16 febrero 2012

Sobre la ampliación del Bachillerato (II): argumentos a favor

(Continuación del post anterior)

Todo aquél que conozca en primera persona la realidad de los Institutos de Educación Secundaria, es consciente del gran número de alumnos que  presenta diferentes tipos de problemas educativos, y también, que cuando empiezan a aflorar esos problemas, el horizonte de la obtención del título la ESO, cuatro cursos después, es algo que para muchos de ellos aparece como un objetivo inalcanzable, lo que los frustra y desanima. Por este motivo, a medida que los tropiezos se van produciendo en 1º o 2º ESO, el panorama que se les ofrece a estos alumnos (salvo que presenten alguna particularidad que les permita ingresar  en el programa de diversificación curricular a partir de 3º ESO) es desolador, porque por un lado son incapaces de revertir su situación a pesar de que puntualmente lo intenten (atrapados como están en una dinámica negativa, que se ve reforzada por la falta de empatía de una gran parte del profesorado que los ve tan sólo como elementos disruptivos, y no también como víctimas de un sistema al que no son capaces de adaptarse) y por otro, lentamente, van adquiriendo la conciencia de que les va a ser tremendamente complicado obtener un título, el de la ESO, que saben que la sociedad les va a exigir para poder al menos tener alguna mínima posibilidad en el mercado laboral. Este hecho termina por pervertir todo su proceso de formación, porque a partir de cierto punto (tras repetir o pasar de curso sin los conocimientos adecuados por imperativo legal) su única obsesión será terminar 4º ESO como sea, forzando al máximo su permanencia en los centros, encontrando vericuetos, extrañas combinaciones de asignaturas y rebajas de nivel académico dentro de grupos especiales que ninguna directiva confesaría oficialmente crear, pero que a algunos (los menos) de ellos les permite intentar alcanzar su objetivo. Por el camino, muchos otros terminan completamente perdidos, desesperados, y como la ley (con buen criterio de partida aunque sin medios ni recursos suficientes para lograr que sea  útil) establece la obligatoriedad de la escolarización hasta los 16 años, algunos terminan convirtiéndose en zombis educativos, adolescentes que en una de las épocas más intensas de su vida muestran una pasividad y un derrotismo inauditos, que terminan desarmando al más esforzado de sus profesores, hasta que un día desaparecen de las aulas sin que nadie les eche mucho en falta. Esos alumnos formarán parte de esa estadística vergonzante que sitúa a España como uno de los países occidentales con mayor índice de fracaso escolar o, visto de otra manera, con mayor índice de deserción y rendición educativa. Otros, en cambio, reaccionan de manera belicosa contra un enclaustramiento educativo que no comprenden, y de manera furibunda articulan su propia lucha suicida contra un sistema que los enjaula hasta los 16 años (en muchos casos sus padres los fuerzan a que ellos mismos alarguen su “condena” hasta los 18 años, mientras esperan un milagro) con la excusa de un proceso de formación que saben que no están aprovechando y que termina siendo completamente contraproducente, ya que les habitúa a la holgazanería, a la apatía y a la falta de responsabilidad y de perspectiva. Por todo esto resulta evidente para todo aquél que lo quiera ver, que la reducción de la Educación Secundaria a tres años y la posibilidad de obtener el título de graduado tras el tercer curso (si es que finalmente así se decide) aliviaría muchas de estas tensiones descritas, acortaría el tiempo necesario para obtener dicho título, acercaría ese horizonte, no obligaría a cursar ciertas materias cuya complejidad en 4º excede con creces lo que debe ser la formación mínima necesaria para obtener un certificado de estudios tan básico como el de Secundaria, y reduciría notablemente la tasa de fracaso escolar de nuestro país. Este dato final no es baladí. Más allá de que muchos lo vean como una forma de maquillar las estadísticas sin que nada cambie, lo cierto es que dar el título en 3º de la Educación Secundaria (como hacen en Francia, por ejemplo, aunque con otro nombre) reduciría de un plumazo muchos puntos de ese 25/30% de fracaso escolar en el que andamos años instalados y ello conllevaría que todos esos alumnos se abrirían las puertas a nuevos procesos formativos para los que el graduado en Secundaria es imprescindible.
Hay un malentendido que está circulando entre mucha gente, incluidos profesores, que incide en que es una barbaridad obligar al alumno a hacer sólo un curso más de Bachillerato o FP para cumplir con la obligatoriedad de la escolarización hasta los 16 años. Es increíble que se confunda la obligatoriedad de escolarización hasta los 16 años con la obligatoriedad de hacer un curso más fuera de la Educación Secundaria. Intentaré aclarar la cuestión. El alumno que vaya bien en los estudios y vaya aprobando curso por curso desde la Educación Primaria, es cierto que se encontrará en esa situación. Es decir, a los 15 años, tras el 3º curso de Secundaria por el que obtendría el graduado pertinente, se vería en la obligación de realizar un curso más de Bachillerato o FP… De acuerdo, es así, pero más allá de supuestos teóricos que casi nunca se ponen de manifiesto en la realidad de las aulas, ¿qué alumno que haya ido bien en los estudios, aprobando curso por curso, no tiene la pretensión se continuar su formación y por ende de hacer un Bachillerato o cursos de Formación Profesional? Más allá de la anécdota, a la que recurrirán los interesados que se echen las manos a la cabeza para defender desde supuestas posturas progresistas la aberración que este hecho supone si el alumno no quiere segur formándose, los profesores sabemos que ninguno de ellos dejaría de estudiar tras ese tercer curso de Secundaria y todos intentarían continuar su formación. Sí es cierto que tendrán (en teoría) que adelantar un año la decisión de optar por uno de esos dos caminos, algo que hasta ahora se hace tras acabar 4º ESO. Pero se vuelve a confundir la teoría con la realidad, puesto que esta necesidad de optar por algún tipo de itinerario que, casi de manera determinista, ya le encamina a optar por hacer el Bachillerato o la FP ya lo tenían que hacer con actual estructura de la ESO en el mismo momento y a la misma edad (15 años , tras 3º), al tener que decantarse en 4º por los itinerarios de Ciencias o de Humanidades (que les preparan para el Bachillerato pero no demasiado para la FP) o por  una tercera vía (cuando la formación de grupos lo permite) que, sin existir expresamente en la leyes, se construye para esos alumnos de los que anteriormente ya he hablado, y que se  presentan en 4º tras transitar penosamente por la Secundaria sin conseguir prácticamente ninguno de los objetivos que esta etapa educativa propone. Para los demás alumnos, ésos que hayan suspendido y por tanto repetido algún curso en Primaria o en Secundaria, en el caso de que alcanzaran 3º y lo aprobaran, con la nueva reforma obtendrían entonces el título de Secundaria y tendrían edad suficiente (16 años) para no sólo optar por seguir formándose (que sería lo deseable) sino también para salir al mercado laboral sin necesidad en tal caso, por supuesto, de cursar ese primer curso de Bachillerato o FP que tantos quebraderos de cabeza está dando.
Hay que dejar de ocultar y hay que contar a la sociedad esa realidad que está sucediendo actualmente en una gran mayoría de IES debido a lo que supone retardar la obtención del título de la ESO hasta 4º. Más del 40% de los alumnos que estudian Secundaria a duras penas va cumpliendo los objetivos, tropezando una y otra vez y repitiendo uno o dos cursos en esta etapa. Dejando ya fuera del análisis a los que dejan los estudios una vez cumplidos los 16 años sin graduarse, muchos otros de éstos se presentan en ese último curso con una sola opción (o como mucho dos) de terminar ese año y obtener el título de Graduado en Secundaria mediante el circuito convencional, el circuito educativo en el que llevan (sobre)viviendo desde los seis años. Para estos alumnos hace tiempo que la formación, centrada en los contenidos, más bien académica y más allá de competencias y otras zarandajas (que sólo sirven sobre el papel pero no en las aulas a la hora de evaluar los aprendizajes), dejó de tener sentido, pero comprenden que sin el Graduado de Secundaria poco podrán hacer en el mercado laboral y su formación además se queda en suspenso porque no pueden si él acceder a la Formación Profesional. Por ese motivo terminan encuadrados en unos grupos con características muy especiales que en muchos centros, de manera jocosa, con cierta maldad y cierta resignación, algunos profesores terminan denominándolos en privado “grupos de 4º terminales” o “grupos de 4º de Hollywood”, apelativos que ilustran una realidad: en ellos los alumnos cursan materias sin prácticamente ninguna ilación o sentido, que ellos consideran asequibles  y que terminan siéndolo por el bajo nivel formativo previo que ellos presentan y la asunción de esa realidad que terminan haciendo los profesores al enfrentarse a estos grupos, lo que provoca que la rebaja de exigencia sea muy importante. Cuando los análisis se realizan en abstracto la gran mayoría de profesores se muestra en contra de permitir que con diferentes niveles formativos los alumnos de diferentes grupos de 4º obtengan el mismo premio, pero la realidad es tozuda y nos muestra que, por supuesto, los profesores no son tampoco inmunes a la relación humana que se establece con el alumno, por lo que, terminan adaptándose a la situación y manejándola como pueden, asumiendo que para esos alumnos el título de la ESO va a ser sólo un certificado que avalará sus años de estudios realizados pero no demostrará nada sobre su  formación académica, especialmente durante ese último curso. Por ello, en las evaluaciones de junio y septiembre, y mediante la posibilidad que la ley ofrece de que el alumno se gradúe con dos o tres materias suspensas, se terminan dando títulos de la ESO a demasiados alumnos que, objetivamente, se sabe que no tienen la formación que ese curso en particular y la etapa en general debieran proporcionar.

