17 enero 2011

El paso del tiempo

Todos escondemos manías o extravagancias más o menos inconfensables, casi perversiones, que nos obligan a acercarnos o a alejarnos de determinadas obras culturales. La excesiva tirria (o adoración) que demostramos por géneros, películas, directores, escritores o músicos, a veces se basa en pequeños detalles de nuestro carácter, pequeños ritos que inicialmente no fueron importantes pero que con el tiempo hemos incorporado a nuestro discurso, a nuestro ADN cultural, porque en ellos nos reconocemos y nos encontramos, y nos sirven como ancla que utilizar en el embravecido mar de modas, descubrimientos y pretendida evolución.

Hoy no me voy centrar en mi enfermiza (aunque no por ello menos apreciada por mí) pasión por todas aquellas películas (ya sean de serie  B o Z, o mejor dicho, especialmente cuando son de este tipo) en las que en algún lugar de Norteamérica se produce una ataque premeditado e incontrolable de enjambres asesinos de abejas o avispas sobre la población indefensa. No, hoy voy a escribir sobre otro de mis problemas nunca confesados a la hora de valorar películas o libros: no soporto las obras que intentan mostrar la vida completa de los personajes. No sólo es que no las soporte, que no me gusten, es que me desagradan enormemente aún siendo capaz de comprender la calidad de lo que se me ofrece. Siento un rechazo casi atávico por ellas cuando acaban, como si me hubiesen ofendido. No hace falta que sea ficción, me pasa lo mismo con las biografías. Con los años he intentado indagar en el origen de este rechazo, cuál es la razón por la que me es tan desagradable presenciar el paso del tiempo de manera acelerada (como sólo las películas o los libros pueden hacer), por qué pongo siempre ese gesto de hastío ante obras que sé que son de este tipo ya antes de presenciarlas. La verdad es que no tengo ni idea, sólo puedo suponer que me desagrada que se condense la vida de alguien en los estrechos límites de las páginas de un libro o del celuloide porque me parece injusto con ese personaje, que nunca se le podrá hacer justicia, que siempre nos mostrarán primero la fuerza de la juventud, las ganas de vivir, de realizar proyectos, de apurar la vida, para después sin solución de continuidad dejarme tirado al final al mostrarme en escasos minutos (o páginas) su vejez, su dolor, su muerte, el insoportable espejo de la desolación que siempre provoca el paso del tiempo, y la pérdida paulatina de aquello por lo que tanto luchó.

Pero si no soy capaz de encontrar los porqués sí creo ser capaz de encontrar los orígenes de este rechazo. Recuerdo con nitidez, la molestia que me causó la visión durante una tarde de sábado de la película Alaska, tierra de oro. En aquella película un joven y enérgico John Wayne se enfrentaba a Stewart Granger por el amor de una mujer mientras iba mejorando su posición social en las heladas tierras de Alaska. Recuerdo como si fuera ayer el desagrado que me produjo la grosera elipsis con la que el director solucionaba el paso de los años y el impacto de enfrentarme de golpe y porrazo a los mismos personajes envejecidos de manera artificial, avinagrados por el paso del tiempo, reforzados en sus defectos, con menos pasión, con meno brío y más resentimiento. Lo sufrí, lo recuerdo, pero era normal: ¿quién coño con nueve o diez años querría ver al tipo de La diligencia envejeciendo? Y además, ¿qué coño era eso de envejecer? Yo creo que fue por aquella época cuando de noche empecé a fantasear con la vejez de mi madre y su posible muerte, algo que mientras lo pensaba me provocaba un enorme dolor y una tremenda desazón (recuerdo una noche levantarme al borde de las lágrimas después de mi sesión de masoquismo autoinducido sólo para comprobar que mi madre cosía joven y lozana en el salón mientras veía sin mucho afán la televisión).

