mejora de nuestras condiciones laborales."

"Ejercíamos de niñatos porque era lo que mejor sabíamos hacer y porque, en el fondo, nadie quería ni esperaba que hiciésemos otra cosa"

6. Y en ese mismo verano de 2012, el 9 de septiembre, fallecía mi hermana Mari por culpa de una leucemia que se la llevó en poco más de un mes. De aquel desastre sentimental rescato este post que me rompe cada vez que lo releo: su hijo de 6 años, mi sobrino Ale, lloraba exigiendo ver a su madre. 

Lágrimas

"El niño sigue llorando, nada parece consolarlo, cierra con fuerza sus ojos y balbucea desesperado, mientras incrementa su sollozo: “¡pues es que yo no la veo, yo quiero ver a mi mamá!”. Lágrimas como puños recorren su carita enrojecida."

7. Estamos en 2013 y en este post reivindicaba algo que me obsesiona desde siempre: la coherencia. Intentar que lo que se hace no se aleje mucho de lo que se dice defender que se debe hacer. Me provocan un enorme hastío el victimismo y la búsqueda de comprensión de los que intentan desligar su discurso social y político de las decisiones vitales que terminan definiendo realmente sus vidas (y las de sus hijos).

Elogio de la coherencia

"No somos socialmente ni lo que pensamos ni lo que decimos pero sí terminamos siendo lo que hacemos."

8. Lo escribí en 2013 y no solo sigo pensando lo mismo que cuando lo publiqué sino que pienso que me quedé corto en lo que denunciaba: la exigencia de una formación continua, de una formación "para toda la vida", es uno de los grandes fraudes de nuestras vidas modernas. Desconfía siempre del que la defienda y del que pretenda normalizarla. Este es otro de los posts que he escrito que considero plenamente vigentes.

La cara oculta de la formación continua

"Más allá de una élite cultural y empresarial que cree haber encontrado la piedra filosofal en una formación continua cuya gestión detenta con mano de hierro, existe una enorme masa ciudadana desconcertada, desorientada, perpetuamente enganchada a una formación permanente que siempre parece que la forma para algo que ya se ha quedado inmediatamente anticuado o que hay inmediatamente que reciclar. Mediante más formación de pago, por supuesto."

"No podemos estar estudiando toda la vida con la soga al cuello, no podemos estar formándonos para siempre bajo presión, no podemos utilizar el escaso tiempo libre del que disponemos para seguir estudiando solo aquello que nos digan que resulta útil para posicionarnos en un mercado laboral que nunca parece tener espacio para todos." 

9. Mientras leía sobre Keynes y Hayek, aparecía Enguita, el "experto" educativo, el de las hiperaulas a 100.000 euros (de dinero público) para defender en Twitter la selección privada de docentes (con dinero público). El post salió solo: el funcionario liberal, ese tipo.

El funcionario escindido: otro tonto útil

"Muchos de los que elaboran el discurso contra el Estado, de los que abogan por su reducción, de los que defienden la eliminación de funcionarios de bajo nivel y la pérdida de derechos laborales suelen pertenecer a una casta particular dentro de la función pública que, sintiéndose a salvo de los recortes y sabiéndose económicamente fuertes para soportar ciertas reducciones salariales (que compensan con jugosas prebendas paralelas del sector privado), construyen un discurso maniqueo desde sus castillos de cristal, ajenos a las necesidades reales de sus conciudadanos y a su sufrimiento, jugando a ser científicos a partir de principios económicos ideologizados." 

10. En 2013 mi madre cumplía 70 años mientras se fraguaba la siguiente tormenta familiar. La que nos convertiría en un erial emocional. Pero aquí tocaba homenajear a una mujer, mi madre, realmente especial: una luchadora vitalista, una survivor, siempre dispuesta a sonreír y disfrutar de la vida a pesar de las hostias brutales que esta le iba propinando.

1943-2013: 70 años 

"Yo le debo todo. Nada tengo que echarle en cara. Siempre fui capaz de comprender y controlar sus defectos. De entenderla. Siempre supe cómo encontrarla, cómo provocar su risa. Cómo demostrarle mi cariño. De pocas cosas me siento más orgulloso que de conseguir hacerla reír. De conseguir que escape por un momento de una realidad encorsetada."