Ese problema se arrastra y conlleva consecuencias, ya que una vez superado el trago de la titulación, muchos de estos alumnos no aplican el principio de realidad (y racionalidad) y con el beneficio de empezar de nuevo con el expediente limpio (a pesar de que haya titulado con dos o tres materias suspensas) ingresan en el Bachillerato “a ver qué pasa” debido (a la inversa de lo que pasaba en la ESO) a que el Bachillerato actual, con sus dos (cortos) cursos ofrece un horizonte demasiado cercano como para no intentar conseguir, utilizando las mismas técnicas de (no)estudio, y con la ley del mínimo esfuerzo, una nueva titulación superior. El siguiente ejemplo, que no deja de ser una anécdota ilustrativa, pone de manifiesto la incongruencia de la actual disposición  de la Secundaria y el Bachillerato: existe la posibilidad (y se da no pocas veces) que un alumno alcance 2º de Bachillerato sin haber aprobado las Matemáticas desde 2º ESO (o habiendo aprobado las de 3º en recuperaciones de pendientes con un nivel ínfimo).

El Bachillerato de tres años permitiría que su 1º curso fuera por un lado más exigente (contentando a aquellos que todo lo quieren basar en frases tan grandilocuentes y vacías de contenido como ésta) que el actual 4º ESO, pero fundamentalmente lo que permitiría es trabajar con mayor tranquilidad, de manera que todos los esfuerzos de profesores y los alumnos podrían dedicarse a la introducción de éstos en las mayores complejidades que cada una de las materias que cursan ofrecen ya a estos niveles, sin  tener que estar atentos a la obtención del título y sin que los alumnos, desbordados por el sistema evaluativo que se les impone, terminen  abandonando unas materias en pos de aprobar otras, para titular de cualquier forma. Volviendo a utilizar un ejemplo que permita ilustrar lo que argumento, la introducción de este Bachillerato de tres años impediría que un alumno que ha optado voluntariamente con 15 años (tras el 3º curso de Secundaria) por el itinerario científico pueda terminar el curso actual de 4º ESO con Física y Química y Matemáticas suspensas y, por la posibilidad legal de titular con dos o tres materias suspensas, comenzar el curso siguiente, en el actual Bachillerato, sin esos conocimientos absolutamente necesarios para cursar el Bachillerato científico. No tiene sentido encontrarse alumnos en el 2º de Bachillerato actual matriculados en asignaturas como Química, cuando tienen la Física y Química sin aprobar desde 3º ESO.

Sobre la ampliación del Bachillerato (I): primeras ideas


El Bachillerato de tres años ha sido de momento, la propuesta estrella del nuevo gobierno del PP en materia de educación. Esta ampliación del Bachillerato supondría la reducción de la Educación Secundaria, que pasaría de estar formada por cuatro cursos a estarlo sólo constituida por tres, aunque se mantendría la obligatoriedad de estudiar hasta los 16 años. La propuesta, como no podía ser de otra forma, ha significado un terremoto dentro del mundo educativo donde, de manera bastante superficial, se han empezado a escuchar las consignas habituales que atacan o defienden la reforma sin mucho criterio y con una pobre argumentación. Por un lado, se escuchan voces airadas que la atacan desde las trincheras de la izquierda menos reflexiva y más panfletaria. Estas voces la tachan de regresiva y segregadora por eliminar un curso común de la ESO, y obligar a los alumnos, tras terminar el tercer curso de Secundaria, a elegir entre un camino centrado en la Formación Profesional que lo llevaría a un acceso más directo al mundo laboral y otro, el del Bachillerato, más enfocado a los estudios universitarios. Más allá de que esta argumentación sólo se puede entender si está construida por personas que desde hace mucho tiempo no pisan un centro educativo (o jamás lo pisaron tras ser estudiantes) y juegan a montar sus utopías educativas desde algún despacho universitario o político, en el fondo la izquierda critica la reforma fundamentalmente porque la hace la derecha. Por otro lado, desde las trincheras de la derecha, se aplaude la reforma en primer lugar porque no la hace la izquierda, y en segundo lugar porque creen que está en sintonía con su cansina, gastada e irrelevante cantinela de volver a poner en valor (¿volver?) el esfuerzo y la excelencia. En general, el nivel de análisis que he encontrado sobre este asunto me ha parecido más bien pobre, muy entrelazado con las luchas políticas y muy poco fundamentado en la experiencia diaria de los centros educativos. Por ello voy a intentar valorar la propuesta, aclarar malentendidos y argumentar por qué me parece una medida acertada que va a mejorar nuestro sistema educativo.

Sí, considero que la propuesta de aumentar un curso el Bachillerato a costa de reducir un curso la Educación Secundaria es una decisión muy positiva. Es algo que llevo defendiendo desde hace años. Evidentemente, otra cuestión será cómo se llevará a cabo el tránsito a esta nueva estructura y cuáles serán las prioridades y los principios ideológicos en los que finalmente se fundamente el cambio, pero dicho cambio era imprescindible para solucionar algunos de los problemas más graves que tenía la educación en este país, problemas relacionados con el fracaso escolar y que afectan con mayor intensidad (desgraciadamente) a la enseñanza pública. Obviamente, no se debe esperar que esta reforma resuelva el grave problema de fondo que sigue teniendo la educación en España, que está relacionado, entre otras cosas, con las enormes diferencias sociales y de entornos familiares de lo alumnos, las enormes diferencias respecto a las expectativas que los alumnos y sus familias ponen en su formación académica, la brecha insalvable entre los contenidos que se trabajan y los intereses inmediatos de muchos de ellos,  la falta de fe en que los estudios puedan conseguir un futuro mejor o la privatización (vía concertación) de la propia educación, algo que pone en riesgo el principio de igualdad de oportunidades de un servicio público esencial. Es evidente, por tanto, que un mero cambio estructural que no viene ligado a una mayor financiación, a unos mayores recursos y en definitiva, a un cambio de filosofía respecto a la importancia de la educación en la sociedad (que permitiera comprender su relevancia más allá de una formación superficial enfocada simplemente al mundo laboral), no va a conseguir generar un nuevo y radical impulso formativo que permita despegar cultural y profesionalmente a este país. No se puede pretender que este cambio normativo consiga en ningún caso cumplir nuestros sueños de una educación más justa y de mayor calidad, pero no por ello se puede despreciar una reforma como ésta, que puede conseguir aliviar algunas de las tensiones existentes en los centros educativos, mejorar el contexto organizativo y permitir una salida formativa a muchos de los alumnos que hasta ahora, en aras de una pretendida igualdad de oportunidades y de un sistema de enseñanza comprehensiva llevado a un límite dogmático, los íbamos dejando tirados por el camino. En mi opinión, el mayor fracaso de la LOGSE no fue esa filosofía colaborativa y democrática posteriormente tan denostada y ridiculizada, centrada en el alumno, en sus necesidades y en su ritmo de aprendizaje, y que se vio debilitada por una aplicación suicida, sin medios suficientes ni comprensión real del significado de la enseñanza dentro la sociedad que la organiza. De hecho, muchos de los aspectos de este planteamiento, como el necesario acercamiento del profesor al alumno, la necesidad de partir de las ideas previas de éste para desarrollar los nuevos conocimientos o el fomento del trabajo colaborativo, tan de moda veinte años después, me parecen muy acertados y de enorme valor. No, el gran fracaso de la LOGSE fue construir una Educación Secundaria Obligatoria de cuatro (larguísimos) cursos en la que el último de ellos terminó siendo un extraño híbrido imposible de gestionar. Por un lado, a ese nivel, ya no era posible soslayar la necesidad de profundizar en unos contenidos mucho más complejos y específicos que permitieran a los alumnos ir desarrollando su pensamiento abstracto, abandonando los aspectos más básicos y meramente divulgativos que se trataron en los cursos anteriores. Por otro, ese curso significaba el fin de etapa y el momento de obtener el título de graduado, lo que obligaba a tener en consideración la situación personal de cada uno de los alumnos, a los que suspender condenaba en muchos casos a abandonar el circuito educativo convencional sin nada que certificara sus años estudiados. Además, este curso destapaba una realidad que las leyes inicialmente no contemplaban: la imposibilidad de construir un mismo itinerario para todos los alumnos durante toda la ESO, debido a los diferentes ritmos de aprendizaje y las diferencias formativas que ello creaba (más allá de las razones por las que se produjesen esos desfases), por lo que la solución final consistía en habilitar una optatividad surrealista que permitía a los alumnos diseñar un último curso de la ESO que, en muchos casos, carecía de cualquier valor formativo y propedéutico. Por último, dicha estructura de la Educación Secundaria obligaba  a construir un Bachillerato muy reducido, de sólo dos cursos, lo que unido de nuevo al carácter terminal del segundo curso de esta etapa de estudios no obligatorios, y a la necesidad de preparar a los alumnos para la Prueba de Acceso a la Universidad, pronto se demostró completamente insuficiente para una correcta, coherente y provechosa formación del alumnado.

