Mostrando entradas con la etiqueta Medios de comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Medios de comunicación. Mostrar todas las entradas

23 mayo 2011

¿Cómo han contado las televisiones el 15M?

La reflexión y los ejemplos, como indica el título del post, los limitaré prácticamente al ámbito de la televisión, uno de los medios que hasta hace muy poco ha sido indiscutiblemente el canal clave de la información que llegaba a los ciudadanos, ejerciendo un papel preponderante en la conformación de la opinión pública de las sociedades occidentales. Este rol lleva años siendo discutido en ambientes académicos debido al imparable ascenso de Internet y la influencia de las redes sociales, pero no este hecho no debe ser sólo achacable al papel de las nuevas tecnologías, la inmediatez que permiten y la pluralidad de voces que aportan, sino por el propio suicidio de un medio anquilosado en formas de informar, opinar y entretener de otro siglo, que aún pretende mantener encadenado a un receptor pasivo al que se le ofrecen periódicamente unas mínimas novedades que simulan interactividad sin serlo, que sólo sirven para ahondar más la brecha entre las demandas de uno y la oferta del otro.

Si nos limitamos al papel esencialmente informativo de los medios televisivos como servicio público (que también lo son, aunque cada vez cueste más reconocerlos como tal), hay que poner encima de la mesa la agotada e infausta fórmula tertuliana. Ya hace varios años que en los medios audiovisuales españoles se adoptó el formato de tertulias como forma de análisis de las principales noticias del día, convirtiéndose en paradigma informativo. En ellas, periodistas y supuestos expertos, que en la gran mayoría de casos carecen de suficiente formación para poder opinar debido a la amplitud de lo tratado, se han terminado convirtiendo en una voz que distorsiona de manera partidista la realidad para acomodarla torticeramente a sus intereses. Estos intereses ni siquiera son ideológicos, sino que están directamente relacionados con su supervivencia mediática en el difícil escenario periodístico actual: actúan como portavoces cuasioficiales del partido que apoyan, una vez que han filtrado dicho interés por el mucho más trascendente de la empresa matriz propietaria del medio en cuestión. Estamos hablando de ese grupo de periodistas que transita de la mañana a la noche por diferentes medios, repitiendo cuatro ideas en voz de grito. Esos a los que hace unos años definí como megatertulianos, cuyo modelo de análisis de la realidad social toma cada vez más elementos de la telebasura, con el objetivo de espectacularizar los supuestos conflictos entre ellos mismos y con las propuestas políticas de turno, convirtiendo las discusiones y los monólogos en ejercicios de expresión agria, soez, insultante y en ocasiones rayanos en la indecencia moral. Un caso que ejemplifica esto último sucedió hace ya un tiempo en la tertulia de El Gato al Agua, en Intereconomia. El impresentable (no se le puede calificar de otra manera) es Eduardo García Serrano, tertuliano y presentador de informativos de la cadena, y sirve como ejemplo de lo que se puede llegar a decir impunemente en las televisiones españolas una vez que se manipula la información y se convierte en propaganda:


A pesar del evidente agotamiento de la fórmula tertuliana como método para analizar la sociedad, los últimos años se caracterizan por la proliferación increíble de este fenómeno, que en lugar de aportar datos y opinión mesurada y reflexiva para que los ciudadanos puedan hacerse su propia composición de las más importantes noticias diarias, se utilizan para inducir estados de ánimo incendiarios y agresivos, en un peligroso juego que acerca a estas tertulias a la telebasura del corazón, con el agravante de ofrecer munición a muchos ciudadanos que confían en la verdad de lo que estos “acreditados periodistas” cuentan. No olvidemos la fuerza que aún tienen afirmaciones como “lo he visto en televisión” o “lo he escuchado en la radio”.

Como ya comenté en el anterior post, los medios audiovisuales ignoraron casi por completo la manifestación del 15 de Mayo en la que los participantes intentaron hacer patente su rechazo a la putrefacción del sistema. El seguimiento de lo que iba sucediendo durante el domingo 15 de mayo y el lunes 16 de mayo en estos medios sirve para entender por qué en España durante los últimos años muchas de las justas reclamaciones sociales de tantos colectivos han pasado inadvertidas por la falta de atención mediática. Las distintas empresas multimedia que controlan dichos medios están mucho más preocupadas por obtener beneficios de sus negocios, imponer su propia agenda informativa al servicio de los partidos que los financian mediante publicidad institucional y no molestar a los poderes financieros con los que han establecido oscuras alianzas (como ya intenté poner encima de la mesa en este otro artículo) que por aportar información veraz sobre los problemas sociales que deberían preocupar a los ciudadanos. Aparecieron minúsculas entrevistas editadas, declaraciones pintorescas y, algunos átomos de información fragmentaria que era imposible contextualizar y dimensionar. Rápidamente se intentó presentar la movilización ciudadana como un fenómeno mayoritariamente juvenil, para así por un lado alegrarse cínicamente de que los jóvenes dieran alguna muestra de indignación y contestación social, pero también al mismo tiempo poder presentar estas movilizaciones como un juego de niños sin mayor trascendencia. Cuando la policía, por orden la Delegación de Gobierno de Madrid, desalojó la acampada de la Puerta del Sol en la madrugada del 17 de mayo, pocas voces críticas se alzaron en los programas informativos de las televisiones. El asunto estaba ya finiquitado. Podían volver a su mundo. Ese mundo de campañas políticas que no interesan a nadie, donde los políticos no dicen nada, los programas se ocultan tras consignas vacías y los expertos periodistas siguen dando por hecho que la ciudadanía sólo se informará mayoritariamente a través de ellos, por lo que pueden seguir retorciendo la realidad a su antojo sin que nadie les pueda poner en su sitio. Esta vez erraron. Gravemente. La primera crítica se le podría hacer a RTVE, sufragada mediante los impuestos de los ciudadanos y en cuya radio se permitieron hacer chanzas costa de las ilusiones de cambio de algunos de esos mismos ciudadanos, atreviéndose incluso a etiquetarlos jocosamente. Entonces llegó Cristina, de Burgos, una oyente de RNE que enrabietada por el desdén y la profunda falta de respeto de unos tertulianos que hablaban sobre el desalojo de la acampada en el programa En días como hoy, llamó para intervenir y (re)apropiarse durante de unos minutos de la frecuencia de la cadena, del canal de comunicación ciudadana que debieran ser los medios públicos. La intervención de Cristina rápidamente se convirtió en un poderoso viral en la red, una manera de intentar explicar a los amigos, a la familia y a los cercanos porque esta vez sí, porque no nos podíamos dejar de pisotear de nuevo:


A partir del miércoles 17 de mayo los medios y los políticos ya no podían obviar lo que sucedía. Las plazas de muchas ciudades se convirtieron en un foco de contestación y de rebeldía. La Puerta del Sol en Madrid vivió una concentración multitudinaria y espontánea por la noche, como protesta al desalojo de los acampados y para seguir expresando su repulsa ante la situación económica y política del país. Pero una cosa era dar información y otra cosa dejar de lado las viejas costumbres. En las plazas los gritos contra la manipulación de los medios se multiplicaban ante la sorpresa y el malestar de los mismos, que siguen pretendiendo ejercer el rol de informadores independientes. Comenzaron por dar la mínima información posible y continuaron intentando convertir las concentraciones en dramas humanos muy del gusto de la banal telerrealidad con la que suelen rellenar sus parrillas. Pero se encontraron un problema: la gente, de repente, lo que quería era hablar de política, en serio. Discrepando, discutiendo, proponiendo, debatiendo… Querían que se hablara de Política con mayúsculas, en España. Por fin. Sucedió una cosa curiosa. No fueron las televisiones que en principio podría considerarse ideológicamente cercanas a las tesis propuestas por los concentrados las que empezaron a cubrir continuamente el que ha sido el fenómeno social más importante de los últimos años. TVE ha ninguneado lo que sucedía tanto en Madrid como en el resto de España (tal vez las críticas de los manifestantes al PSOE y sus políticas liberales de recorte social podrían tener algo que ver con esta pobre cobertura). Antena3 y Tele5 han continuado con su modelo de televisión de entretenimiento vacuo y alienante (como se trataba de un movimiento no violento, sin cadáveres que mostrar ni lágrimas que inducir no tenía cabida en ese modelo televisivo). Por otro lado este fenómeno social ha sido el primero que ha mostrado el daño a la pluralidad informativa que suponen las concentraciones de poder mediático. Esto se ha podido ver con el papel inane de Cuatro y la imposibilidad de información 24 horas al día que ofrecía CNN+. Uno de los casos más curiosos (y que en el futuro habrá que analizar) es el de La Sexta. Con tres canales a su disposición que rellena con series y reportajes varios que se repiten hasta el hastío, la cadena no ha encontrado hueco en su parrilla para hacer un seguimiento al minuto de las concentraciones. Sólo la noche del viernes 19 de mayo dedicó un par de horas al análisis político (dentro del marco tertuliano diario que tiene) de las protestas, mientras ofrecía imágenes en directo de Madrid y Barcelona. Esta  extraordinariamente pobre cobertura informativa fue, paradójicamente, fue muy celebrada en las redes sociales, en lo que es una muestra más de la falta de representatividad de un extenso segmento social en los medios actuales y lo poco con lo que se conforma.

