25 mayo 2007

Treinta años de Star Wars

Hoy se cumplen treinta años de su estreno. Un estreno que se producía tres días antes de mi propio nacimiento. En el Teatro Chino de Nueva York proyectaron el 25 de mayo de 1977 por primera vez Star Wars, tan mal y entrañablemente traducida en nuestro país como La Guerra de las Galaxias, naciendo entonces un fenómeno popular a escala mundial, un fenómeno transgeneracional y transnacional, un maravilloso cuento que aún a día de hoy permanece vigente y que ya pertenece para siempre a la memoria colectiva de todos nosotros. Eso dice la historia. La leyenda cuenta que siendo solamente un bebé estuve en el cine, en los brazos de mi madre, cuando estrenaron la película en España, algún tiempo después. Y ya lo dijo John Ford, cuando la leyenda supera a la realidad no se debe dudar, se imprime siempre la leyenda.

Pero nada de eso importa. El tiempo depende del sistema de referencia que se utilice, y en eso uno es muy personal. Star Wars no nació para mí en ese mayo del 77, ni cuando dicen que acudí a su estreno. Nació el 28 de febrero de 1989. En ese momento tenía solamente 11 años, a unos meses de cumplir los 12. Mi casa era un enjambre de hermanos, todos peleando por encontrar su sitio cada día y abrumando la casa con su inevitable presencia. El mayor estudiaba en un mesa de conglomerado sobre la cual un débil foco iluminaba cada noche cuatro camas de una pequeña habitación. Seguramente ese día pasó por su vida sin notarlo. Otro hermano, más joven (contaría entonces con unos 17 años) estaba en ese momento crítico de todo adolescente donde una reunión familiar frente al televisor es un síntoma inequívoco de una debilidad imposible de asumir, por lo que se limitó a informarnos a los pequeños que esa noche ponían un película muy buena que no debíamos perdernos. Tampoco sé que significó ese día para él. El resto de hermanas se dividió en dos lógicos bandos opuestos, entre las que pasaron del tema y las que se dispusieron a ver la película con alegría. No recuerdo pues, nada más de ese día. De hecho no recuerdo a nadie más que a Migue, mi hermano pequeño, y a mí viendo esa película aquella noche. Los demás, lo demás, dejó rápidamente de importar. No era muy tarde cuando en el televisor de mi casa, en la recién nacida Canal Sur, sonó la fanfarria de la 20th Century Fox, se hizo el silencio y aparecieron unas letras amarillas que ponían STAR WARS, debajo apareció El Imperio contraataca, y mientras sonaba un brutal y espectacular tema musical, unas letras que desaparecían al fondo, en el espacio, me explicaron nosequé de una alianza, de un tal Luke Skywalker y de un malvado Imperio. Algo que había pasado hacía mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana. Qué más pedir. Qué más contar. Ahí empezó todo. Ahí nació el mito. Seguramente mientras me iba a la cama junto a Migue y con los ojos como platos no podíamos creer lo que habíamos visto.

Posteriormente, con la dificultad que suponía no tener reproductor de VHS, llegaron las visiones de El Retorno del Jedi y, algún año más tarde, tras incluso haberme leído la versión novelada de la película, pude ver el comienzo de la saga (la que después sería llamada Una nueva esperanza pero que entonces sólo se conocía por La Guerra de las Galaxias). Vi la película en casa de un amigo que era capaz de recitar el texto de Greedo cuando hablaba con Han Solo en la cantina de Moss Eisley, o de imitar a la perfección los pitidos de R2D2 o los ruidos de las naves. El veneno estaba ya en la sangre, inoculado lentamente, creándome una afición que marca de alguna manera mi vida, que forma parte de mi memoria sentimental, que me ha otorgado momentos de intensidad emocional brutal, de puro gozo sin limitación, sin ataduras, como sólo un capullo de 14 o 15 años que quiere abrirse su propio camino en una familia de nueve hermanos puede sentir ante algo que considera su más maravilloso tesoro, algo propio, personal y sólo compartido realmente con otro capullo más, Migue, compañero de juegos y putadas.