En el siguiente post intentaré resumir algunos de los motivos por los que considero que esta reforma es positiva, y trataré de desmontar ciertas ideas peregrinas que están circulando sobre ella. Posteriormente expondré los miedos y dudas que me surgen en su aplicación por ser el PP el partido que la lleva a cabo, con la enorme libertad de maniobra que su  mayoría absoluta en el Parlamento le otorga.

(Continúa)

06 enero 2012

Un año de libros (2011)

Estos son los libros nuevos (sin contar relecturas) que leí este año:
  • Traficantes de información - Pascual Serrano. Un ensayo imprescindible para conocer el monopolio mediático que ejercen unas cuantas empresas en nuestro país, sus interrelaciones y sus relaciones con el mundo de la banca. Sólo conociendo quién está detrás de la información que nos llega podemos empezar a intentar comprender el mundo.
  • La imagen. Análisis y representación de la realidad - R. Aparici, A. G. Matilla, S. Osuna, J. Fernández. Un ensayo tremendamente valioso en el que se ofrecen algunas de las claves que se deben tener en cuenta para poder interpretar críticamente las imágenes audiovisuales que nos bombardean, así como su papel fundamental como representación (ideológica, siempre ideológica) de la realidad.
  • Desinformación - Pascual Serrano. Otro ensayo de este periodista que lleva años denunciando las miserias de los grandes medios de comunicación españoles. Con una estructura que bebe del ya clásico Los Guardianes de la libertad de Chomsky y Herman, analiza cómo se (re)construye y se conforma la opinión publica española sobre diferentes asuntos nacionales e internacionales. Muy valioso para evitar posiciones acomodaticias sobre temas controvertidos.
  • Comunicación y poder - Manuel Castells. Obra (ya) de referencia de un sociólogo muy prestigioso. Se trata de un ensayo (tochaco) que analiza rigurosamente pero de manera accesible los cambios que se están produciendo en el mundo de la comunicación social, haciendo hincapié en la importancia de lo que él llama autocomunicación de masas, es decir, el uso de las redes sociales e Internet en general por parte de unos ciudadanos dispuestos a convertirse en protagonistas y no sólo receptores de la comunicación. ¿Excesivamente optimista en relación a su potencial?
  • El documental- Jean Breschand. Ensayo sobre del documental que repasa la historia y las diferentes posibilidades que ofrece este género a través de algunas de sus figuras más relevantes.
  • Desvíos de lo real: el cine de no ficción - Antonio Weinrichter. Complementario al ensayo anterior, el autor en este caso se centra e identificar qué cine documental se ha hecho y se está haciendo a partir de la tesis de que dentro de este tipo de cine fronterizo es donde se respira mayor libertad formal y temática para desarrollar nuevas ideas y cambiar los presupuestos desde los que se crea.
  • Configuración y gestión de plataformas virtuales - Sara Osuna. Una especie de manual de instrucciones para comprender el sustrato en el que se asientan las plataformas virtuales de la red, tanto las oficialmente educativas como las otras. Con un enfoque decididamente constructivista expone someramente las teorías pedagógicas y del aprendizaje más importantes, a partir de las cuales se diseñan estas plataformas, centrándose en el papel final del usuario: su capacidad para construir conocimientos, para ser tan sólo un receptor pasivo, su lugar jerárquico en ellas…
  • ¡Indignaos!- Stephane Hessel. El que se convirtió en panfleto viral de este año es un librito sumamente intrascendente, carente de ideas brillantes o alternativas creíbles, aunque la intención con la que fue escrito resulte loable y necesaria. Su gran acierto: el título, ya que sintetiza a la perfección el sentimiento colectivo de una ciudadanía hastiada de vivir con el miedo en el cuerpo y someterse gustosa a una asunción de culpas que se resiste a aceptar.
  • Michael Haneke: la disparidad de lo trágico - Juan A. Hernández Les. Un estudio sobre el cine de uno de los directores que más me ha impactado en los últimos años. Más allá de los convencionalismos típicos de este tipo de obras, el autor consigue aportar personalidad y hondura a sus opiniones haciendo que su lectura tenga valor por sí misma, más allá de Haneke.
  • Richard Yates - Tao Lin. El autor se embarca en la descripción de la nueva banalidad de las relaciones de la adolescencia y la juventud actual con las redes sociales como marco necesario y decisivo de las mismas. A alguien le leí que uno de los grandes aciertos de esta novela era también hacer visible la miseria y futilidad de los pensamientos que nos asaltan a cada segundo en nuestras cabezas. Estoy absolutamente de acuerdo. Una novela extraña que ha despertado demasiadas filias y fobias predeterminadas por las guerras de trincheras literarias.
  • Historias de cronopios y de famas - Julio Cortázar. Leer a Cortázar de nuevo es comprobar cómo mantiene su frescura y su vigencia. Qué más se puede decir a estas alturas que no se haya dicho ya sobre él. Algunos de los cuentos son maravillosos.
  • Las pseudociencias… ¡vaya timo! - Mario Bunge. Colección de artículos del filósofo argentino en los que describe y desmonta diferentes formas de pensamiento mágico mediante una delimitación más estricta de lo que debe ser considerado ciencia. Los artículos, escritos a lo largo varias décadas, son un tanto redundantes entre sí pero no por ello deja de ser recomendable su lectura.
  • Sonríe o muere, la trampa del pensamiento positivo - Bárbara Ehrenreich. Ensayo divulgativo que trata de criticar esa corriente de pensamiento positivo que arrasa en EEUU, que se ha extendido también por Europa y que se utiliza como elemento represor de quejas sociales y laborales. Su gran valor es defender el derecho al cabreo. Defiende la necesidad de un análisis crítico y racional de las situaciones personales para poder encontrar solución a los problemas, alejándose de interpretaciones meramente personalistas en una sociedad donde todo los que nos rodea también no termina determinando.
  • Alma - Javier Moreno. Utilizando esa manera de escribir totalitaria, cortante y descriptiva del Autorretrato de Levé, la novela se desliza hacia nuevos territorios que rompen las fronteras clásicas que delimitaban los espacios de la intimidad, ahondando en una sobreexposición del yo, leitmotiv de nuestra época. Se termina convirtiendo en una novela que crece con el tiempo en la memoria. Muy recomendable.
  • Pantallas depredadoras: el cine ante la cultura audiovisual - Varios autores. Una serie de artículos que intentan interpretar las nuevas formas de evolución del cine en esta época digital. Mutaciones y variantes que hacen que muchas de las creaciones que se realizan  entren difícilmente dentro de las categorías clásicas e incluso que puedan ser interpretadas bajo los antiguos paradigmas. Interesante aunque necesariamente irregular.
  • Profesores indignados - Fernando Gil Villa. Un panfletillo oportunista que utiliza el manoseado término indignado para criticar superficialmente el estado de la Universidad española y plantear patéticas formas de resistencia pasiva, consistentes básicamente en trabajar lo menos posible y atender a las obligaciones impuestas de manera dócil pero sin compromiso. Destila ese espíritu rancio y detestable de lo peor del funcionariado, ése que suele ser utilizado de manera indiscriminada contra un colectivo fundamental de nuestra sociedad.
  • El hacedor (de Borges), remake - Agustín Fernández Mallo. Terrible. No hay por donde coger esta colección de sandeces pretendidamente ingeniosas. Fernández Mallo hace mucho que no escribe nada que me interese y salvo algún relato que se puede salvar del naufragio el resto es de una inanidad estremecedora.
  • Mala ciencia - Ben Goldacre. Una ensayo espléndido e imprescindible para culturizar científicamente a esa gran masa social que cree vivir de espaldas a la ciencia, sólo para ser engañada en cuanto se convierte en objetivo de las agresivas campañas de productos que venden milagros científicamente “comprobados”. Está centrado principalmente en el mundo de la medicina y por ende en el uso engañoso y peligroso de los complementos dietéticos, la homeopatía, etc. Denuncia las campañas antivacunación y el uso fraudulento de la estadística para asegurar resultados “clínicamente probados”