Una vez hecho este recorrido por la nada informativa podría parecer que en la televisión nadie ha informado seriamente y de manera continua sobre el asunto. No es verdad. Ha habido una cadena que lo ha hecho. De hecho se ha volcado. Intereconomia, la cadena de más orientada a la derecha en espectro ideológico televisivo, ha permitido a los ciudadanos asistir al fenómeno social de la Puerta del Sol de manera constante. Otra cosa a discutir sería el enfoque sesgado que ha dado a su información y el nivel intelectual y moral de las opiniones vertidas en sus programas. Aunque inicialmente trataron  de interpretar el fenómeno social del 15M como una rebelión contra el Gobierno de Zapatero y por tanto algunos de sus tertulianos intentaron adoptar como propias algunas de las reivindicaciones que se escuchaban, las horas y los días fueron pasando y la farsa no pudo continuar. Los jóvenes que estaban en esas asambleas, las propuestas críticas con el neoliberalismo que se escuchaban, y la crítica feroz tanto al PP (además de al PSOE) como a la propia cadena por parte de los concentrados, hizo que poco a poco se girara la posición de ésta hasta acabar sin vergüenza alguna manipulando, criticando y desprestigiando a aquellos que participaban en las acampadas. Sin pudor, sus tertulianos y presentadores hablaban despectivamente de su aspecto, sus vestimentas o de las (infundadas) ansias de fiesta y alcohol que en cualquier momento estallarían convirtiendo las concentraciones en megabotellones incontrolables. Dio igual que la realidad tozuda les viniera mostrar cada día el pulcro civismo y autocontrol de los asistentes. Cuando uno se acostumbra a imprimir la mentira resulta complicado atender a estrictamente a la realidad. Se mofaron de manera rastrera de los concentrados calificándolos de perroflautas o  chusma, al tiempo que nos dejaban impagables piezas de periodismo amateur como esta entrevista manipulada con un supuesto asistente a las concentraciones de Barcelona, donde el discurso del "ciudadano anónimo" parece previamente preparado (como se observa al leer los labios de la reportera recitando lo que dice su entrevistado entre los segundos 40 y 50 del siguiente video)


Otra televisión pública como es Telemadrid apenas ha hecho una mínima cobertura de estas concentraciones de protesta, que superan en número y en relevancia social a otras a las que ha dedicado horas y horas en directo dentro de su programación, y que servían como punta de lanza contra las políticas del Gobierno socialista de Zapatero ya que  representaban al espectro ideológico que permite gobernar con mayoría absoluta a Esperanza Aguirre en Madrid. Aquí tenemos un ejemplo de lo que, según un comentarista del informativo nocturno de Telemadrid, se podría hacer con los manifestantes madrileños debido a su escaso (según él y faltando a la verdad conscientemente) número:


Hay que reseñar también las muchas horas de debate y conexiones en directo dedicadas a este asunto en Veo7, la televisión del grupo editor de El Mundo, donde el inefable Carlos Costa, ejerciendo de imposible moderador, interrumpía constantemente a los tertulianos que se atrevían a defender algún aspecto de las peticiones de los concentrados mientras que, siguiendo al dictado el espíritu de su grupo mediático, intentaba sembrar dudas en su audiencia sobre los “oscuros” inductores reales de este movimiento social:


Por último no se puede dejar de señalar las surrealistas contribuciones de Libertad Digital a enmarañar aún más la posibilidad de comprensión de los ciudadanos, como se puede escuchar en esta muestra de intuición conspiranoica de César Vidal:


Es evidente que estas movilizaciones han cogido desprevenidos a políticos y periodistas, que fueron incapaces durante varios días de entender las claves del fenómeno, intentando torpemente contextualizarlo dentro del viejo modelo explicativo de “estás conmigo o contra mí”. Con el paso de los días se hizo patente que éste era un fenómeno social contestario y plural que se alimentaba de una profunda desafección de la población en general hacia la clase política y los poderes financieros, que de manera conjunta han sumido a España en una crisis social cuyo origen nunca estuvo en la clase trabajadora pero cuyas consecuencias están destrozando la vida de miles de familias cada día. Esta idea, que se ha hecho muy fuerte en el imaginario colectivo español, permitió que más allá de partidos y medios, gente muy diversa simpatizara con la indignación general que transpiraban estas manifestaciones populares. Los medios y los políticos no han sabido canalizar este grito de angustia y rebelión del pueblo porque son conscientes de que escucharlo significaría cambiar las estructuras de poder que posibilitan su propia supervivencia. Con el paso de los días ya no se les puede achacar falta de comprensión del fenómeno sino desinterés por colocarlo entre las prioridades de la agenda política y social. Las elecciones locales van a intentar ser utilizadas por el sistema para acallar y minimizar las voces de protesta. Se ha dado la paradoja que tanto participar en ellas como no hacerlo iba a servir en todo caso para que los indignados perdieran relevancia social, puesto que la pretendida legitimidad de los vencedores de las mismas intentará ser utilizada ahora en contra de los que precisamente explican que no se sienten representados por el modelo político actual. Este tipo de argumentos permitirá expulsar a los indignados del sistema y llevarlos a sus arrabales para que allí, ninguneados, perdiendo fuerza por su invisibilidad y por la rutina, cometan algún error programático (o terminen provocando algún conato de violencia) para entonces volverlos a llevar al primer plano y destrozar sus restos frente a la audiencia.

Esto sería lo previsible. Lo que se pretenderá hacer. Lo que las ecuaciones de Matrix predicen que pasará. 

Pero a veces, pocas, las cosas no salen como parece que deberían salir…




22 marzo 2011

Los dueños de la información en la España actual

Este ensayo pretende profundizar en las relaciones que mantienen los dueños de las principales empresas de comunicación de nuestro país y analizar sus diversos intereses para intentar comprender la construcción de la realidad que hacen desde sus altavoces mediáticos. Pincha en el enlace para leerlo con mayor comodidad o para descargártelo.

Las redes de empresas multimedias locales

08 marzo 2011

Los otros cinco poderes mediáticos españoles

Pincha en las fotos y podrás acceder a los conglomerados de esas otras empresas de medios en España, aún más desconocidas para el gran público que las grandes que estudiamos en el post anterior

06 marzo 2011

Los cinco grandes poderes mediáticos españoles

Pincha en cada una de las fotos para ver el conglomerado mediático de cada una de las empresas red multimedia españolas





01 septiembre 2010

El suicidio de la SER (y 2)

Una vez consumado el expediente a Paco y la suspensión de empleo y sueldo (que la final sería despido) internet fue un hervidero de información. Yo no había visto nunca nada parecido respecto a un evento como éste, en principio menor. El periodista, convertido en noticia, comenzó a ser objetivo de confidenciales y carne de redes sociales como Facebook y Twiter. Por un lado en Facebook se abrieron al menos una decena de página para apoyar a Paco y, ya de paso, despotricar contra Anido y De la Morena (que pasaba por allí y sobre el que ya no se oculta la animadversión que sienten por él muchos de los que fueron sus fieles oyentes) hasta que la selección natural unió a casi todos los admiradores de Paco en una página de apoyo común que además de reforzar la sensación de desamparo por la pérdida de un amigo de las ondas, sirvió para que sus seguidores se organizaran y recogieran la información y los enlaces mediante los que nos informábamos casi hora a hora sobre cómo se desarrollaba la historia (antes incluso que las propias empresas radiofónicas pudiesen informar de manera oficial). Lo único parecido que había visto, aunque a pequeña escala, fue la retransmisión mediante Twiter (recogido pos algunos periódicos digitales) de los despidos de ese proyecto que nació fracasado que fue Factual y donde los periodistas, en ese interregno laboral en el que pertenecían a una empresa que había decidido mandarles a la calle de mala manera, recobraron parte del ímpetu sometido y narraron en primera persona sus reuniones con la persona que se encargaba de comunicarles su despido, utilizando el sarcasmo y la mala leche en sus descripciones.