Pero volvamos a las películas. Otras dos que recuerdo que me contrariaron mucho  en mi infancia fueron las de Cimarron (con Glen Ford) y la de Gigante. El envejecimiento y la caída a los abismos de un personaje como el de James Dean (que me había causado gran simpatía) es algo que no se puede superar, y aún hoy soy incapaz de reconocer los valores que tanta gente encuentra en esa película (también tiene que ver algo con eso que la actuación en la segunda parte de la película del James Dean envejecido es infumable y forzada hasta lo grotesco. Cuánto mal hizo el Actor´s Studio). Aunque curiosamente ninguna de ellas (que las recuerdo nítidamente) es la que más me ha marcado en esta obsesión antitemporal. La que más lo hizo fue una de la que no recuerdo nada más que retazos y he sido incapaz de encontrar referencia alguna. En ella se contaba (creo) la historia de una pareja de bailarines (o cantantes, o…) a lo largo de su vida y terminaba con la muerte de ella, ya anciana y él bailando (o paseando, o…) por la calle recordando su amor, su pasado, su vida al ritmo de la música de “Dónde vas con mantón de Manila” (lo que pasa es que creo que igual la música la introduje yo en el recuerdo). Da igual. Esa imagen reconstruida por mi mente ha vuelto a mí decenas de veces. Siempre vuelve. Siempre me causa desolación. Me angustia. El paso acelerado del tiempo, la posibilidad de sintetizar una vida en imágenes durante dos horas escasas. Igual por ello me incomodó también, a pesar de la belleza y la sutileza de las imágenes, los primeros minutos de Up, la última maravilla de Pixar.

Este problema no lo tengo sólo con las películas. Las pocas biografías a las que me he acercado me producen todas el mismo efecto. Fundamentalmente han sido libros que me contaban las películas y la vida de directores de cine. De esta manera sufrí con Truffaut el descubrimiento del tumor cerebral que lo mataría; sufrí los terribles dolores de un octogenario Fritz Lang mientras se aferraba inexplicablemente a la vida durante su horrible vejez (cuando horas atrás lo veía filmar con mano firme algunas de las mejores películas de la historia del cine); sufrí con Sam Peckinpah las consecuencias de su proceso de autodestrucción alcohólica. Y por supuesto sufrí con John Ford. En su caso son dos las veces (dos biografías diferentes) que le he visto envejecer tras una vida plena de borracheras, peleas, reencuentros, películas, amores imposibles, secretos inconfesables, y más películas, y más películas... Ambas veces (la última fue este verano, en la playa, a última hora de la tarde, con un par de copas en el cuerpo mientras la luz se escapaba dentro del mar) he sufrido con su muerte, con su dolor, con su vejez, con las despedidas de sus cercanos, con las visitas de otros moribundos que habían hecho historia con él. He sufrido y he sentido su muerte.

Lo tengo que aceptar. Igual que en el día a día el paso del tiempo no me preocupa lo más mínimo, lo cierto es que no me gusta contemplarlo en la ficción o en las biografías. Transita demasiado rápido, es mentiroso. Los autores aún no han encontrado  la manera de recrear un tiempo que discurra de manera continua representando la realidad, sino que suelen limitarse a groseras elipsis que se comen el tiempo real de la vida. Y es en ese tiempo donde realmente vivimos.

31 diciembre 2010

Un año de cine (2010)