  • Tocarnos la cara - Belén Gopegui. Una de las novelas menores de la autora. Engancha y sumerge al lector en el mundo del teatro alternativo con pretensiones de cambiar el mundo. Con personajes creíbles y muy humanos, la novela deja el sabor agridulce de una realidad que siempre se impone sobre los sueños y anhelos.
  • Neoliberalismo, una breve introducción - Manfre B. Steger y Ravi K. Roy. Ensayo que muestra las diferentes maneras en las que los principios neoliberales han sido puestos en práctica en las últimas décadas a escala internacional. Más de allá de utopías teóricas y planteamientos estéticos, la realidad muestra con contundencia a quién beneficia la aplicación de estas ideas y quiénes son siempre los más perjudicados.
  • Mutaciones del cine contemporáneo - Jonathan Rosenbaum y Adrian Martin (coord.). Curioso ensayo que recoge las relaciones epistolares entre diferentes críticos cinéfilos de diferentes partes del mundo, a través de las cuales nos muestran sus filias y sus fobias e intentan aclarar los nuevos caminos por los que transita el cine en la actualidad, fuera de los márgenes habituales de la industria.
  • Matadero 5 - Kurt Vonnegut. Descacharrante, insólita, fresca y en algunas ocasiones surrealista novela de culto que no ha perdido un ápice de su frescura con los años, manteniendo intacta su potencia como crítica antibélica y como crítica social.
  • La casta - Daniel Montero. Intrascendente ensayito, pésimamente escrito, que sirve para recordar las relaciones putrefactas de los políticos a la hora de colocarse a sí mismos y sus familiares y afines en diferentes puestos de las diferentes administraciones. Deja mal cuerpo pero no descubre nada que no sepamos y tampoco plantea ninguna alternativa o solución.
  • Estética del cine- Jacques Aumont, Alain Bergala, Michael Marie, Marc Vernet. Ensayo sesudo sobre el lenguaje cinematográfico, centrándose en los aspectos técnicos y la ideología que conllevan en la construcción de significado. Por momentos excesivamente árido.
  • Discurso sobre la servidumbre voluntaria- Etienne de La Boétie. Obra clásica que analiza y critica las razones por las que la masa termina optando gustosamente por la sumisión al poder antes que por la responsabilidad en el ejercicio de su libertad. Brillante.
  • Mystere marker: pasajes en la obre de Chris Marker - María Luisa Ortega y Antonio Weinrichter (editores). Ensayo construido a través de diferentes aportaciones críticas que analizan la obra de ese artista audiovisual que es Marker. La visión de sus obras se complementa a la perfección con este primer acercamiento teórico superficial al análisis de sus películas y documentales.
  • El país del miedo - Isaac Rosa. Asombrosa y exhaustiva disección de los miedos que acosan a un ciudadano occidental de clase media Es elogiable el esfuerzo del autor en una labor que se puede catalogar de científica. El problema es que se trata de una novela, no un ensayo, y como tal, su propia estructura imposibilita la evolución de unos personajes que se muestran planos y acartonados, sin aristas, bidimensionales, clichés arquetípicos que empobrecen el escrito. La lectura termina siendo un tostón. Una pena.
  • La conexión Williams- Spielberg- Varios autores. Una a una son analizadas las bandas sonoras que el genio de John Williams ha construido para ilustrar y realzar las películas de Spielberg. La lectura de las características de cada una de ellas es un paseo interior por una parte muy feliz de mi adolescencia en la que estas músicas consiguieron emocionarme como pocas cosas posteriormente han conseguido. Emocionante.
  • Moro - Daniel Ruiz García. Las primeras páginas nos embarcan en una patera repleta de personas que en la oscuridad de la noche arriesgan su vida, en aguas del Estrecho, en busca de una oportunidad para mejorar sus vidas. La descripción de ese viaje infernal es de lo mejor que ha escrito el autor y seguramente lo más emocionante que he leído este año. Posteriormente, la novela se decanta por un relato más periodístico que expresionista que narra el ascenso de Hassan, el moro del título, dentro de un mundo sórdido donde deja de haber espacio para principios morales. Muy recomendable.
  • Algo va mal - Tony Judt. Un ensayo urgente que más que tratar de profundizar en la crisis y sus consecuencias recuerda al lector los logros fundamentales que las socialdemocracias han conseguido a través de la implantación de los estados de bienestar, incidiendo por tanto en lo que no debemos perder. De lectura amena y sin dejar de señalar las incoherencias y defectos de estos estados de bienestar, incide en una idea que se antoja fundamental: en este momento histórico la izquierda, más que revolucionaria, debe hacerse conservadora, para poder preservar en estos tiempos de crisis y de tsunami neoliberal los derechos sociales adquiridos durante las décadas anteriores
  • Razones para la rebeldía- Guillermo Toledo y Pascual Serrano. Una larga entrevista-monólogo donde el actor expresa lo que piensa sobre asuntos sociales, económicos y políticos, de manera sencilla, nada pretenciosa y desde la humildad del activista que se sabe señalado por su popularidad mediática. Resulta interesante comparar esta falta de ganas de protagonismo que muestra el personaje y la naturalidad con la que expresa sus ideas con la imagen que de él han ido construyendo los medios de comunicación de masa de este país.
  • Hay alternativas - Vincenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón. Ensayo económico escrito con urgencia y tensión que expone las alternativas económicas que la izquierda real plantea al dogma neoliberal que nos envuelve. Publicado en papel y distribuido gratuitamente a través de la red, es un texto de enorme utilidad para despistados que aún creen que la economía hay que entenderla como ciencia exacta y no como ciencia social, sujeta siempre con mayor facilidad a los vaivenes de la ideología.
  • El oficinista- Guillermo Sacomano. Corta, intensa y agria novela. Las desventuras de un oficinista en una sociedad futurista que se encuentra a la vuelta de la esquina de tu calle. Deja poso. Incomoda a ratos. Recomendable
  • Las series de ficción en la era de la Post-TV- Enric Ros. Ameno ensayo que profundiza de manera (pretendidamente) caótica en el mundo de las series de televisión (norteamericanas). Escrito por un guionista apasionado por estas nuevas-viejas formas de relatos de ficción por entregas, transmite pasión y conocimiento. Por otro lado sirve para empezar de nuevo a delimitar con precisión las fronteras entre cine y televisión, tras unos años donde las series televisivas se han convertido para muchos en el paradigma audiovisual por excelencia..
  • El mapa y el territorio - Michel Houllebecq. Aunque la novela es atractiva y engancha al lector no alcanza, en mi opinión, los niveles de sus otras obras.  De estructura más clásica aunque no por ello menos subjetiva, se introduce en el mundo de la crítica del arte para aportar su visión al tiempo que el autor se autoimpone como personaje en un extraño desdoblamiento con el que parece reivindicar su humanidad.
  • Miedo - Carlo Mongardini. Un interesante ensayo que analiza el miedo como una de las emociones fundamentales en la conformación de la sociedad. Relaciona lo racional con la civilización y la cultura mientras considera el miedo como la emoción  que se erige en motor social en aquellas épocas donde la civilización y la cultura entran en decadencia.
  • Vivir y morir en LavapiésJosé Ángel Barrueco. Narración construida a través de estampas que muestran un día cualquiera en el barrio madrileño de Lavapiés. El autor construye un mundo coral rico en matices que recoge el espíritu del barrio mediante un montaje acelerado que le otorga una gran dinamismo, aunque el precio a pagar sea una notable falta de profundidad. Pierde algo de interés con el paso de las páginas.