Volviendo al tema de la SER hay que incidir también en el papel que jugó el Twiter personal de varios periodistas, ya que muchas de las informaciones (directamente o mediante alusiones) surgieron precisamente de gente como Juanma Castaño, Trecet o Pedrerol que por diferentes motivos se vieron con la libertad de contar detalles del culebrón. Los internautas en apoyo a Paco se autodenominaron “los limones” y consiguieron que mucha gente del equipo de Paco que seguían aún trabajando en la SER los citaran subrepticiamente, como un guiño privado de que apoyaban a su jefe, a pesar de los histéricos intentos de la dirección de la cadena por cortar ese tipo de muestras de apoyo (que por otro lado nos debería hacer reflexionar sobre el grado de sometimiento que vivimos bajo el yugo del sistema liberal , así como la poca práctica que se tiene a la hora de emitir opiniones libres, para que lo que no deja de ser casi un juego infantil en comparación con actuaciones similares en tiempos de guerra o dictaduras fuera jaleado con enorme excitación por los jóvenes seguidores de Facebook). Fue durante esos días cuando, en un movimiento penoso y patético, la SER llegó a cortar incluso los canales de comunicación habituales con sus oyentes en los siguientes carruseles o en su página web, y censuró las opiniones enviadas a otros programas de la cadena que recibían avalanchas de mensajes comentando el asunto.

Lo demás ya es conocido: Paco González empezó a deshojar la margarita, las ofertas llegaron desde todos los sitos posibles y, en mi opinión, su destino natural hubiera sido tal vez Onda Cero, pero al parecer sólo le ofrecían el puesto a él y a unos pocos más, Y Paco, arrastrado por la marea y en plan mesiánico seguía imponiendo como condición indispensable que todos aquellos miembros de su equipo que se quisieran marchar con él tenían que tener acomodo en su nuevo destino, reduciendo por fin las posibilidades a una única cadena, desesperada como estaba por recuperar relevancia, oyentes y anunciantes, por lo que en un nuevo golpe de timón como sólo los curas saben hacer y vender, la COPE echó sin contemplaciones a José Antonio Abellán (que era jefe de deportes de la cadena y único superviviente de la época dorada Losantiana) y abrazó sin complejos a unos periodistas con los que espera volver a triunfar.

¿Y por qué tal revuelo por unos periodistas que en principio son de un escalón menor en la profesión por ser deportivos? ¿A qué viene tanto jaleo, dirán algunos? Pues muy sencillo. El primer motivo es tal vez a priori el más importante: económico. Este movimiento tan brutal de profesionales de una radio a la competencia genera una incertidumbre en un sector que no se puede olvidar que vive de los anunciantes y, desde hace años, en permanente crisis. Se estima que el Carrusel, mientras estaba comandado por Paco González y Pepe Domingo Castaño, facturaba un treinta por ciento de la publicidad de la SER. Y eso es mucho, mucho dinero (no es casual que tanto en la SER como en la COPE abrieran el sábado sus programas deportivos haciendo una lista de manera orgullosa y ¿temerosa? de las empresas que seguían con ellos). Ahora todo el mundo esperará los primeros EGM (que, a pesar de que esté más que evidenciada su incapacidad para mostrar la realidad de las audiencias, sigue siendo el termómetro por el que se mueven los contratos publicitarios en la radio española) para comprobar quién es el ganador de esta cruenta batalla que puede dejar todavía muchos más cadáveres por el camino.

Hasta ahí el motivo económico. Muy importante, claro. Pero por sí mismo no lograría explicar la magnitud del ruido mediático montado. Hay otro motivo que para mí es fundamental: el sentimental, lo emocional. Parece que la SER ha minusvalorado la importancia de este motivo refugiada en su prepotencia y en su orgullo de marca. Le puede costar caro. La SER siempre se ha mostrado orgullosa de que los oyentes la elegían a ella por encima de sus estrellas: se fue Sarda y llego Nierga y La ventana continuó siendo líder, murió Llamas y llegó Barceló y Hora 25 siguió comandando las noches políticas radiofónicas; se fue Gabilondo (quizás la despedida que se esperaba mas traumática) y llegó Francino y la SER continuó liderando sin discusión las mañanas…. Podrían tener derecho a pensar que sin Paco y Pepe Domingo (¿y sin Lama?) la marca Carrusel continuará arrastrando a unos oyentes que seguirán fieles a la cadena que les da de comer ideológicamente. Viendo lo visto parecería que no les falta razón para pensarlo pero… Yo creo que se equivocan. No tienen en cuenta que estamos hablando básicamente de fútbol, y en este terreno el componente ideológico, tan importante en el mantenimiento de las audiencias en el resto de la programación, se diluye enormemente. Está más que demostrado que la pasión por el fútbol y su seguimiento no es racional, y desde luego mucho menos ideológico (en términos de trincheras, claor, si hablamos de lo del opio del pueblo y demás entraríamos en otra discusión...). Un ejemplo lo podría estudiar la SER investigando en su propia historia. La cadena de PRISA cedió el liderazgo en deportes durante muchos años después de que José María García abandonara la cadena a principios de los 80 para formar parte del ese proyecto que parecía imposible y terminó haciéndose realidad que fue Antena 3 radio, y durante más de una década lideró sin discusión las ondas deportivas hasta que la SER, tras una larga travesía del desierto, reinventó el modelo deportivo radiofónico y con una plantilla de jóvenes periodistas liderados por De la Morena y Paco González consiguió revertir la situación (ayudada por el antenicidio del 92, claro está). ¿Cómo lo consiguieron? Convenciendo a la audiencia de que el fútbol no era espacio para la ideología, ni para la política, que el periodismo deportivo tenía que abandonar el terreno de la denuncia y la investigación y centrarse en moldear los sueño y las pasiones, en ofrecer un espacio libre de tensiones al oyente, sólo discusiones artificiales y buen rollo, un Brigadoon sentimental donde encontrar noticias blancas y entrevistas hueras, donde evadirte de la realidad, emocionarte gratuitamente y no complicarte la vida. Y triunfaron. Apabullaron. Conectaron a la perfección con lo que demandaban las nuevas generaciones que ya en lo 90 estaban hartos de sus padres y de la vieja escuela, más huraña y guerrillera, que representaba un tremendamente gastado y desprestigiado García, y plantaron la semilla de lo que es hoy la enorme y profusa selva que significa en los medios el periodismo deportivo, ése que llena horas y horas de radio y televisión, páginas y páginas de periódicos tradicionales y digitales sin ofrecer apenas nada de información, jugando a un sensacionalismo light y derivando en una enorme y continua tertulia de forofos de bar que raya en demasiadas ocasiones lo impúdico.

Pero en este panorama putrefacto lo cierto es que Paco y Pepe Domingo consiguieron que su Carrusel apenas se viera contaminado por la enfermedad general. Evidentemente nunca mintieron y se atuvieron a la idea original: diversión, espectáculo y felicidad, sin complicaciones, pero año a año consiguieron que todos los que los escuchábamos los adoptáramos, los hiciéramos de la familia, perdonáramos sus defectos (qué pesado puede ser el Poli y que estridente Tomás Guasch) y valoráramos su evidentes virtudes (ritmo, pasión, entretenimiento…). Y con eso no se juega. Son de los nuestros y hablamos de fútbol. ¿Cuál sería la razón para que la audiencia no marchara tras ellos? La SER juega con la ventaja que le da el hecho de que finalmente hayan fichado por la COPE porque a cierto oyente le va a ser muy difícil sintonizar la radio de los curas y aguantar su línea editorial en los intermedios y previas de los programas. Ya veremos, yo por mi parte lo tengo claro: cuando empiece el próximo partido silenciaré el televisor, encenderé la radio, conectaré la COPE y escucharé el “hola, hola...” de Pepe Domingo. Sabré que estoy en casa.