11. Nunca me he sentido cómodo con la nostalgia azucarada pero he aprendido a disfrutar de la memoria sin que ello me obligue a asumir esclavitudes relacionales. Este post habla de aquellos amigos, de mis amigos adolescentes, de aquella adolescencia que acabó tardíamente cuando me fui a Tenerife, ya con 22 años. Con este relato en primera persona de cuando fuimos futbolistas de aquel Cubata Mecánico que (casi) siempre perdía mientras mis amigos se convertían en inmortales en mi memoria, intentaba darles el homenaje que se merecen.

Historias del Cubata Mecánico

"Pocas veces se vio un equipo de fútbol en ninguna competición tan apasionado como el nuestro, tan emocional, tan comprometido y tan, tan, tan terriblemente malo. Joder, qué malos éramos. Desde un portero con miedo al balón hasta un tipo que se marcaba solo regateando siempre hacia la banda hasta cerrarse el espacio. Desde un mediocentro defensivo que poco barría hasta defensas hermanos con tendencias depresivas. Desde un tipo tan delgado que carecía de fuerza para proteger un balón hasta un delantero con ínfulas que tenía miedo a golpear con fuerza el balón." 

12. Creo que nadie ha profundizado suficientemente en ello, pero la irrupción de Podemos fue trascendental para mi generación, la generación X, y no se podrá construir nuestro relato generacional sin analizar lo que significó su nacimiento. No importa que hoy ni siquiera te permitas recordarlo pero, por fin, una ventana política se abría para una generación, la nuestra, destinada a la irrelevancia. Corría el año 2014.

La generación mileurista comienza a salir de la habitación oscura 

"Los mileuristas [...] están, finalmente, dispuestos a presentar batalla política contra los viejos poderes y las castas corruptas justo cuando parecía que la historia se los tragaría y su papel político y social terminaría siendo irrelevante. Habrá que esperar para ver su evolución pero los zombis mileuristas parecen despertar de nuevo a la vida." 

13. Estábamos en 2017 y se cumplían 5 años de la muerte de mi hermana Mari debido al #PutoCáncer. No recuerdo haber escrito, de manera planificada, un post más triste y más amargo que este. El blog seguía sirviendo para catalizar mis emociones. 

5 años, un recuerdo y un beso 

"Compré de manera voluntaria el último pasaje disponible para el tren del terror. Entré en una habitación en la que mi hermana Mari, la decidida, la valiente, la vitalista, era ya puro hueso, un pajarillo tembloroso con sus manos aferradas desesperadamente a las de sus hermanas..."

14. Es una realidad. Jodida pero no por eso menos cierta: a través de sus altavoces mediáticos han conseguido que las huelgas (cualquier huelga) de los trabajadores se conviertan en el relato de los pobres ciudadanos que se ven afectados por sus consecuencias. El precariado ha asumido que no existe como colectivo laboral sin entender que eso lo incapacita para conseguir mejoras laborales para todos. Es la consecuencia más dolorosa del narcisismo aspiracional de tres generaciones (la X, la millennial y la Z)

La huelga, esa piedra en el zapato del precariado

"El precariado (sobre)vive en un infierno diario pero no aspira a cambiar el sistema sino a triunfar en él. Ese infierno aspiracional es el motor de un sistema laboral en el que se soporta la explotación y la humillación de empresarios indecentes en silencio, pero luego se reprocha la lucha de otros que solo pretenden no soportar o no alcanzar ese grado de sordidez laboral."

15. Somos de izquierdas, claro, con nuestras contradicciones pero intentando sobrevivir siendo medianamente coherentes. Tal vez por eso nos resultan tan cargantes esos arrogantes apocalípticos de salón cuyos discursos extremistas nunca encuentran lógica correspondencia con sus vidas pijoprogres, dócilmente sometidas a convenciones sociales establecidas.

El apocalíptico integrado: una historia de la izquierda 

"Incapaces ya de vislumbrar esa implosión capitalista que predijeran Marx o Rosa Luxemburgo, ahora prefieren especular con un próximo colapso climático, con una naturaleza implacable que vendrá remediar nuestra incapacidad revolucionaria, una naturaleza esquilmada que derrotará al capitalismo a través de una crisis ecológica que la arrogante ciencia humana no será capaz ya de contener."

16. En 2002 mi hermana Mercedes murió debido al #PutoCáncer. 18 años después me permitía transcribir en el blog algo de lo que había escrito unos meses después de su muerte en uno de aquellos cuadernos azules que por aquel entonces utilizaba como diarios.