01 enero 2012

Un año de cine (2011)

Éstas son las películas nuevas (no tengo en cuenta las revisiones) que vi durante el año que acaba de finalizar. No ha sido una mala cosecha. Aclaro, mediante la palabra cine, las que vi en pantalla grande. Están ordenadas cronológicamente según las vi.
  • Yo (2007) - ­Rafa Cortés. Una de esas rarezas del cine español que nunca ven los que sólo lo critican. Extraña e interesante. A ratos perturbadora y en general irregular.
  • Balada triste de trompeta (2010) - Álex de la Iglesia (cine). Sus títulos de apertura son de lo mejor que he visto en mucho tiempo: impactantes e informativos. La película es un desfase visual y argumental que atrae precisamente por ese exceso radical, lo que permite no tener tan en cuenta sus defectos. Lo mejor del director desde El día de la bestia.
  • Sospechosos habituales (1995) - Bryan Singer. Tras muchos años escuchando halagos sobre esta película sólo me deja un buen regusto y algunas excelentes interpretaciones. No me convencen en general los guiones tramposos. Éste tampoco.
  • También la lluvia (2010) - Iciair Bollaín (cine). El planteamiento es interesante e incluso atractivo. Tras los primeros tres cuartos de hora la película se transforma en una cosa ñoña y meliflua. Inaguantable y a ratos patética. Una pena.
  • Cisne negro (2010) - Darren Aranofsky (cine). Inquietante, perturbadora, malsana. Muchos lazos en común con La pianista de Haneke pero con personalidad propia. La locura trasciende la pantalla y te hace participar en ella. De lo mejor que vi este esta año.
  • Valor de ley (2010) - Hermanos Cohen (cine). Innecesaria, aburrida, intrascendente. Se toma demasiado en serio a sí misma. A medida que los Cohen ganan en prestigio a mí me aburren más sus películas.
  • El séptimo continente (1989) - Michael Haneke. Opera prima del director. Su retrato de esa familia que toma una decisión irreversible y la ejecuta con aséptica precisión es demoledor. Metáfora del vacío existencial de una sociedad perdida que no encuentra ningún ancla mediante la que sostenerse.
  • Incendies (2010)- Denis Villeneuve (cine). Narrada de manera fragmentaria, aunque no por eso carente de una linealidad argumental que obliga al espectador a reconstruir constantemente. Contiene secuencias que permanecen en la memoria pero termina convirtiéndose en  un dramón con tintes de culebrón que oscurece sus otras virtudes. Sigo sin cogerle el punto a una de las películas más celebradas de este año.
  • Pa negre (2010) - Agustí Villaronga. Excelente película catalana que aunque enmarcada en la época de la posguerra española, huye de los arquetipos y clichés más viciados del cine español para construir una poderosa historia que atrapa completamente al espectador. Muy recomendable.
  • El video de Benny (1992) - Michael Haneke. Terrorífica reflexión sobre la insensibilización a la violencia que genera su uso indiscriminado a través de la televisión. Imprescindible.
  • Inside job (2010) - Charles Fergurson (cine). Documental (manipulador, como todos) que muestra de manera desenfadada las causas más evidentes de la crisis, así como señala a algunos de sus culpables más directos. Interesante pero irrelevante, como muestra el día a día de la política y la economía en Occidente.
  • 71 fragmentos de una cronología del azar (1994) - Michael Haneke. Seguramente la más interesante y profunda de todas las películas fragmentarias de montaje no lineal que yo haya visto, porque trasciende lo emocional de otras para ir más allá en el análisis social.
  • La pianista (2001) - Michael Haneke. Una de las obras capitales de Haneke. Tal vez la más enfermiza de sus creaciones. Atrae y repele al tiempo, te deja atrapado en el sofá y difícilmente se va de la cabeza. Imprescindible
  • Skyline (2010) - Colin y Greg Strause. Los efectos especiales son realmente buenos, creíbles y frescos. El resto….ah, ¿pero era una película? Eso parecía. De ciencia ficción, dicen. No queda claro si son los humanos o los aliens los personajes creados por ordenador, porque es difícil creer que eso humanos planos, acartonados y patéticamente arquetípicos son actores de carne y hueso
  • Primavera, verano, otoño, invierno.. y primavera (2003) - Kim Ki Duk. Bonita pero tremendamente cansina. Pretenciosa y conservadora. Decepcionante.
  • No controles (2010) - Borja Cobeaga. Comedia española simpática, sin pretensiones. Para pasar el rato y disfrutar del gran Julián López como Juan Carlitros
  • Los cronocrímenes (2007) - Nacho Vigalondo. Un experimento sorprendente que termina enganchando. Mantiene el pulso y vuelve a poner encima de la mesas las paradojas habituales relacionadas con los viajes en el tiempo.
  • Código fuente (2011) - Duncan Jones (cine). Después de que me encantara la ópera prima de este director (Moon) esta película fue una decepción. Las aventuras del protagonista del día de la marmota intentando evitar una catástrofe, terminan siendo  reiterativas y aburridas. La resolución del conflicto no sorprende. Terminé de la guapa coprotagonista y su sonrisa melindrosa hasta los cojones.
  • Todas las canciones hablan de mí (2010) - Jonás Trueba. Ópera prima del hijo de Fernando Trueba. Película pequeña, sin pretensiones, introspectiva y reflexiva. Se agradece el tono desenfadado, ya que el material podía haberse convertido en el típico dramón. Los personajes están bien construidos y el relato en su conjunto termina siendo de alguna manera un retrato generacional
  • Jesus camp (2006) - Heidi Ewing y Rachel Grady. Retrato aterrador de esa otra América, la que sólo intuimos, la profunda, analfabeta, conservadora y religiosa. La descubrimos a través de los campamentos de iniciación para niños que sirven para ejecutar singulares lavados de cabeza y articular en sus mentes una manera monstruosa de entender la religión y la presencia divina. Un documental muy recomendable.
  • Serpico (1973) - Sidney Lumet. Parece increíble que en los 70 este cine fuera el paradigma en Hollywood. Interesante, sin llegar a entusiasmar. Retrato social con calado político de la corrupción policial, como casi es imposible encontrar hoy en el cine americano.
  • Carretera perdida (1997) - David Lynch. Una barbaridad de película, repleta de giros extraños y apasionantes. Un viaje al fondo de una mente perturbada. Hermosa e inquietante.
  • El nuevo mundo (2005) - Terrence Malik. Tal vez la película que menos me haya interesado de Malik. Aún así es una excelente obra que describe como ninguna otra antes, sin artificios ni impostura, la imposible integración en culturas ajenas y el penoso precio que se paga por ello.
  • Medianoche en París (2011) - Woody Allen (cine). Se va cayendo en mi memoria a medida que pasan los meses. Allen consigue la sonrisa, como siempre, pero el uso de personajes famosos de la cultura de los años 20 es más bien forzado y repleto de clichés. Prescindible.
  • Primos (2011) - Daniel Sánchez Arévalo. Comedia agridulce de uno de los directores españoles más interesantes de los últimos años. Algunas interpretaciones son fabulosas y te deja un regusto extraño. En ella resuenan los ecos de esa extraordinaria película que es Beautiful girls.
  • 1997: Rescate en Nueva York (1981) - John Carpenter. Canalla y fresca. Cine de otra época, con aroma a videoclub y sesión de tarde de verano con amigos. Snake es un personaje que permanece en la memoria. Heredero directo de algunos de los protagonistas de las películas de Howard Hawks.
  • Transformers (2007) - Michael Bay. El polo opuesto de lo dicho anteriormente. Un truño infumable, una sucesión de despropósitos sin sentido. Narrativa y visualmente confusa sin pretenderlo y sin que tenga algún tipo de significado. Aún teniendo perfectamente presente lo que se puede esperar de este tipo de cine esta película resulta infame. Aquellos a los que les haya gustado deben hacérselo mirar. Empecé la segunda parte y la tuve que quitar a los diez minutos.Y no es algo que suela hacer.
  • Tron legacy (2010) - Joseph Kosonski. Sólo diré una cosa: consigue que la original resulte apasionante. Y durante años se ha alabado la inventiva visual de la primera Tron pero se le ha achacado (con razón) que era mortalmente aburrida. Pues eso.
  • 2013: Rescate en LA (1996) - John Carpenter. Todas las virtudes de la original desaparecen, sólo que da la reiteración de situaciones y el mismo personaje que sin evolucionar se mueve de manera cansina dentro ellas. Prescindible.
  • Diamantes de sangre (2006) - Edward Zwick. Con un planteamiento interesante que alude al tráfico de diamantes, la película se autodestruye en minutos quedando convertida en un inverosímil y coñazo viaje redentor del personaje que interpreta Di Caprio. Una cosa lacrimosa y deplorable.
  • Camino a la libertad (2010) - Peter Weir. De un director que ha hecho tantas y tan espléndidas películas en las que las emociones humanas son tratadas con delicadeza y profundidad, sorprende que los personajes sean tan planos y la falta de emoción de esta historia. Siempre queda disfrutar de sus extraordinarios paisajes.
  • Monsters (2010) - Gareth Edward. Cine independiente de ciencia ficción que intenta aportar otra visión (más intimista) al género, a través del viaje de una pareja de desconocidos por un territorio de la Tierra desolado e invadido por aliens que casi nunca se ven. Aburrida y con moralina final.
  • El desprecio (1963) - Jean Luc Godard. Excelente película de un Godard en plena forma al que se denosta por costumbre, casi de manera maniática. Siempre he sospechado que muchos de los que lo hacen apenas han visto alguna película suya. Extraordinario montaje, emocionante homenaje a Fritz Lang e inolvidable secuencia en la que la pareja protagonista habla y discute mientras ambos caminan por todos los recovecos de su pequeño piso. Un alarde técnico pocas veces igualado.
  • Winter´s bone (2011) - Debra Granick. Otra muestra más de ese cine independiente que triunfa desde hace años en Sundance. Mucha miseria, mucho drama, mucho sufrimiento, sin que el conjunto termine de convencer. Lo mejor: el ambiente rural, depresivo y empobrecido de una América boscosa que no es la que vemos habitualmente.
  • Franklyn (2008) - Gerard McMorrow. Fallida y decepcionante muestra de cine fantástico donde resuenan con fuerza los ecos de otras películas como Dark City. Su puesta en escena es espectacular pero la historia decae en pocos minutos porque se sustenta en una trama sin interés y sin gancho. Mantiene puntos de contacto interesantes de analizar con Suker Punch, otra película que vi este año. Prescindible.
  • Los tres días del cóndor (1975) - Sidney Pollack. Cine político, de ritmo pausado pero eficaz, con  buenas interpretaciones. El conjunto no termina de funcionar y la historia decae por momentos. Además contiene uno de los peores polvos de la historia del cine.
  • Next (2007) - Lee Tamahori. Con los años habrá que asumir que las ideas de Philip K. Dick no han hecho demasiado por el cine. O que el cine ha sido muy descuidado con la fértil imaginación de este escritor. Otra buena idea tirada a la basura. Interpretación penosa de Cage, nula personalidad en la puesta en escena y en la dirección y aburrimiento continuo desde el minuto diez. Ah, y por supuesto otro papel de mujer florero, histérica y llorona, con los que Hollywood honra a la mujeres.
  • El hombre de al lado (2010) - Mariano Cohn y Gastón Duprat (cine). Los directores debieron entusiasmarse tanto con su original idea de construir una película en torno a ese vecino inaguantable, raro y peligroso que todos hemos tenido alguna vez que se olvidaron de construir una trama que la sustentara. Termina siendo reiterativa y tediosa, dando vueltas en círculo sin llegar a ningún sitio. Le sobra metraje y apenas llega a los 100 minutos.
  • Una historia de violencia (2005) - David Cronenberg. Potente relato cinematográfico, con personajes fuertes perfilados con cincel, que sorprende y engancha, dejando un muy buen sabor de boca.
  • Promesas del este (2007) - David Cronenberg. Cronenberg quiso repetir la jugada sin obtener los mismos resultados. Aunque los personajes interesan, la historia está muy vista, aporta pocas novedades y está mal desarrollada y resuelta. Defrauda.