31 agosto 2010

El suicidio de la SER (1)

Gracias Dani, por darme una excusa con la que volver

Apasionante. Es lo primero que se me ocurre para definir lo que ha sucedido este verano y ha terminado con el trasvase de casi cincuenta periodistas y colaboradores deportivos (a la espera de algún peso pesado más) desde la SER a la COPE. Apasionante para los que desde hace muchos años intentamos profundizar en las cloacas de los medios de comunicación para intentar descubrir rastros de verdad en aquello que nos cuentan. A estas alturas no voy a aburrir haciendo sólo una crónica de lo sucedido, es fácilmente rastreable por la red a partir de ese 12 de mayo en que los habituales del Carrusel de la SER descubríamos sorprendidos que Paco (González) no se encontraba al frente de su equipo para retransmitir la final europea de Atleti. Y nos descubríamos además tontamente estafados, desorientados, como si Paquito fuera uno de los nuestros, alguien que siempre iba a estar ahí, en la SER, haciéndonos pasar un rato divertido, y no un periodista a sueldo de una empresa periodística (como tantos) y sujeto como todos a la precaria estabilidad laboral y profesional que el mercado nos hace disfrutar. El enfrentamiento de Paco con Daniel Anido y otros jefecillos de la SER a cuento de cómo sería el  Carrusel del Mundial (impidiendo que el equipo se desplazara  en la primera fase al menos a Sudáfrica y obligándole a hacer un a gira por una serie de establecimientos de Carrefour para retransmitir los partidos de España) fue el detonante final para dinamitar una situación que era cada vez más insostenible y venía de mucho más atrás. El expediente a Paco, que lo apartaba temporalmente (hasta que fue definitivo) de su puesto de trabajo por presunta indisciplina no fue más que la última batalla de una guerra a tres bandas que de manera soterrada se había venido produciendo en Gran Vía 32, desde hacía mucho, mucho tiempo. Por un lado habría que hablar de la difícil relación de Paco (y en general del gran parte del equipo de Carrusel bajo la dirección de Paco) y De la Morena. Desde hacía muchos años era conocido el enfrentamiento entre las dos figuras del deporta en la SER. Los dos se sentían con fuerza, con las espaldas muy bien cubiertas por audiencias millonarias y, con el tiempo, sus relaciones se habían deteriorado hasta tal punto que parecían comandar dos equipos de deportes diferentes dentro de la misma cadena. Con los años lo que había sido un equipo joven y cohesionado que se hizo fuerte y solidario en el enfrentamiento titánico de mediados de los 90 con José María García, se empezó a hacer pedazos justo cuando sus estrellas tuvieron que gestionar la incontestable victoria y el liderazgo en la radio deportiva española. Las rencillas, los egos y los celos comenzaron a aparecer y los bandos se terminarían por definir con el tiempo. Sólo desde esta perspectiva se pueden comprender los enfrentamientos de De la Morena con Pepe Domingo Castaño (que dejó de poner su famosa rúbrica a El larguero para ser sustituido por un menos incómodo Juanma Trueba) o el destierro interior de José Antonio Alcalá (nuevo presentador del programa nocturno deportivo de la COPE) que tras ser quemado por De la Morena en cruentas guerras contra Clemente y la Federación sus continuos piques (incluso en antena) con el propio Joserra terminaron casi con su presencia en los micrófonos de la SER, apartado y ninguneado, sólo protegido por Paco y su Carrusel. Estos enfrentamientos internos del equipo de deportes imagino que ayudaron a la bunkerización del equipo de Carrusel dentro de la SER en torno a la figura que los protegía contra viento y marea (Paco) en un proceso que empezó a disgustar profundamente a los jerifaltes de la cadena. Una cosa es obvia: el Carrusel se había convertido en un show, un espectáculo radiofónico, una fiesta de amigos, cuya excusa era el fútbol pero en el que lo que menos importaba muchas veces era el propio partido que retransmitían. Esto se hacía patente sobre todo en la ya famosa primera hora del Carrusel de los sábados (libre, excesiva y a veces extraordinariamente brillante), en los partidos amistosos de la selección donde el único interés consistía en la brillantez de la pullas entre los distintos miembros del equipo que parecían ejecutar a la perfección una serie de roles para delicia del oyente cómplice al que se le permitía participar en la juerga a través de mensajes de móvil y, sobre todo, en las retransmisiones de la Superbowl que se convirtieron en un  auténtico desfase incontrolable. Y el tiempo pasaba, y el Carrusel, y Paco, hacían lo que les venía en gana sin tener en cuenta quejas de oyentes ofendidos por algunas de sus chanzas ni las advertencias de los de arriba para que moderaran el tono de sus retransmisiones. Se sentían invulnerables. Estaban en un error. La situación se fue enquistando y tras un extraño movimiento el verano pasado por el cuál Paco negoció con la COPE el desembarco de todo su equipo (y que finalmente fue abortado por diferentes causas), al ambiente se tornó casi irrespirable. Iba a hacer falta poca cosa para que todo explotara y, lógicamente, termino sucediendo. En primer lugar una de las almas de Carrusel, Jorge Hevia, fue suspendido de empleo y sueldo, por despreciar a antiguos anunciantes de la cadena en antena en la retransmisión de este año de la Superbowl. Como espectador de la historia, como oyente, reconozco que me he reído a carcajadas con ese momento de radio fantástico, descojonante y descocado, donde un oyente hace por un momento de periodista mediante un mensaje y los periodistas olvidan quien y qué les permite su sueldo, dejándose llevar, y actuando como un grupo de amigos que se reúnen y despotrican de las exigencias idiotas de su trabajo. En este enlace, se escucha como Hevia arremete contra las encimeras y el tractor que Pepe Domingo Castaño se tirara años publicitando como si fueran lo mejor del mundo, en lo que era un magnífico ejemplo de cómo un publicista se atreve con todo y puede vender las cosas más inverosímiles. Ese fue uno de los puntos de inflexión. En otros tiempos el asunto se hubiera arreglado con una bronca privada y una disculpa pública pero parece que por fin la cadena decidió cortar las alas al excesivamente libre Carrusel de Paco y dar ejemplo de quien mandaba en la cadena con la defenestración de uno de los periodistas más queridos por el equipo. Las relaciones se deterioraron entonces todavía más y la crisis además puso encima de la mesa otros problemas: la SER (que ahora ataca a la COPE de manera indecente e infantil por “robarles periodistas”) arrastra consigo la crisis que ya parece eterna de PRISA (y que en mi opinión terminará con la PRISA que conocemos y hará que deje de estar en manos de los Polanco) y con la excusa de la crisis global quiso hacer recortes en la plantilla estable del Carrusel. Por lo que se cuenta (es imposible de verificar pero nadie de la SER lo ha desmentido y ello es sintomático) el propio Paco accedió a bajarse sus sueldo para que ninguno de sus compañeros se viera en la calle (cosa que si fuera cierta supondría un principio de subversión capitalista a tener en cuenta en toda esta historia) y con eso y su carisma personal consiguió (imagino que dándose cuenta) una posición de superioridad moral entre sus compañeros que arrastraría consigo el día de la ya famosa reunión con Anido que desembocaría en su despido. Lo demás, no por ser conocido no merece otra reflexión.

Continuará

11 noviembre 2009

Otra voz silenciada. Otra coz a la libertad de opinión

Pues parece que la epidemia se extiende. El País ha decidido cargarse a una de las voces más críticas (de las pocas...¿la única?) que aún permanecían entre sus páginas. Le toca el turno a Enric González, que fuera corresponsal del periódico en algunas de las principales ciudades del mundo y al que le habían dado la oportunidad (¡qué error estratégico de Cebrián!) de compartir columna con (el ya repetitivo y demasiado cansino) Boyero. Él mismo lo anunciaba en su columna de ayer con la mala leche que le es habitual (la que hizo que ya le censuraran alguna columna hace unos meses):

"La dirección de este periódico considera que conviene aprovechar al máximo el espacio de papel, cada vez más escaso, y que estas líneas serán de mayor provecho si se dedican a la televisión en lugar de a peroratas más o menos excéntricas. Se me ha ofrecido volver a ser corresponsal en el extranjero, el empleo al que me he dedicado durante casi dos décadas, y he aceptado. Me largo a Jerusalén en enero. Alguna vez dije en este mismo espacio que no hay que preocuparse si desaparece del periódico alguna opinión, porque cada uno tiene ya la suya. Sigo pensándolo. Creo que hace más falta la información y, dentro de mis posibilidades, en el nuevo destino intentaré conseguirla, comprenderla, escribirla y publicarla."