Seguimos con los resúmenes del año. Ahora toca el cine. Aclaro en la selección las que vi en pantalla grande. La películas nuevas (no contabilizo las revisiones) que he visto este año son:
  • La cinta blanca (2009) - Michael Haneke (cine). De lo mejor que vi este año en el cine. Mediante una pulcra y elegante fotografía en blanco y negro se hace un retrato demoledor de los efectos de la represión en la educación de los niños. El plano final es antológico.
  • Avatar (2009) - James Cameron (cine). Insustancial y olvidable. Ya me explayé hablando de ella. No perderé más tiempo.
  • Up in th air (2009) - Jason Reitman (cine). Es una película que me irrita. Mucho. Me molesta su pátina de cine independiente y comprometido cuando despide un hedor conservador insoportable.
  • Sacrificio (1986) - Andrei Tarkovski. Grandiosa. El cine de este tío parece hecho en otro planeta. Nadie ha conseguido superar la belleza de las imágenes de sus películas y el impacto emocional que producen.
  • El mensajero del miedo (1962) - John Frankenheimer. Cine de acción político. Eficaz y sorprendentemente moderno. Recomendable.
  • Shutter island (2010) - Martin Scorsese (cine). Hay un grupo de películas que el tiempo hace que vaya cambiando mi impresión sobre ellas. Esta es una de este tipo y cada vez la recuerdo con mayor agrado y me parece de mayor interés. Podemos estar ante algo grande de Scorsese o ante una tontería psicoanalítica de usar y tirar. Seguiré pensando en ello.
  • Vampyr (1932) - Carl T. Dreyer. Los juegos de sombra deslumbran y maravillan. Espléndida película de vampiros con aportaciones técnicas notables.
  • Manderlay (2005) - Lars Von Trier. Segunda parte de Dogville que se inicia con un interés que decae con los minutos. A pesar de ello es una película destacable.
  • Twin Peaks (1990-1991) - David Lynch. Me da igual que sea un serie y que esto trate precisamente de evitar el que empieza a ser un trillado tema de conversación. Adoro esta serie, me parece una cosa espectacular y me da exactamenteigual cuando dicen que decae (a mitad de la segunda temporada) porque en ese momento yo ya camino al lado del agente Cooper y amo el café y los dulces con la misma intensidad que él.
  • Häxan (1922) - Benjamin Christensen. Una rareza sueco-danesa censurada durante décadas en Europa por tratar el siempre controvertido asunto de la brujería y los asesinatos de mujeres acusadas de ello en la antigüedad. Tiene un enorme interés y calidad. Además, ahora que parece “descubrirse” los documentales ficcionados (la docuficción), este podría ser el primer ejemplo en la historia del cine.
  • Quiero la cabeza de Alfredo García (1974) - Sam Peckinpah. Se suda y sientes el polvo mexicano en los huesos, en la cara , en tu piel. Es un Peckinpah desatado y brutal y la película está de puta madre.
  • La carretera (2009) - John Hillcoat (cine). Era muy difícil adaptar el universo de Cormac McCarthy en una película realizada con las normas del cine comercial de Hollywood. Pues eso... era muy difícil. Prescindible.
  • Donde viven los monstruos (2010) - Spike Jonze (cine). A la espera de mayores retos para un director muy interesante, la película es un cuento infantil que no termina de servir ni para niños ni para adultos. Aún así mantiene el interés y a ratos es visualmente muy hermosa.
  • Celda 211 (2010) - Daniel Monzón (cine). Efectiva e impactante muestra de cine de género patrio. Me gustó bastante en su momento aunque los meses pasados no le benefician en mi memoria.
  • Malditos bastardos (2009)- Quentin Tarantino (cine). Tarantino en estado puro. La secuencia inicial y la del bar-cueva alemán son antológicas y sus homenajes a los grandes del cine un placer para cinéfilos.
  • Days being wild (1990) - Wong Kar Wai. La primera obra de la que sería una desarticulada trilogía formada también por las formidables Deseando amar y 2046. Hermosa, cautivadora, sutil.
  • En tierra hostil (2009) - Kathryn Bigelow (cine). Basura. Basura patriotera con envoltorio independiente. La secuencia en la que el tío en un supermercado entiende que sólo puede vivir con la adrenalina de la guerra es tan pueril por simple que induce al vómito.
  • An education (2009) - Lone Scherfiry (cine). Sencilla y bonita aunque intrascendente película inglesa. Sirvió para descubrirme a una actriz preciosa llamada Carey Mulligan
  • El rey de la comedia (1982)- Martin Scorsese. Corrosiva y ácida comedia de uno de los mejores directores de la historia del cine.
  • Los sustitutos (2009)- Jonathan Mostow. Un coñazo insufrible. Yo y mi manía de seguir viendo ciencia ficción sólo por el hecho de serla. Hubo más a lo largo del año.