El hecho ya comentado de no tener reproductor de vídeo fue curiosamente clave para mantener viva y pura la llama de la afición. Si lo hubiéramos tenido, tal vez me habría pasado como a tantos otros que con la edad inadecuada dispusieron del vídeo para literalmente quemar y visionar mil veces las películas hasta el lógico hartazgo final. Eso no me pasó a mí. Esperaba con la dedicación, devoción y paciencia de misionero que me pusieran cualquiera de las tres películas por televisión. Esperaba que un domingo que me quedara en casa a estudiar, y sin haber leído la prensa, aparecieran esa mágicas letras amarillas a las tres y media en un zapping rápido por los bodrios habituales que programaban a esas horas... siempre la misma idea... quizás fuera hoy... Fue por entonces, con 13 o 14 años, cuando descubrí las posibilidades de la música de cine para transportarme allí donde yo quisiera, con unos auriculares, en una cama, en una casa en la que habitaban once personas y en la que estar sólo era físicamente imposible. Fue en un supermercado, rebuscando en una caja de cintas a bajo precio cuando encontré una que literalmente me hizo estremecer. Era una grabación de John Williams con la Orquesta Sinfónica de Londres que contenía una recopilación de los mejores temas de la trilogía. No me lo podía creer. Allí estaba yo, en un momento donde no se hablaba de Star Wars en ningún sitio creyendo, como un arqueólogo, que había encontrado el Santo Grial. En ese momento pensé (bendita ingenuidad infantil, aún no conocía la capacidad comercial de George) que tal vez jamás pudiera encontrar otra grabación similar de la música de unas películas que ya entonces tenían entre 10 y 15 años. Tal fue mi pensamiento entonces y mi lógica reacción: "las cintas se degradan con el paso del tiempo y las sucesivas escuchas... ¿solución?... ¡Me tengo que comprar dos!". Así fue. Recuerdo llegar a casa, acostarme en la cama y ponerme a escuchar la música. Pocas veces después he sentido tanto placer con casi nada que haya hecho como el que recuerdo que sentí escuchando el tema central, la Marcha Imperial o el tema final de la primera película de Star Wars. Mientras escribo vuelvo a escuchar esa música tantos años después. La hostia.

Con los años descubrí que George me permitiría tener muchas veces esa música en distintos formatos y grabaciones, pero aquellos momentos de descubrimiento fueron impresionantes e inolvidables. La música de cine desde entonces se convirtió en otra de mis aficiones, por su capacidad de despertarme emociones cinematográficas sin necesidad de estar viendo físicamente las películas. 

Han, Leia, Vader, Luke, Obi-Wan, Chewbacca, Yoda, R2D2, C3PO... llevan ya casi veinte años acompañándome, fieles compañeros de viaje, abandonados en mi cerebro, esperando siempre ser devueltos al primer plano por alguna circunstancia casual, como ha sido hoy el día de su cumpleaños, para entrar de nuevo con fuerza en alguno de mis días. He disfrutado mucho con Star Wars, mucho. Con mis colecciones, viendo las películas, esperando las secuelas, reconfortándome con su música. No hay tanta magia en la vida diaria para no reconocer lo genial que es sentir sin más, sin causas objetivas racionales, sin análisis crítico o intelectual. Disfrutar. Sonreír. Recordar. Sin nostalgia.

Hoy 30 años después de su estreno, le rindo éste, mi pequeño homenaje.

 

6 comentarios:

  1. Que recuerdos tan bonitos!
    Yo (que como sabes soy algo más vieja) recuerdo cuando fuimos a ver mi madre y yo el Imperio Contraataca al cine. No me podía creer el final y le repetía a mi madre con gran desasosiego: "No es verdad, mamá, no puede ser verdad. ¡Dime que no es su padre!". Tenía una obsesión tan grande que les hice llevarme a ver el Retorno de Jedi el dia del estreno (sesión continua, la vi dos veces seguidas). Eso debió ser en el año 1981 por que mi hermano era todavía un bebé. Me acuerdo de darle un beso en su cochecito antes de meterme en el cine.