Patada en los cojones, y fuera de la molesta sección de Opinión. Corresponsalía en Jerusalén y todos tan contentos. Es cierto que lo más digno en estos casos (visto desde fuera) es no admitir el cambio y despedirse de la empresa que te degrada. Pero tampoco pidamos a los demás que se conviertan en héroes para que sean nuestras referencias un par de semanas. Cuando ya ni pensemos en ellos, esta gente tiene que seguir comiendo y pagando una hipoteca. Es demasiado complicado ser coherente e íntegro en estos tiempos que corren. Pero no deja de ser triste.

En una cosa se equivoca Enric. Se equivoca cuando dice que en estos momentos hace falta más información que opinión, y que por ello nadie debe sufrir su ausencia. Eso puede ser verdad en general, pero no en su caso particular. En su caso era más necesario para los lectores opinando, argumentando y exponiendo su punto de vista, su visión del mundo, que enviando crónicas desde Oriente Medio. El envío a Jerusalén no parece casual. Es un lugar alejado, donde va a molestar poco y donde su forma de ver el mundo va a adecuarse como anillo al dedo a los intereses estratégicos de la empresa que le paga: que les dé caña a los judíos y se apiade de lo pobres palestinos para regocijo de los pijoprogres sociatas.

¿Por qué no lo mandarían a Venezuela?

¿Quién será el siguiente? ¿En qué medio? Se admiten apuestas.

05 noviembre 2009

Sobre el despido de Reig y la deriva de Público

Hasta el martes no noté que habían echado a Rafael Reig de Público. Cuando abrí el periódico y busqué su Carta con respuesta no la encontré, y en su lugar Isaac Rosa (un tío cuyas columnas en general me interesan) trataba torpemente de salvar la dignidad del la empresa que le paga con una columna deplorable donde empezaba hablando del sexo de los ángeles para terminar, con un último párrafo antológico (modo irónico), enfangándose hasta los tobillos aludiendo a la libertad de opinión de los columnistas del periódico, justo cuando acaban de despedir (dejémonos de eufemismos) a un compañero precisamente por darle más cera de la cuenta a los sociatas de lo que Roures se puede permitir.

Yo fui de los que me alegré de la llegada de Público. Desde el principio lo he comprado con asiduidad alternándolo o compaginándolo con El Mundo y El País. Defiendo y defenderé siempre que era un periódico que aportaba un soplo de aire fresco en la encorsetada y conservadora prensa española: un director de la generación mileurista (Nacho Escolar) un puñado de nuevas y viejas firmas que aportaban una voz global diferente (Reig, Rosa, Orejudo, Fabretti, Lozano...), nuevos espacios de opinión de fondo (hasta ahora reservados siempre en la prensa española a tesis liberales o conservadoramente socialistas) donde voces de la izquierda podían aportar su visión (Vicenç Navarro, Pascual Serrano, Carlos París...), un enfoque diferente de la sección de Cultura gracias a Peio H. Riaño (que todavía sobrevive, ya veremos cuánto tiempo), las mejores páginas de Ciencia de los diarios generalistas españoles (¡qué poco se ha apreciado esto en este país!) y una mirada nueva al panorama de noticias diarias, otorgando espacio a noticias que hasta ahora sólo aparecían en prensa alternativa. Todo ello, por supuesto, vertebrado por un apoyo editorial descarado a Zapatero que, al fin y al cabo, era el que había permitido a Roures montar todo su tinglado mediático en sólo cuatro o cinco años. Ése era el periódico que nació hace dos años. Un proyecto interesante, sin lugar a dudas. Al menos para mí.

Pero en menos de dos años se han cargado toda la ilusión que generaba y el periódico ha ido deslizándose sin remedio hacia posiciones periodísticas más clásicas, menos arriesgadas, intentando posicionarse como alternativa de El País, intentando quitarle parte de su nicho de lectores desencantados que no soportan la deriva sin solución de senil diario de PRISA (algo por otra parte complicado porque para eso viejos lectores prisaicos desencantados el formato y estilo de Público no es demasiado atractivo: demasiado fragmentario, demasiado poco compacto y su lectura no otorga ninguna relevancia social). Primero fue la llegada de Ekaizer (vaya personaje), la salida de Juan Pedro Valentín, el despido de Nacho Escolar como director (que de manera patética y sin un atisbo de dignidad se quedó "intentando" hacer de columnista en el periódico que hasta ayer dirigía, mientras ejerce de tonto útil en las tertulias de Intereconomía), la llegada del un perro viejo rebotado de las huestes prisaicas para dirigir el periódico (Félix Monteira), la desgraciada muerte de Javier Ortiz, ahora el despido de Reig, la permanencia y relevancia de tipos como Manuel Saco o Joan Garí que no hay por donde cogerlos, la llegada de (cuasi)adolescentes a esa sección de Opinión que han negado a Reig...

Demasiados movimientos, demasiados cambios de rumbo, demasiado evidente el planteamiento comercial... Y encima para nada. Porque desde su arranque (espectacular para los tiempos que corren) y tras alcanzar una tirada de 70000 ejemplares (todavía con Escolar) apenas han mejorado esa marca mientras echan por tierra la posibilidad de que nuevos lectores jóvenes se enganchen a su proyecto. No sé, me parece a mí que Roures y compañía no tienen muy claro que la única posibilidad de pervivencia de Público pasaba por lo que pregonaron al principio que querían hacer: enganchar a jóvenes veintañeros y treintañeros que no compraban prensa y que no se sentían identificados con las viejas formas de hacer periodismo. Pero si lo que buscan es lectores de más de 40 que abandonen El País para refugiarse dulcemente en un proyecto progubernamental, conservadoramente socialista y que dé caña continua a los Aguirre, Gallardón, Camps y Rajoy de turno (mientras oculta las inmundicias socialistas), tengo la sensación de que se van a dar un bacatazo brutal. Porque a estos lectores no los van a conseguir nunca.

03 junio 2009

Rigor periodístico

Hace unos días en dos periódicos diferentes aparecían sendas noticias sobre la utilización en el aula de las nuevas tecnologías en la educación por parte de los profesores de secundaria

Así presentaba el gratuito ADN la noticia. Era espectacular: el 70% de los profesores ya estaba adaptado a los nuevos tiempos. Eso significaría que España se situaría a la cabeza del mundo en el uso de estas novedosas técnicas educativas. Un dato brutal.


Ese mismo día Público se hacía eco del mismo informe (que está señalado con color en ambas noticias para comprobar que las informaciones provienen de la misma fuente) pero desgraciadamente reducía el tanto por ciento de profesores "tecnologizados" a un más triste (aunque incluso excesivo) 30%. Eso sí, simplificando al máximo la información en un patético titular y reintroduciendo al PC en el aula (uno se imagina al pobre profe arrastrando un 486 por los pasillos del instituto)


¿Qué falla? ¿Quién tiene razón? Igual es que ambos periódicos en su afán reduccionista adelgazan la información hasta hacerla contradictoria mediante titulares grandilocuentes. Si uno se va a la fuente original se encuentra con que:
  • Más del 70% de los profesores utiliza las nuevas tecnología y el 26,40% lo hace semanalmente.
Y más o menos eso se puede entender cuando se empieza a leer el interior de las noticias. Porque dentro de ese 70% estará el profesor que ha puesto a sus alumnos un video de youtube o una animación de algún fenómeno estudiado al final de curso, para pasar como mejor se pueda esos cansino últimos días. Pero eso no significa que utilice las TIC para su trabajo de manera habitual. Algo que se reduce a un más lógico 26% cuando se habla de uso semanal.

¿Tan difícil es escribir un titular atractivo, informativo y riguroso?

26 enero 2009

¿Cuál es el límite?

A ningún lector habitual de prensa le pueden ya sorprender las promociones y regalos que, cada día, los periódicos españoles se empeñan en ofrecer. Las nuevas generaciones, tras lo visto los últimos años, deben considerar que el periódico es esa antigualla de papel malo que te regalan por comprar en el quiosco vajillas, películas, cuberterías, vasos de cristal, todo tipo de colecciones de libros, coleccionables,mp3, camisetas... Al poco de llegar a Madrid recuerdo mi sorpresa (aún no se había atrofiado mi capacidad de asombro) con una promoción de La Razón por la que cada mañana, al comprar el diario, te daban un cajita de cartón con un croissant...