17 de julio. 18 años después

"Nada es igual, pero todo lo parece. Solo en ciertos días como el de hoy, en ciertos momentos, aparecen de la nada las ausencias. Y arrasan con todo. El resto del tiempo todo parece avanzar como siempre. Aunque es mentira, claro. Todo es diferente, como es diferente hablar en pasado de vosotros"

17. De manera intempestiva, en marzo de 2023, se moría mi buen amigo Fernando Fanjul  debido a un #PutoCáncer repentino que arrasó con él en unos pocos meses. Este post fue mi homenaje y mi recuerdo a un tipo maravilloso.

Ha muerto un profesor. He perdido un amigo

"Fernando era pura vida. Durante cada minuto de cada día transmitía un ansia irrefrenable por gozar con todo lo que hacía, ya fuera dar clases, disfrutar de los comics, del amor de las mujeres a las que tanto quiso o tocar esa bendita batería que tantas horas de pasión y alegría le brindó con cada uno de los grupos en los que estuvo. Fernando irradiaba felicidad, entusiasmo y frenesí vital. Fernando era un torrente de vida que nadie podía controlar, ni siquiera él mismo."

18. El blog también me ha servido para asumir por escrito, ya sin posibilidad de autoengaño, ciertas mutaciones personales que no siempre quise aceptar. El tiempo nos pasa factura a todos y aunque tengo claro que cambiar forma parte de un proceso vital sano, a veces, solo a veces, echo de menos lo que he dejado por el camino.

A veces me echo de menos

"Hablar, discutir, conversar, reír, encabronar, encabronarme, refutar, volver a hacer todo eso, otra tarde o noche más, hasta la madrugada... Hasta que, casi sin darme cuenta, el tiempo lo desgastó todo."

"A veces me echo menos. Sin dramas. Igual solo les echo de menos a ellos. A los que eran entonces. A los que éramos todos nosotros entonces. A los que ya no están."

19. En diciembre de 2023 se moría mi hermano Juanma debido al #PutoCáncer. Unos días después escribía este post. Juanma fue muy importante para mí pero, de alguna manera, se nos había ido de nuestras vidas hacía ya mucho tiempo y yo necesitaba empezar a explicar(me) el significado de su ausencia en mi vida.

Perdido en su laberinto

"Jamás podría explicar la construcción de mi yo adulto sin ti, sin tu presencia, tu influencia, tus conversaciones y tu guía. He pensado mucho en ello últimamente, cada vez que me quedaba solo, o justo antes de dormir, o cuando terminaba de hablar con alguno de los hermanos y la angustia colonizaba mi cabeza. Rememoro conversaciones, momentos, situaciones, risas, anécdotas que vivimos juntos, siempre con alcohol mediante, qué remedio, pero me sigue pareciendo un milagro lo que me regalaste: apenas con 18 años, absolutamente asfixiado con la vida familiar y completamente hambriento de una cultura a la que no lograba acceder, tú decidiste tratarme como el protoadulto que yo quería ser, sin la habitual prepotencia de los hermanos mayores, y alimentaste paciente y cariñosamente mis ansias de literatura, cine, política, filosofía..."

"Da igual, pienso en mis gustos cinematográficos, literarios o en mi atención desmesurada a los medios de comunicación y, lo quiera o no, resuenas con extraordinaria fuerza en cada una de mis obsesiones. Al final, soy quien soy por haber un día caminado detrás de ti, por haber caminado más tarde a tu lado y, finalmente, por haber decidido dejarte solo en tu camino."

20. No puede ser más justo terminar esta recopilación con este post que escribí cuando se cumplía el primer aniversario de la muerte de mi madre tras unos años terribles de padecimiento debido al Alzheimer. Por fin, un año después de su muerte, podía escribir sobre ella tan solo para recordarme lo mucho que la sigo echando de menos.

Te sigo echando de menos

"Echo de menos tu voz, mamá. Echo de menos tu risa, echo de menos tu verborrea continua, tu apoyo incondicional a cada paso que di. Echo de menos tus besos, cómo echo de menos tus besos, esa ráfaga de amor que convertía en eternos esos segundos en los que tus labios parecían ser incapaces de separarse de mi mejilla. Echo de menos no poder reposar una vez más, como tantas veces desde niño, mi cabeza en tu pecho para olvidarme de todo durante unos instantes mientras acariciabas mi pelo suavemente."