El problema es que Orwell está ya tan manoseado, citado y manipulado que ha perdido capacidad de impacto. Además en el fondo, el desarrollo tecnológico está superando claramente las posibilidades y el tipo de control que Orwell planteaba. La sociedad de control no es tan política como potencialmente comercial y económica. Tal vez moral. Casi me empieza a parecer más acertada la visión drogadicta, alucinógena y desquiciada de Philip K. Dick. Spielberg recogió muy bien el espíritu de su obra en la minusvalorada y nada desdeñable Minority Report: Control. Control total. En democracias no totalitarias y bajo regímenes amables. Por motivos lógicos, estadísticos, económicos, de salud... Metro de Madrid anuncia la mejora en el sistema de conteo de viajeros. Ya no basta con conocer el número de usuarios que se mete en el suburbano, hay que saber dónde van en cada momento y en qué líneas se meten. Ya no basta con torniquetes, se colocarán cámaras cenitales con las que se podrá ver qué líneas toman. Así, dicen con candor, se podrá conocer mejor las necesidades de cada línea, se podrá gestionar con mayor eficacia el número de trenes necesario para cada momento y el usuario saldrá beneficiado con un mejor servicio. Y un cuerno. Cualquier madrileño que coja el metro sabe a la perfección qué líneas y a qué hora presentan terribles y agotadoras aglomeraciones. Y nadie le explica con claridad a una población estresada y trabajadora, sin tiempo para reflexionar, los costes de privacidad que suponen estas mejoras. Es más útil atontarlos con la parafernalia de los nuevos juguetitos tecnológicos, que les enseñan y les muestran como importantes avances sociales cuando en realidad sólo sirven para tenerlos a todos más estudiados, más controlados, con menos posibilidades de improvisar o ser espontáneos.22 octubre 2006
Control
El problema es que Orwell está ya tan manoseado, citado y manipulado que ha perdido capacidad de impacto. Además en el fondo, el desarrollo tecnológico está superando claramente las posibilidades y el tipo de control que Orwell planteaba. La sociedad de control no es tan política como potencialmente comercial y económica. Tal vez moral. Casi me empieza a parecer más acertada la visión drogadicta, alucinógena y desquiciada de Philip K. Dick. Spielberg recogió muy bien el espíritu de su obra en la minusvalorada y nada desdeñable Minority Report: Control. Control total. En democracias no totalitarias y bajo regímenes amables. Por motivos lógicos, estadísticos, económicos, de salud... Metro de Madrid anuncia la mejora en el sistema de conteo de viajeros. Ya no basta con conocer el número de usuarios que se mete en el suburbano, hay que saber dónde van en cada momento y en qué líneas se meten. Ya no basta con torniquetes, se colocarán cámaras cenitales con las que se podrá ver qué líneas toman. Así, dicen con candor, se podrá conocer mejor las necesidades de cada línea, se podrá gestionar con mayor eficacia el número de trenes necesario para cada momento y el usuario saldrá beneficiado con un mejor servicio. Y un cuerno. Cualquier madrileño que coja el metro sabe a la perfección qué líneas y a qué hora presentan terribles y agotadoras aglomeraciones. Y nadie le explica con claridad a una población estresada y trabajadora, sin tiempo para reflexionar, los costes de privacidad que suponen estas mejoras. Es más útil atontarlos con la parafernalia de los nuevos juguetitos tecnológicos, que les enseñan y les muestran como importantes avances sociales cuando en realidad sólo sirven para tenerlos a todos más estudiados, más controlados, con menos posibilidades de improvisar o ser espontáneos.
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