En las últimas semanas, inmersos en una crisis que afecta especialmente la venta de la prensa tradicional, hemos observado como los grandes diarios se han lanzado desesperadamente a fidelizar a sus compradores habituales. Películas que hace unos años (o meses) nos las hubieran ofrecido a 5, 6 0 7 euros como si fuera una oferta especial, ahora directamente las regalan (como hacen el ABC o El Mundo), o prácticamente las regalan (los casos de El País o Público).

Pero no basta, las portadas traseras de los diarios aparecen cada día trufadas de pequeños cupones que ya nadie arranca y que recuerdan a los distraídos, las colecciones y promociones antiguas que siguen su marcha y de las que casi nadie se acuerda.

Y claro, entre tanta oferta, ofrecer algo diferente puede parecer complicado, pero para eso están los encargados de marketing de los periódicos, que no dejan de estrujarse el cerebro para conseguir encontrar alguna fuente complementaria de ingresos. Aunque a veces los resultados sean cuando menos sorprendentes o surrealistas , por no decir, directamente, de mal gusto.

Aquí tenemos lo que ofrece EL Mundo desde hace unos meses


Un lector distraído que (de manera sana) no se pare demasiado en la página de las esquelas, al encontrarse con esto no tiene otra que exclamar: ¡lo han conseguido! ¡Línea directa con los muertos! ¡Línea directa con el cielo (o con el infierno... no, eso no, que ya no existe, que lástima…), y uno lo ve ahí, abalanzándose sobre su móvil, para mandar un SMS a algún conocido fenecido; y encabronándose porque no le responden... ¡qué mala educación tienen los muertos!

Si este distraído lector mirara la página con más detenimiento encontraría la solución a tamaño disparate.


Vamos, que aquí de lo que se trata es de hacer negocio como sea, y una vez que se ha perdido la ética desde hace años con los anuncios de prostitución, ahora se recurre a esta nueva vía, aunque sea muerta.

No sé, ¿A nadie más le parece un poquito de mal gusto? ¿Condolencias por un muerto a través de un miserable mensaje de móvil? Seguro que por Internet ya circula alguno tipo que puedes reenviar a varios familiares al tiempo, para no quebrarte la cabeza. Como en fin de año. Qué triste.

Y menos ruin, aunque no por eso menos lastimoso es el siguiente cuponcito que lleva días apareciendo en la contraportada de El País.



No les basta con las películas, las vajillas, las cuberterías, los gps, los mp3 y los coleccionables, no, además te regalan el café. Vamos, que te compras La Razón de antaño y El País de ahora y te vas desayunado a trabajar con café y croissant.

Ya sé que pueden promocionar la venta de los diarios como les dé la gana, pero uno de los argumentos que siempre han esgrimido los defensores de la prensa de pago frente a la gratuita o anoréxica, era la respetabilidad que le otorgaba su propia asunción de ser el cuarto poder, el control de las sociedades democráticas.

Pero el respeto parece que se pierde un tanto cuando un ve a la gente salir del quiosco después de comprar un par de periódicos sin poder mirarse a los pies de las cosas que acarrea, y casi sin mirar las portadas de los periódicos porque están desenvolviendo alguno de los cachivaches promocionados.

Y, ojo, yo seguiré aprovechándome de ellos para completar mi filmoteca a precio de risa. Pero que no se engañen, una vez que se acostumbra al comprador a una forma de consumo donde lo que parece que menos importa es el producto que realmente se quiere vender, a ver cómo lo desacostumbras. Porque es evidente que este modelo no puede funcionar porque es imposible que a la larga sea rentable debido a la gran competencia. Pero por otro lado no se puede eliminar o reducir sin más porque tienes a los yonkis enganchados a los "regalos", exigiendo además, que sus dosis sean novedosas y sorprendentes, porque ya no se enganchan a cualquier cosa. Menuda espiral autodestructiva.

18 enero 2009

Periodismo de altura

Leído hoy en El Mundo, edición Madrid, pág 26, a toda página:

Tregua unilateral de Israel
  • Hamas rechaza la medida si no incluye la retirada del Ejército israelí
  • Tel Aviv advierte de que responderá a todo ataque del grupo islamista
Tregua unilateral... el significado de tregua en el Drae nos habla de cese de hostilidades por determinado tiempo entre los enemigos que están en guerra... ¿Qué narices tiene que ver eso con lo que podemos leer en el interior del artículo que declara Olmert, primer ministro israelí?:

"Los objetivos se han cumplido en su totalidad..."

¿De qué tregua nos hablan? Si se han cumplido los objetivos que se tenían marcados al comenzar la ofensiva militar, ¿no estamos ante el fin de dicha ofensiva debido a una victoria total? Y si lo que hay es una tregua, ¿la otra parte no tendría que estar de acuerdo?...

Y lo del subtítulo ya es de traca: "Hamas rechaza la tregua"... ¿Eso qué quiere decir? ¿que rechaza que los israelíes dejen de atacarlos? Vamos, que los palestinos, remedando a Gila, llaman por teléfono a los israelíes, y les dicen que no, que de eso nada, que no los pueden dejar de matar a no ser que además se marchen de la zona... Los israelíes, consternados, les contestarían que eso es lo que hay, que no se van a ir pero que van a dejar de bombardearlos y matarlos, que ya se han cargado a los que querían y que ahora toca aparentar humanidad y todo ese rollo que se han pasado por el forro de los cojones durante el tiempo que les ha venido en gana, que lo entiendan, pero los palestinos, muy enfadados y molestos, que no, que no, que si no os vais tenéis que seguir matándonos...

De locos.

Aquí no hay una guerra, no hay dos partes porque la desproporción es brutal, pero como el que lee prensa a diario sabe que nada es dejado al azar y que los titulares son la mejor y más directa forma de manipulación de las noticias, parece necesario denunciar a El Mundo y a su chabacana y miserable deformación de la información mediante este titular.

21 septiembre 2008

Sobre la polémica de Carlos Boyero, El País y el cine experimental

Con una semana de retraso he llegado a la polémica suscitada por la Carta al Director enviada a El País por una serie de profesionales del cine español, entre los que destacan, entre otros, Víctor Erice, José Luis Guerín y la plana mayor de los colaboradores de Cahiers du Cinéma (versión española). La carta en cuestión, de imprescindible lectura y que de manera íntegra se ofrece en un blog expresamente creado por esta plataforma que ha conseguido ya más de 250 adhesiones, critica la cobertura que el citado periódico hace de los festivales de cine y el tratamiento que da al cine más experimental, particularizando en los artículos escritos por Carlos Boyero, y poniendo como ejemplo su crítica a la última película de Abbas Kiarostami presentada en el último Festival de Venecia.

Era de esperar. Mientras escribió en El Mundo, Boyero pudo esquivar el acoso del establishment cultural español, escribía en un periódico que la gente progresista, la gente de bien, no debía leer, y por tanto no se debía reconocer su existencia, ni sus críticas, para no parecer que se le daba cobertura a la influencia de la caspa que representaba el infame Pedro J. y sus secuaces. Pero he aquí que su diario de cabecera, el único que podían llevar bajo el brazo orgullosamente, o al menos sin vergüenza, fichó a Boyero con el rango de estrella, en un golpe mediático que respondía en cierta manera al fichaje anterior de Santiago Segurola por parte de la empresa editora de El Mundo. La cosa, entonces, cambiaba. Ya no se podía obviar lo que escribía Boyero, puesto que aparecía en el diario de referencia, el diario culto, el diario que establece e impone el patrón cultural de nuestro país. De repente, algunos de mis amigos que no habían leído a Boyero en su vida se sorprendían ante la virulencia de sus críticas y lo lacerante de su sarcasmo, al tiempo que los internautas de El País le repetían las mismas preguntas que llevaba años contestando en los encuentros digitales de El Mundo y se sorprendían ante la libertad y la incorrección cultural de sus respuestas. Vamos, se sorprendían y desconcertaban, curiosamente, ante la “novedad” que significaba un tío de más de cincuenta años que lleva diciendo lo mismo y de la misma manera toda su vida. Cosas de leer tan sólo el diario oficial.