    Y respecto a lo del video, nosotros tampoco teniamos uno, y cuando la pasaron por primera vez (en Telemadrid, creo), puse una grabadora de cassettes encima de la tele e hice a mi familia mantener un silencio sepulcral durante la película para poder grabarla (todavia esta la copia por casa, aunque dudo que sea audible a estas alturas).

    ¡Que recuerdos tan buenos! Muchas gracias por este post, Pepe.

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  2. Soy tu sobri :)

    Bueno, antes de nada felicitarte por tu próximo cumpleaños (1 año más viejo jejejeje). Intentare comprarte una cosita que te tengo mirada, aunque no se si la podré encontrar ya que es un poco chunga.

    Me gustaría felicitarte también por tu artículo, ya que, quieras que no, viví gran parte de vuestras aficiones (las tuyas y las de Migue).
    Recuerdo claramente cuando entraba en vuestro cuarto (sí, antes de que me echárais)y oía muchas veces esa musiquilla de fondo. Unas veces de Star Wars, y otras tantas de Indiana Jones. Entonces yo empezaba a tararearla y me echábais automáticamente (pero esa es otra historia jajajaja).
    De tu armario ni hablamos. Cada vez q lo abrías sólo veía de refilón cabezas de Darth Vader impresas en latas de refresco (Pepsi creo :D ), comics, monopoly de Star Wars (todavía lo sigo buscando y no lo veo por ninguna parte :O ), etc.

    En fin, simplemente darte (daros en este caso)las GRACIAS a ti y a Migue. Gracias por inculcarme el gusto por el cine en general y por esas películas en particular. Hoy todavía recuerdo cuando me llevásteis a ver el reestreno de Star Wars: El Imperio Contraataca en el cine Corona Center (creo). Me acuerdo que lo disfruté como pocas cosas a mi pronta edad.
    Parece mentira lo rápido que pasan los años.. ya solo quedan recuerdos, pero siempre me acompañarán y estarán relacionados con vosotros.
    Saludos vejestorio! Cuidaos por Madrid!

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  3. Me alegra que te haya gustado Elena. Leyendo por ahí algunas entradas en otros blogs te das cuenta que para nuestra generación treintañera (¡ya estoy ahí!) aquellas primeras visiones de Star Wars (ya fuera en cine o TV) fueron realmente impactantes.

    Por cierto me ha encantado lo de grabar en casette la película, no sabes lo que me he reído. Estoy seguro que mi hermano Migue se ha sentido como yo al leerte. Ese tipo de cosas las estuvimos haciendo durante varios años, intentando apropiarnos para siempre de los sonidos y la música de las cosas que nos apasionaban

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  4. Bueno Ángel, me alegro de que recuerdes con alegría tu necesaria iniciación en "la fe verdadera",:) joder como me hubiera gustado a mí llegar a ver en cine alguna de las películas... Aunque claro hubiera sido de estreno y ya estaría hoy tan mayor como "otras"... ;)

    Lo de putearte y demás, ya sabes, también eran inevitables ritos de aceptación tribal por los que tenías que pasar... ¡Fíjate lo bien que has salido!

    Un abrazo

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  5. C..... ritos de aceptación tribal....C...como llegaste a la tribu en penúltimo lugar...y tras tres niñas...pues lo dos varones mayores ya eran eso, muy mayores para rituales fuertes, ¡Ja!, en fin gracias a que llegásteis más tarde Migue y tú, perfecto para mi Ángel sin hermandad, ...sí, soy la mayor, la mami, fiel seguidora de tu blog, en cine no te gana nadie Pepón, en Sociedad eres brutal a veces pero escribes de lujo hermano, besos a mi cuñada que, sin blog, siempre está presente en éste

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