  • Sans Soleil (1982) - Chris Marker. Estamos hablando de otro cine, marginal, que se hace en las orillas del cine que habitualmente consumimos y que hay que ver desde otras coordenadas, bajo otro paradigma. Cine documental sin ínfulas de objetividad, personalista y poético. Emociona y conmueve. Y uno no sabe bien por qué.
  • Super8 (2011) - J.J. Abrams. Reivindicación de un cine que se fue para no volver. Aunque se suele hablar de homenaje y revisitación de un cine muy particular y hoy desaparecido, es también una reflexión metacinematográfica sobre ese cine ingenuo de los 80.
  • Les astronauts (1959) - Walerian Borowczyk y Chris Marker. Corto construido a través de un fotomontaje de extraordinaria originalidad. Seduce y atrapa.
  • El año pasado en Marienbad (1960) - Alain Resnais. Cine con mayúsculas que introduce al espectador en un laberinto onírico de salas, pasillos, espejos y personajes extraños. El silencio perturba tanto como la átona y redundante voz en off. El resultado es una de las películas más misteriosas, inextricables y fascinantes de la historia del cine
  • Conan el bárbaro (2011) - Marcus Nispel (cine). Era inevitable que la viera. Era inevitable que no me gustara. Nispel reconstruye de manera certera los escenarios y el ambiente de la edad Hiboria y también acierta al no reducir la violencia del mundo de Conan. Pero de nuevo, como tantas veces sucede en el cine americano, se le olvidó que hay que contar algo, una historia que emocione e interese. Un detalle: cuando para construir un guión simple como el de Conan veo a tres guionistas acreditados como tales, empiezo a temblar.
  • Palíndromos (2005) - Todd Solonz. Este tío parece sacado de otro planeta. Su visión del mundo no es la de un humano normal. Hipnótica y por momentos desagradable la película nos muestra una de las familias más inquietantes de la historia del cine: la formada por una serie de niños freaks (adoptados por una pareja modélica y compasiva) que han montado un grupo de rock cristiano; mientras sus padres confabulan para matar a un médico abortista.
  • El origen del planeta de los simios (2011) - Rupert Wyatt (cine). Alguien lo definió con mucha gracia como “el puto drama de un puto mono”. Más allá de esto lo cierto es que extrañamente la película funciona medianamente bien, incluso su metáfora social es transmitida con cierta inteligencia, por lo que sirve como revulsivo a una saga ya clásica. El rol de la mujer coprotagonista es vomitivo. Si se la compara con los monos éstos tienen mucha más personalidad y profundidad que ella aún cuando no son capaces de hablar y pensar. Sirve para mostrar una vez más como trata en este tipo de cine de Hollywood a la mujer.
  • El árbol de la vida (2011)- Terrence Malik (cine) Una de las películas acontecimiento del año. Odiada y amada por igual, defendida virulentamente por gafapastas mientras es atacada por analfabetos funcionales que se han acostumbrado a relatos en los que no tienen que pensar. Reconozco que en mi caso me dejó algo frío. Pero aún así permanece con fuerza en mi memoria por sus múltiples aciertos, visuales y narrativos, además de porque supone una experiencia cinematográfica de otro nivel. Tiene puntos de conexión con ese cine espiritual con ansias de trascendencia, que roza lo religioso, de Tarkovski, pero no alcanza su nivel.
  • No hay paz para los malvados (2011) - Enrique Urbizu (cine). Cine español de género, de calidad, con un personaje central interpretado por un inmenso José Coronado que demuestra que el problema de los actores suele ser el nivel infumable de los papeles que les dan. Más allá del ritmo lento de la historia y de ciertas incoherencias en la trama, permanecerá en el tiempo por habernos descubierto un personaje inolvidable: Santos Trinidad.
  • Piratas del caribe 4: en mareas misteriosas (2011) - Rob Marshall. Una pérdida absoluta de tiempo. Una pena que un personaje tan fresco, simpático y sorprendente como Jack Sparrow termine siendo una caricatura de sí mismo, aburrido y forzado, mientras a su alrededor las películas de la saga se llenan cada vez de más ruido, más explosiones y  más efectos especiales tratando de paliar el desastre sin conseguirlo.
  • La leyenda del tiempo (2006) - Isaki Lacuesta. Un tipo a seguir. Cineasta español que utiliza el cine documental como manera de expresión artística. Aquí consigue un retrato muy personal y conmovedor de un chaval gitano que no quiere cantar flamenco como muestra de respeto a su padre muerto y de una japonesa obsesionada con Camarón que viaja a España para conseguir su sueño de cantar como él. Hermosa.
  • Somewhere (2011) - Sofía Coppola (cine). Una vuelta al cine intimista que llevó a la directora a la fama. Una película sin pretensiones y pequeña que sorprende, ya que bajo su apariencia de superficialidad y trivialidad esconde una gran humanidad. Espléndida la niña.
  • Thor (2011) - Kenneth Branagh. En serio… ¿Por qué termino siempre viendo este tipo de bazofias?
  • Aelita (1924) - Yakov Protazanov. Rareza rusa en la que, bajo una capa de rancio didactismo comunista enfocado a comprometer a las masas en su proyecto colectivo sin permitirle la realización personal, late una historia fantástica de ciencia ficción sobre el poder y los que sufren su dominio (con puntos de conexión con Metrópolis de Fritz Lang) que se desarrolla en el planeta Marte, en unos decorados y con un vestuario fabricados sobre las bases del constructivismo y el futurismo.
  • Sucker Punch (2011) - Zack Snyder. Fallida pero por momentos hipnótica película del director de 300, que prosigue su búsqueda del impacto visual a través de mundos de fantasía cercanos al cómic y mediante el uso de un  montaje espectacular que acelera y ralentiza a su antojo. Su estructura argumental, excesivamente simple más allá de el planteamiento onírico de la historia, termina aburriendo pero la secuencia inicial la vería una y otra vez por lo que seduce y atrae
  • Tintín (2011) - Steven Spielberg (cine). Al final Spielberg siempre consigue arrastrarme al cine. Un problema de costumbres. Al menos esta vez se limita tan sólo a construir un entretenimiento sin más pretensiones, usando su enorme pericia como director de corte clásico. A ratos brillante y a ratos algo aburrida, la película termina siendo un deslumbrante artefacto cinematográfico sin alma y enormemente intrascendente.
  • Contagio (2011) - Steven Soderbergh (cine). Cine frío, aséptico, intencionadamente desapasionado, sin ninguna concesión al melodrama. Rodada con la habitual elegancia del director, la película intenta recrear de manera convincente las consecuencias sociales de una epidemia global en la actualidad. Está construida sobre una serie de personajes (sin conexión prácticamente entre ellos) a través de los que se consigue construir una foto en movimiento de las distintas etapas del contagio. Funciona por contraposición a tantas otras películas de este subgénero que suelen caer en una sobreexposición del drama y las emociones humanas.
  • Eva (2011) - Kike Mallo (cine). Con reminiscencias a Eduardo Manostijeras  (incluso en los hermosos títulos de apertura) termina resultando insustancial por la indefinición a la hora de elegir los posibles caminos que el drama plantea. Algunos personajes deambulan por la pantalla de manera patética sin saber muy bien qué hacen por allí. La niña está espléndida y en su personaje también resuenan los ecos de la Portman de Beautiful girls. Una pena porque la película contenía el germen para haberse convertido en una gran película fantástica del cine español.
  • Mulholland drive (2001) - David Lynch. Otra muestra más del genio de Lynch para construir una trama llena de giros y revueltas donde nada es lo que parece, mientras el espectador asiste a una sinfonía de imágenes surrealistas de las que no puede despegar la mirada. Las actrices están espléndidas.
  • Un dios salvaje (2011) - Roman Polanski (cine). Película sin pulso con evidentes puntos de contactos con El ángel exterminador de Buñuel. Se sostiene gracias a la interpretación de unos actores estupendos que intentan mantener en pie una película endeble que no llega a donde promete y en la que no se reconoce a Polanski en ningún momento.
  • Adiós muchachos (1987) - Louis Malle. Emocionante e intenso retrato (autobiográfico) de los años escolares franceses durante  la ocupación nazi. Conmovedora. Una joya.
  • La regla del juego (1938) - Jean Renoir. Retrato ácido en clave de comedia de esa parte de la sociedad (rica) que vive despreocupadamente la vida gracias a su posición social. No ha perdido vigencia y, sin grandilocuentes discursos, dispara cargas de profundidad a la línea de flotación del sistema de castas sociales burgués occidental.
  • In time (2011) - Andrew Niccol (cine). Reconozco que Niccol s un tipo que me cae muy bien. Su carrera es casi impecable. Sin ser un grande, es un autor que construye su propio cine, siempre crítico socialmente pero envuelto bajo una capa de cine comercial. La película es una distopía que parte de un planteamiento subversivo y claramente anticapitalista aunque termina degenerando en una película tipo Bonnie and Clyde de poco interés. Aún así deja cositas de interés en el recuerdo.
  • Rango (2011) - Gore Verbisnki. Excelente película de animación. Un homenaje entrañable y respetuoso a todos los iconos del western al tiempo que se narra una historia original. Se agradece el feísmo de los bichos y la excelente banda sonora de Hans Zimmer.
  • Attack the block (2011) - Joe Cornish (cine). Una vuelta de tuerca consciente y canalla a ET y reverso (tenebroso) de Super8. Entretiene, subvierte los códigos del género aún respetándolos y construye personajes con aristas. Un acierto. Recomendable.
  • Simone (2002) - Andrew Niccol. Una visión más dura de lo que a primera vista parece del cine de Hollywood en general, focalizándose en el mundo de los actores-estrella y en la vanidad mal llevada de los directores-creadores. Le falta consistencia (uno de los defectos del cine de Niccol) pero tiene momentos (como el del corto) realmente fantásticos.
  • The artist (2011) - Michel Hazanavicius (cine). La película de la que todo el mundo habla. Cine mudo y en blanco y negro, con ritmo. Un artefacto de precisión donde todo está calculado al milímetro para epatar a cinéfilos pendientes de sus evidentes guiños a las más famosas películas. A mí me dejó más bien frío. Me parece una película menor, un entretenimiento banal, con un discurso más conservador de lo que a primera vista parece.
  • Black death (2010) - Christopher Smith. Película directamente estrenada en DVD en nuestro país. Su historia se desarrolla en la época medieval, durante los días más duros de la Peste Negra. Uno cree que va a encontrarse con el típico relato de aventuras pero topa con una película extraña, desoladora, que muestra las atroces consecuencias de la ignorancia y el analfabetismo. Rodada con eficacia y pulso firme, su giro final redimensiona toda la historia. Un joyita a descubrir.
  • Las amistades peligrosas (1988) - Stephen Frears. Poderosas interpretaciones en un película suntuosa y decadente que avanza a empujones y se sostiene por la fuerza de sus dos personajes principales.
  • In the loop (2009) - Armando Ianucci. Terrible y demoledora sátira sobre los fontaneros de la política que manejan los hilos del mundo. Su visión te deja una sensación absolutamente agria y desoladora, porque las sonrisas que provoca se mezclan con cierta estupefacción cuando uno se descubre planteándose que mucho de lo que ve, aunque un tanto exagerado, puede estar sucediendo cada día en las más altas instancias.
  • Hasta que llegó su hora (1968) - Sergio Leone. Desmesurada, maravillosa, hipnótica, apabullante y genial. Leone es el primer posmoderno del cine. En su cine (y especialmente en esta película) referencia continuamente a los más grandes del género para homenajearlos y al tiempo subvertir su mensaje. Nadie como Ford había retratado los grandes espacios de Monument Valley  hasta que llegó Leone con esta película. Personajes desgarrados, a los que la civilización alcanza, que ven como su mundo se acaba mientras ajustan cuentas entre ellos.