Estaba claro que era cuestión de tiempo que las críticas a Boyero y a la sección de cine de El País apareciesen, pero lo que sin sorprender no deja maravillar, es la capacidad que tiene el sector que se autoconsidera más progresista de nuestra sociedad para autoproclamarse adalid de la verdadera cultura, desechando así otras opciones e ideas tan respetables como las suyas. Sólo hay que analizar extractos de la famosa carta para constatar el autoritarismo cultural que se desprende de ella, y al tiempo apenarse por la incapacidad que tienen sus firmantes de escapar del mundo ficticio que han creado en el que todas las fuerzas oscuras conspiran contra ellos.

En el caso de la reciente Mostra de Venecia, el cronista de turno, Carlos Boyero, imitándose a sí mismo -tratando de tarados, cursis, snobs, plastas y otras lindezas a cuantos cineastas y críticos puedan discrepar de sus opiniones-, además de reiterarnos día tras día su inmenso hastío, no ha tenido reparo alguno en pregonar su abandono de la proyección de la última película de Abbas Kiarostami

"Resulta paradójico que un periódico de referencia, que hace gala de su interés por la cultura, cada vez con una mayor frecuencia excluya de ésta al cine, al que tiende a reducir a mero entretenimiento de masas, pasto de las televisiones”

Es decir ellos deciden lo que debiera o no debiera publicar El País porque deciden qué es y qué no es lo que se puede definir como cultura. Con dos narices.

En la difícil situación que en tantos aspectos atraviesa hoy el cine español -particularmente en el de la producción y difusión de las películas más interesantes que se vienen haciendo entre nosotros-, sería justo y necesario, para que sus lectores sepan a qué atenerse, conocer cuál es la verdadera actitud de “El País” a este respecto. Aclarar si –insultos y descalificaciones aparte- su postura coincide básicamente con la que se desprende de los textos de su cronista”.

Vamos, que con una tremenda desfachatez exigen al periódico que se manifieste a favor o en contra de lo que escribe Boyero, exigiendo que se posicione, pero... ¿cómo qué? ¿por qué? ¿para qué?...¿Qué pretenden, que El País publique un comunicado en el que declare ampulosamente que defiende el cine experimental y el cine de autor?¿Es sólo a mí al que le parece delirante esta actitud totalitaria ante la libertad y la independencia de una de las pocas secciones que parece respirar cierta autonomía en ese periódico?

Pero hay más, son capaces de superarse:

Si así fuera, si el acuerdo de una u otra manera existiera, estaría algo más claro cuál es el sentido de su compromiso primero: apoyar de tarde en tarde, a modo de pequeño detalle redentor, algún asomo de diversidad para dedicarse sobre todo a sostener y publicitar la producción cinematográfica más acorde –salvo las excepciones de rigor- con el dictado mayoritario de los ejecutivos de Televisión y los intereses de aquellos productores, distribuidores y exhibidores que determinan el destino de nuestro cine.”

Lee uno este extracto y respira libertad. Claro que sí. Si el periódico calla o defiende la libertad de su periodista para escribir sobre la experiencias que tiene cuando ve una película, sin pararse a considerar (como debiera) que aunque no le haya gustado debe mentir para apoyar el cine arriesgado y experimental (ya que así promociona la CULTURA, con mayúsculas), El País estará evidenciando que está vendido al capital, a la industria, al mal. No hay lugar para que sea el criterio del lector el que decida si es cierto o no tamaña acusación (y a lo peor, no por los motivos que ellos esgrimen). No, ellos lo interpretan por nosotros, juzgan y condenan.

La reflexión que yo me hago es la siguiente: si mañana El País despide a Boyero y en su lugar contrata, por ejemplo , a Carlos F. Heredero (actual director de Cahiers du Cinéma versión española), ¿ya no estaría vendido a la caterva de productores, distribuidores y exhibidores cuya única obsesión es destruir nuestro cine? ¿ya no estaría vendido al capital?... ¿Pero estos señores no conocen los intereses empresariales y la trayectoria de PRISA, empresa que edita El País? ¿Creen en serio que es una empresa que apoya la “diversidad” en contra de la “concentración”? Claro que no son tontos y que no creen semejante sandez, lo que quieren es el apoyo de El País para distribuir y exhibir las películas que ellos consideran interesantes y que curiosamente son las mismas que les dan de comer. Lo necesitan desesperadamente si no quieren desaparecer, pero son demasiado arrogantes para reconocerlo e intentar argumentar para conseguir dicho apoyo, y recurren a la amenaza inútil de arrebatarle a El País el carnet de defensor de la progresía cultural. Paradójico. Cuando es el El País el que otorga ese tipo de carnets habitualmente.

No hay nada bochornoso en defender aquello en lo que cree, pero sí en exigir a los demás que hagan lo mismo sin más argumentos que el de una pretendida autoridad indemostrable en la materia.
Yo, que transito sin problemas de Boyero a Cahiers du cinema, de Oti Rodríguez Marchante al desaparecido Ángel Fernández Santos, de Ford a Tarkovski, o de Coppola a Imamura, lo único que me producen este tipo de exabruptos públicos es pena y compasión. Porque tras estos arrebatos de autoafirmación cultural y reivindicación de lo minoritario como arte tan sólo por el hecho de serlo, se esconde la frustración de no ser ni estar en la posición de aquellos que se critica. Porque no es que se quiera cambiar el mundo, no. Tan sólo es la rabia pon no ser ellos los que ocupan las posiciones de privilegio en él.

Por cierto, la película de marras, la de Kiarostami, son casi dos horas de imágenes de primeros planos de 113 mujeres mientras ven (y escuchan) la representación de un cuento persa sobre una heroína. Sólo se muestran imágenes de esas mujeres, sus emociones al ver la obra, sus gestos, sus reacciones... casi dos horas... igual es una obra de arte incomprendida pero entonces, ¿cuántas como ella están distribuyéndose ahora mismo en internet sin que nadie las defienda?... ¿O en el fondo la cuestión final de todo la controversia entre arte de masas y arte minoritario estriba en que los que defienden a las “estrellas” del segundo pretenden que ocupen el lugar de privilegio de las "estrellas" del primero?

26 septiembre 2007

Público, un periódico de y para mileuristas

El primer número de Público deja una extraña sensación, una mezcla de ilusión por la aparición de un nuevo medio en papel que viene a sacudir las telarañas del estancado panorama actual y, por otro lado, una sensación agridulce al constatar en sus páginas algunas lagunas que deben mejorarse y pulirse para no convertirse en un remedo de pago de la prensa anoréxica gratuita.

La primera impresión al ver el periódico es el, ya por muchos comentado, parecido diseño a periódicos como El Economista, El Periódico o incluso el gratuito ADN. Con esa nueva forma de presentar las noticias que se está convirtiendo en dominante en el mercado del papel, recurriendo a grandes fotografías y titulares impactantes, al tiempo que se utiliza un lenguaje más simple y una argumentación menos densa. Un formato que lleva al lector educado a la antigua usanza a un cierto rechazo inicial, propio de la defensa inconsciente de las costumbres asentadas. Pero está claro que es éste el nuevo paradigma en el que se va mover la prensa de papel en los próximos años, en consonancia con el nuevo lector, esporádico, ocasional, sin mucho tiempo en sus días laborales para leer de manera reposada, que busca la inmediatez de la noticia y una información completa y variada sobre diferentes asuntos. Evidentemente el perfil descrito y el target buscado es principalmente el de jóvenes urbanitas, jóvenes mileuristas a los que se tienta también con un precio inicial de risa, y que realmente se habían alejado casi por completo de los medios de papel. Uno jóvenes a los que se intenta enganchar con la interactividad y cercanía que supone la aparición conjunta de la web www.público.es con todos los contenido del periódico expuestos de manera gratuita bajo licencia copyleft.

Entre lo que más me ha gustado de este primer número destacaría la preocupación por acercarse a temas sociales ajenos a la mera actualidad política (el reportaje de los traficantes de obreros); la aparición de nuevas secciones con tratamiento novedoso, más cercano y participativo; la conexión internet-papel que aparece en los artículos de mayor interés, para obtener más información en la red sobre el asunto planteado en el periódico (lo cuál acaba con una idea cerrada de la prensa escrita como fuente última diaria de la información, haciendo que el lector interesado obtenga una puerta desde la que asomarse al tema con mayor profundidad); las páginas dedicadas a ciencia, que suponen un soplo de aire fresco en el asfixiado y anoréxico mundo de la divulgación científica, resaltando lo novedoso y tremendamente útil que resulta que, junto a la típica noticia impactante de ámbito científico, aparezca la opinión no ya de un periodista, sino de un especialista en el asunto, un científico, que de forma amena, clara y rigurosa explica lo que realmente significa el descubrimiento de turno y la situación actual de la investigación en esa rama de la ciencia. Ése es el camino y no otro, científicos divulgando, haciendo que sus voces se escuchen entre tanto analfabeto científico. También me ha gustado el número de columnistas variopintos que presenta el periódico, siendo muy importante que no sólo se dediquen a la cansina actualidad que marca la agenda política, aunque de su calidad hablaremos luego. Y por último no me parece nada mal que se aparquen los deportes al final del diario, con su portada propia incluida, así como que en un día normal, sin grandes noticias deportivas, no le dediquen más que cuatro o cinco páginas (hoy por ejemplo El Mundo le dedicaba nueve) dejando así espacio a otras secciones como la de cómics, música o libros.

En la parte negativa resaltaría que las noticias de nacional parecen más bien escasas, poco diversificadas y con muy poca atención por lo que pasa en otras zonas de España que no sean Madrid, Cataluña y País Vasco (como todos los demás periódicos). A pesar de que sea tal vez el nuevo modo de hacer un periódico a mí todavía me cuesta entrar y confiar en uno con tan enormes y agresivos titulares, que además presenta las típicas chorraditas, tan propias de los gratuitos, que aparecen en la zona superior de páginas como las de ciencias (por ejemplo: “un niño despierta de una operación con acento pijo”) y que parecen servir sólo como relleno. Me parece algo poco serio que perjudica la credibilidad de un periódico. Tampoco me gusta la ausencia de editoriales, otra cosa en la que se asemeja a lo gratuitos. Y no me sirve la explicación de Ignacio Escolar respecto a ello, aludiendo a que las empresas no tienen que opinar sino informar, para que el ciudadano se forme su propia opinión. Me parece un argumento falaz y un tanto cínico: la selección y tratamiento de las noticias es la primera forma de editorializar un periódico. Todo periódico tiene una línea editorial, quiera hacerla expresamente visible o no (como es el caso). Me parece una manera aviesa de ocultar las propias ideas y de manipular al lector. Prefiero ver cómo se moja por ejemplo El País con los últimos editoriales contra Zapatero por intereses espurios, a que sólo ofrecieran noticias tendenciosas sobre los diferentes asuntos que afectan al Gobierno que pueden hacer que el lector despistado se trague sin más noticias cargadas con munición de empresa. Por último el tema de los columnistas es algo a lo que hay que dejar un tiempo para valorar. Junto a plumas prometedoras o consagradas como Reig, Labordeta, Javier Ortiz, o colaboradores tan interesantes como Javier Sádaba, aparecen otros de los que inicialmente desconfío que puedan ofrecer opinión de calidad, como el Gran Wyoming (es muy difícil trasladar al papel un humor como el suyo, en el que la mirada y la pose son casi tan importantes como lo que dice). De todas formas, como decía, no se puede valorar por lo leído hoy donde los columnistas sólo se presentaban, pero temo que el principal defecto de las columnas sea la utilización de ese lenguaje cercano y simplificado que quiere ser el motor del periódico, y que desde luego en la sección de opinión a mí no me interesa. Hay muchos blogueros por ahí dando opiniones muy interesantes sobre muy diversos temas, pero en prensa, pagando, quiero leer columnas de opinión diferentes, con un estilo propio y un lenguaje cuidado. Sorbitos de literatura, al estilo del mejor Umbral, Millás o Raúl del Pozo. Pero que sean nuevos. Tampoco me convence el escaso espacio físico de algunas de estas columnas, que no deja lugar a desarrollar argumentos con una mínima profundidad.

Y no se puede pasar por alto algo muy importante, que es lo que más me ilusiona y me acerca a este nuevo proyecto. Público puede conseguir cubrir un hueco, un vacío. Pretende intentar conseguir despertar y atraer hacia los temas sociales, políticos, que nos afectan a todos, a una generación que se estaba descolgando del devenir de los tiempos: la generación mileurista. Esta generación toma su nombre de la situación precaria en lo laboral y lo económico en la que muchos de sus componentes sobreviven pero, en una definición más amplia, como ya escribí en el enlace anterior, agrupa a muchos treintañeros que se sienten extrañamente ajenos a la toma de decisiones que afectan a su presente y a su futuro. Interesadamente infantilizados por la generación de sus padres y perezosamente acomodados en la inanidad política y social, la llegada de este periódico puede conseguir que sus voces, sus preocupaciones y sus responsabilidades sobre cuanto sucede comiencen a hacerse notar, y les sirva al tiempo de acicate. Para ello no hay mejor ejemplo y mejor noticia que la de que el director de Público, Ignacio Escolar, no haya aún cumplido 32 años y se haya hecho con las riendas de este proyecto tras una fructífera etapa bloguera y fogueándose en otros medios escritos. Su meteórica carrera supone una excelente carta de presentación, y un reflejo de que los mileuristas pueden y deben hacerse presentes en nuestra sociedad. Un mileurista dirigiendo un periódico... ¿algo está cambiando?

25 septiembre 2007

Espectacular Gabilondo

Al césar lo que es del césar, abriendo el telediario con verdades como puños, el mismo día que El País arremetía en su editorial contra el plan de vivienda en alquiler para jóvenes. Sin medias tintas, sin una sola palabra de más. Muy clarito. Para quién se quiera dar por aludido.

18 septiembre 2007

¿En la columna de Umbral?

Lo que parecía una buena idea cuando se formuló va demostrándose día a día, columna tras columna, que no lo era tanto. Pedro J. quiso homenajear a Umbral dejando que todos los articulistas del periódico pasaran por esa última página de El Mundo (excesivamente deseada) durante cien días de luto tras la muerte del escritor. De esta manera parecía conseguir dos objetivos al mismo tiempo: por un lado homenajear al fallecido sin hacer tan traumática su desaparición, y por otro darse un tiempo para elegir al periodista que ocupará su lugar. Los días van pasando, las columnas se suceden y la cosa se está poniendo cada vez más turbia. David Gistau pareció entender la perversa cara oculta de lo que parecía una buena idea: la secuenciación de columnistas parecía más un casting un tanto humillante que un homenaje al fallecido. Los vivos sólo pueden perder ante la alargada sombra del muerto célebre y divinizado. Y si encima se suicidan con columnas imposibles el asunto se torna ya preocupante.

Escribo esto último porque tanto la columna de Pedro G. Cuartango de ayer 17 de septiembre como la de hoy 18 de ese engendro periodístico llamado Jaime Peñafiel son sencillamente infumables. La del primero por cursi, relamida y rebuscada (lo de Umbral pagando a Caronte y “fundiéndose en un abrazo fuerte con su hijo” estomaga y da cierta grima ante tanta trascendencia); y la de Peñafiel es para directamente, tras leerla, tirar el periódico y exigir a Pedro J. la devolución del euro gastado, por destruir en un solo día lo que significaron 18 años umbralianos de entender la última página. Después de lo de hoy me pensaré mucho darle la vuelta al periódico por lo que me pueda encontrar. Peñafiel, además de repetir argumentos de otros (el tema de los castings, que ya desgranara con maestría Gistau) termina comparándose a Umbral, comparando las obras por ellos escritas desde el terrible dolor por la muerte de un hijo, y usando obscenamente durante dos largos párrafos al hijo perdido de Umbral y al suyo propio para así mostrarse ante el lector como colega fraternal de desdichas, con derecho a sentarse a la derecha de dios.

Y me pregunto yo que por qué esa manía, ahora que ya no está Umbral, de utilizar a su hijo muerto como recurso para hablar de él. Un tema que el propio escritor mantuvo en la más estricta intimidad desde aquel arrebatado Mortal y rosa, escrito hace más de treinta años. Y de apelar a encuentros post mortem de un tío que decía a las claras que tras la muerte no había nada, y que yo sepa en la nada ni se habla, ni se abraza ni se folla. Aunque eso sí, tampoco se podrá leer a Peñafiel. Lo cuál evidentemente será un alivio.

Ya está bien de recursos baratos de malos escritores. O un poquito de dignidad, al menos.

Que se dejen ya de tonterías y den la contraportada al único que puede sustituir a Umbral en El Mundo. Me refiero claro, a Raúl del Pozo. Y si no, que hagan circular a sus mejores columnistas por esos lares, pero por favor, no nos jodan más. No más Peñafieles y Cuartangos. No más. Por favor.