22 diciembre 2011

Recuerdos de otros tiempos


Siempre fue una noche especial, repleta de expectativas, vivida con ilusión, llena de risas, llena de gritos, llena, repleta de hermanos, nadie más, nada menos. A veces mis recuerdos se deslizan por el territorio espacial y sentimental que reconstruye la incombustible Cuéntame y me encuentro sonriendo ante imágenes sueltas que pululan a su antojo por mi memoria: las siestas preparatorias, el despertar ante el grito ahogado de un pavo que perecía a manos de mi madre ante los ojos horrorizados de mis hermanas, el olor a sabrosa comida que inundaba perezosamente la casa a medida que avanzaba la tarde, el discurso del rey que sentaba a mi madre, frenética durante todo el día, junto a mi padre, que plácidamente fumaba intentando encontrar el detalle que diferenciaba lo dicho ese año de lo dicho el anterior, los hermanos sentados a su alrededor, en silencio, intentando comprender la importancia de esas palabras… Es curioso. Posteriormente, a medida que pasan los años, vamos desapareciendo todos de ese fotograma emocional, lentamente, al tiempo que crecemos, que pasamos a ser adolescentes primero, protoadultos después y ya adultos al final, nos diluimos como en esas elipsis cinematográficas que marcan penosamente el paso del tiempo. Hoy ya sólo queda mi madre, allí sentada, escuchando al rey, mientras los demás huimos a la cocina e intentamos reencontrarnos y reconocernos mediante conversaciones intrascendentes. Lo que una vez fue subversivo hoy es trivial y esa imagen solitaria de mi madre me produce ahora una extraña tristeza. El 24 es la navidad. Siempre lo fue, lo demás era secundario. Ese día, con su noche incorporada, marcaba el principio de una época gozosa, sin clases, con eventos especiales, con normas que alegremente se rompían y la sensación de que el tiempo se dilataba para siempre. Cenábamos y hablábamos. Bueno, en realidad engullíamos y gritábamos… El  tiempo casi todo lo destruye o tergiversa, pero aquellas cenas de navidad donde aún estábamos todos, antes de diásporas y ausencias, voluntarias o desgraciadas, se resisten al olvido. Por ahí siempre anda mi hermano pequeño, Migue, y esas pataditas que nos dábamos bajo la mesa cuando alguna situación nos divertía o advertíamos que alguno de los demás hermanos, debido a su incontinencia verbal, iba a ser el fatal destinatario del comentario irónico o ácido de mi padre. Tras los postres aparecía el champán, el momento tenso del corcho suicida, las copas que entrechocaban y la maquinaria de la limpieza general que se ponía en marcha para poder trasladarnos al salón y disfrutar allí del resto de la velada. Era el momento que más disfrutaba. Había que correr para situarse estratégicamente, alrededor del brasero, mientras la mesa se iba llenando de dulces, bebidas y chucherías, conformando una orgía cromática que hace que aún hoy salive pensando en ello. La cosa empezaba fuerte, las pullas y los puñales de fogueo seguían volando a mi alrededor, mi madre montaba su teatrillo de cada año en torno al cigarro que ceremoniosamente mi padre le entregaba, nosotros la jaleábamos gozosos e incluso a veces, se nos permitió una calada iniciática que nos cogía por sorpresa y nos generaba a los pequeños emoción y nerviosismo. La noche iba avanzando, decayendo, mi padre se iba durmiendo tumbado por la bebida y uno a uno terminábamos desfilando hacia las camas. Los años pasaron, el niño que fui se convirtió en adultescente, el ambiente familiar se enrareció y el  24 de diciembre se convertió cada año en un punto de encuentro incómodo aunque necesario. Las tensiones hacían irrespirable la convivencia familiar, tensiones idiotas que fueron mal gestionadas y que dinamitaron en parte durante años estos encuentros, pero que también marcaron en muchos casos las trayectorias de cada uno de nosotros. Los recuerdos de esa otra época son diferentes. La brecha tal vez la marque la noche del anís. Otro de mis hermanos, Juanma, ya vivía fuera de casa y aquella nochebuena, cuando todos se acostaron, nos quedamos solos, charlando y bebiendo, hasta acabar una botella de anís, que era lo único con alcohol que teníamos a mano. Aquella noche vimos, más allá de las cuatro de la madrugada, ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra. Fue la última vez que recuerdo haber visto una película de Capra y tener la sensación de que estaba viendo algo excelente. Fue la primera nochebuena de muchas otras (fordianas) que se llenaron de whisky y conversación hasta el amanecer.

Me gustan los ritos. Siempre me han gustado, Mantener pequeñas ceremonias que se repiten en el tiempo y a las que acudo sabiendo a priori lo que va a pasar. No suelo ser esclavo de convenciones sociales impuestas desde fuera, pero en cambio sí lo soy de algunas mis obsesiones rituales. Hasta que el paso del tiempo hace imposible mantenerlas. De momento mañana vuelvo a Sevilla. A casa de mi madre. Con mis hermanos, cuñados y sobrinos. A pasar la nochebuena. Faltarán algunos. Demasiados. Mala suerte. Pero yo estaré de nuevo allí. Y me vuelve a apetecer.

14 diciembre 2011

On the road (again)

Hoy estoy fuera del circuito educativo. Me han echado, me han enseñado la puerta de la calle, me han apartado y dejo de ser profesor (de momento) por este año. He de agradecérselo al dúo dinámico madrileño, ése que componen Aguirre y Figar, que están dejando la educación en Madrid como un solar sin esperanza, arrasado, destruido. Y estoy tocado, es cierto. Cómo evitarlo cuando tantos chicos y chicas te despiden con el cariño, el respeto y la lealtad que me han mostrado. Ha sido especial por sorpresivo, lo reconozo. Tan poco tiempo. Sé que algo debo hacer bien cuando recibo todo lo que hoy he recibido. Es lo que me llevo. Tres meses, un trimestre, un pueblo de la sierra de Madrid. Jodido pero contento. Ha sido un placer. Hasta otra. Hasta siempre.

02 diciembre 2011

Criptografía emocional


¿Cuál es el valor de un escritor? ¿Qué significa triunfar? ¿Quién ganó el último premio de esta semana (que nunca leeré)? Los premios, las trincheras, el mundillo literario, la decepción... Entender que es importante, entender que no lo es, comprender la vanidad, comprender la frustración, trasladar el cariño, transmitir la admiración, trascender a la familia, compartir la emoción, desayunar con quien está a punto de dormir… Y qué más da, y qué importante es, y recordar, y recordarle, aquellas líneas metálicas que escribió, hace mucho tiempo, tanto tiempo, y esas otras, perrunas, no hace tanto, la emoción que provocaron, y las que no terminan de convencer, sí, pero están al borde del aplauso, como sólo lo están las que escriben aquellos a los que se les exige porque se sabe lo que pueden ofrecer. Como Dostoievski. Dicen. Los años. Pasan. Conectas con quién antes ni siquiera reparabas. Demasiados obstáculos. Demasiados prejuicios. Mutuos. Los años. Hay gente que merece la pena. El tiempo. La familia. Un abrazo.

28 noviembre 2011

La marea verde resiste

Mañana 29 de noviembre estaremos de nuevo en huelga. Pasan los días. Pasan los meses. Ves como la gente se desinfla a tu alrededor. Ves como algunos de los que más soliviantados estaban hace algunos meses ahora parece que ya nada les molesta. El silencio sobre la huelga de mañana en mi centro es ensordecedor. Llevo días valorándolo, entendiéndolo, analizándolo. Poniendo pequeñas piedras en el camino de algunos compañeros para ver su reacción, para ver cómo sortean el problema, cómo silencian su  capitulación. Porque nada se ha conseguido y por tanto tiene tanto sentido dejar de luchar ahora como no haber empezado en septiembre. Ninguno. Y por tanto la misma calificación me merecen los que abandonan ahora el barco como los que entonces ni siquiera embarcaron. Pero hoy prefiero centrar mi atención en los espartacos. En la resistencia. En los incansables. En lo que no fallan. Tengo la suerte de que varios me rodean, son cercanos, amigos. Y mañana seguirán dando por saco en distintos centros de distintos puntos de la Comunidad de Madrid: Rafa seguirá luchando denodadamente contra todo y contra todos, contra el desánimo que generan los que se quedan atrás y contra la incomprensible incoherencia de tanto profesor melifluo; un Alberto estará presente en espiritu desde Jaén, desde la pausada certeza de seguir haciendo lo que hay que hacer más allá de ruidos y visceralidades; el otro Alberto seguirá siendo el faro que ilumina la pobredumbre de su centro, el profesor que dignifica un claustro cavernario al que se enfrenta sin dar un paso atrás; Manuel superará una vez más su propio derrotismo y seguirá formando parte de las filas de los rebeldes, afirmando tal vez que lo hace por nosotros pero sin comprender que por mucho que lo pretenda no vamos a dejar de pensar que su batalla es la nuestra no sólo por lo emocional, sino también por su propia necesidad de ser coherente y presentar batalla; Fernando, como buen astur, seguirá luchando como hicieron sus ancestros, caminado de frente y sin dudas, riendo mientras cae, cayendo mientras se levanta y levantándose mientras lo vuelven a tirar.

Y también seguirán formando parte de nuestras huestes Laura, Bea, Pilar, Marian, Vanesa, Honorio, Rubén y tantos otros que, aunque no nombre, seguro que persistirán por dignidad y coherencia.

Y por supuesto, Carol y yo

Mañana los fríos números tal vez digan que fracasamos. Pero si miro a mi alrededor seguro que será difícil no sentirme, al menos, orgulloso de estar donde tengo que estar y hacer lo que tengo que hacer.


27 noviembre 2011

Un relato digital: la vida de Cecilia

Hace unos meses, dentro de una de las asignaturas del Máster en Comunicación y Educación en la red, participé en la elaboración del siguiente relato digital. Cada uno de los los componentes del grupo de trabajo (Marga Serrano, Israel Vacas, Amaia Arroyo, Lucía Camarero y yo) se encargó de construir retazos de las distintas etapas de la vida inventada de una científica, futuro premio Nobel, llamada Cecilia Arbesa, a partir de los cuáles se podría intentar conocer su trayectoria vital. No tengo aún bien definida mi opinión sobre este tipo de obras "interactivas" que permiten cierta libertad al receptor a la hora de navegar y dilucidar los itinerarios a tomar. No les encuentro el punto y creo que aunque pueden ser muy estimulantes para los creadores (como fue en nuestro caso) el resultado es más bien superficial y plúmbeo para el receptor que sólo lo "disfruta". En todo caso aquí lo dejo.

Pinchando en la foto se llega a una web que simula el obituario de Cecilia y se encuentra información sobre las cinco etapas de su vida: infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez. Yo me ocupé de la adolescencia utilizando un video y un blog (a los que se accede pinchando en los enlaces que se señalan), aunque la arquitectura básica del relato y de lo que íbamos a plantear se pueden considerar, sin lugar a dudas, una construcción colectiva.


Pd: un saludo a mis compañeros de "relato". Sin ellos (y otros con los que trabajé en otras asignaturas) hubiera sido mucho más complicado superar la primera etapa de este Máster. Ahora, inmerso en la soledad que provoca un TFM (Trabajo de Fin de Máster) que nunca parece que tenga tiempo de empezar, añoro su constante presencia y los ánimos que me infundaban.

19 noviembre 2011

Reflexiones (agrias) para estos tiempos (cutres)

Tiempos cutres.  Una definición perfecta. Un buen amigo, mirando al infinito, y tras un segundo de reflexión, se refería así a los momentos que vivíamos, mientras nos evadíamos de una cansina cháchara discutiendo en voz baja la viabilidad (económica) de tomarnos una segunda copa.
  • Grecia e Italia han mostrado el camino. Tecnocracia, lo llaman. Golpe de Estado de guante blanco, más bien. Al final el pavo éste va a tener razón cuando decía que Goldman Sachs controla el mundo. Así, de repente, tres de sus hombres controlan directamente Grecia, Italia y el BCE. Indirectamente… dejemos volar la imaginación conspiranoica.
  • Una de las consecuencias más importantes de no tener hijos: no tengo tan fácil justificar patéticas decisiones personales que entren en contradicción con mis discursos. Los hijos como gran excusa para no hacer lo que se debe hacer. Seguido muy de cerca por la hipoteca. Y creen que cuela. Y que los tienes que entender. Por los cojones.
  • Veamos el futuro panorama televisivo de Madrid: TVE (en manos del PP… ¿Volverán Urdaci y Buruaga? ¿O se traerán a Nacho Villa desde Castilla La Mancha?), Antena3 (su directora de informativos está casada con Piqué, antiguo ministro de Aznar, y la empresa matriz edita La Razón…¿Hace falta saber más?), T5 y Cuatro (en manos de uno de los mayores crápulas de las últimas décadas, representante real de la esencia del capitalismo: “todo para mí y que se jodan los demás”), La Sexta (que tras las elecciones le quedarán dos telediarios. Pretende pasar por crítica y de izquierda porque hace humor con los tópicos más tontos de la derecha liberal y conservadora. Con qué poco se conforman algunos), Intereconomía (la caverna: delirante, ridícula, extremadamente nociva), Telemadrid (bastión de La Marquesa: jamás vi un canal público menos plural y tan manipulado como éste), Veo TV (El Mundo más casposo en manos del púgil de los medios Carlos Cuesta… El careto de este tío mientras ejerce de imposible moderador en las tertulias no tiene precio), 13 TV (puro y cutre conservadurismo moral. Canal propiedad de la iglesia católica española. Poco que añadir, salvo que entiendo que parte de su presupuesto lo pago yo con mis impuestos), Libertad Digital (lo que empezó como un proyecto liberal moderno se ha convertido en un lugar de rencor, miseria y abyección moral)… Más allá de estos canales están los de echadores de cartas, pitonisos, concursos amañados y demás morralla…
  • Dicen que hay libertad de prensa en España. Yo miro los medios televisivos por los que se informan los madrileños y me descojono. Libertad del capital para comprar medios y no de los ciudadanos para informase críticamente comparando voces. Y luego vendrá el tonto elitista de turno y diré que no ve la tele y que en esta época de Internet ya no es tan importante. Idiotas.
  • Los mercados aprietan a España junto antes de las elecciones. No tengo dudas, es el último empujón del capitalismo financiero para amedrentar a la población y que la derecha liberal arrase en las elecciones
  • Llevar una camisa verde defendiendo la educación pública hace que expedienten y sancionen a dos limpiadoras de un colegio público. Mientras, muchos de mis compañeros bajan la cabeza y se arrugan como pasas ante mis ojos.Y son funcionarios con el puesto laboral mucho más seguro que ellas.
  • Una mujer termina muriendo mientras ejerce de pelota de ping pong entre distintos hospitales catalanes. Hace falta recortar, dicen. Que se corten ellos las pelotas y nos dejen a los demás en paz.
  • Los silencios del café. No querer molestar. La autocensura. La discreción. Siete profesores de huelga de veinte posibles… Tanta educación… Venga, no me jodas
  • Ante las elecciones de mañana: las gaviotas genovesas acechan. Los tiempos cutres serán oscuros

Sí, estoy encabronado... ¿Algún problema?