  • Gallipoli (1981) - Peter Weir. Me encantó. En general todo lo que dirige este tío tiene un aroma especial, un aroma a clásico que nunca envejecerá.
  • El tiempo del lobo (2003)- Michael Haneke. Tras un desastre desconocido llega el momento de que el ser humano se enfrente a sí mismo y a sus pulsiones más básicas. La visión de un director clave de lo que podría pasar tras el fin de la civilización. Muy interesante. Yo la enlazo de manera diagonal con La carretera (novela). Se complementan.
  • Señales del futuro (2009) - Alex Proyas. Uffff… ufff… ufff… ¡Qué cosa tan mala! Que este tío sea el mismo que dirigiera en su día la muy estimable Dark City es incomprensible. Me cabreo sólo de recordarla. Menuda basura.
  • Punch-drunk love (202) - Paul Thomas Anderson. Curiosa, extraña y rara, muy rara ¿comedia? ¿romántica? de uno de los directores norteamericanos más interesantes. Recomendable (creo)
  • El jardinero fiel (2005) - Fernando Meirelles. Muy buena. Consigue integrar una trama de intriga política y social con un planteamiento estético muy particular y atractivo. Merece mucho la pena y el resultado es fantástico.
  • Prisionero del odio (1936) - John Ford. Película menor de un Ford que estaba ya preparado para retos superiores. Se deja ver con gusto y las secuencias de la cárcel nos recuerdan los coqueteos expresionistas del director en aquella época.
  • Kick Ass (2010) - Matthew Vaughn (cine). Una sorpresa. Me reí y me divertí con esta visión canalla del mundo de los superhéroes. La presentación de Nicolas Cage y su hija es impactante. De las que no se olvidan.
  • El caballero de hierro (1925) - John Ford. La primera película de largo aliento de Ford nos descubre cómo algunas de sus señas de identidad ya se estaban conformando en esta temprana época de cine mudo. A mí me encantó, claro. Para cinéfilos y completistas
  • Barco a la deriva (1935) - John Ford. Curiosamente una película en la que no conseguí entrar al principio termina siendo una delicia donde las obsesiones fordianas se muestran con claridad y sencillez
  • El fugitivo (1947) - John Ford. Ambiciosa película, tal vez fallida porque Ford es incapaz de colocar a un cura en el abismo donde el protagonista debiera situarse. Estimable y estéticamente poderosa.
  • Cuatro hombres y una plegaria (1938) - John Ford. Intrascendente.
  • Barry Lyndon (1975) - Stanley Kubrick (cine). La Filmoteca me permitió ver en pantalla grande la única película de Kubrick que no había visto aún, por ser la que más pereza me daba. A pesar de ello me gustó mucho. La selección musical y la puesta en escena son impecables y uno se tira todo el metraje admirando la maestría de un director diferente y genial.
  • Origen (2010) - Christopher Nolan (cine). ¿La Matrix de esta década que se acaba? El tiempo lo dirá, pero es una película que sé que voy a volver a ver y que contiene aún muchas sorpresas en su interior ajenas a las ya manidas de si es un sueño o no lo que vemos. Atentos a la estructura narrativa de la película.
  • Toy Story 3 (2010) - Lee Unkrich (cine). Cuando parecen que por fin van a fracasar y que la historia ya no da para más (lo primeros veinte minutos), Pixar nos deja un peliculón de los que marcan a generaciones de niños (y no tan niños) para siempre.
  • El precio de la Gloria (1952) - John Ford. Un Ford descontrolado e irregular, fuera de sitio en una comedia negra sobre la guerra donde se le ven mucho más sus defectos que sus virtudes. Absolutamente prescindible.
  • Escala en Hawai (1955) - John Ford y Mervin LeRoy. Adaptación de una obra de teatro muy popular por entonces en la que Ford tocó fondo. Le importaba un carajo la película y eso se nota. Termina siendo aburrida y repetitiva. No importó. Al año siguiente rodaría Centauros del desierto. Palabras mayores.
  • Los hombres que miraban fijamente a las cabras (2009) - Grant Heslov. Comedia con enorme potencial que sorprendentemente termina siendo insulsa e incluso aburrida.
  • Número nueve (2009) - Shane Acker. Visualmente es un espectáculo impresionante, pero la historia no se sostiene y termina siendo un coñazo.
  • Resacón en las vegas (2009) - Todd Philips. Ejemplo de la nueva comedia americana que intenta superar viejos clichés sin conseguirlo del todo. Se deja ver.
  • Pandorum (2009) - Christian Alvart. Otro de mis perversiones de ciencia ficción. En la estela de Horizonte final. No es peor ni es mejor que aquella… ¿Y qué?
  • Sherlock Holmes (2009) - Guy Ritchie. En pocas palabras: me la suda.
  • Planet 51 (2009) - Jorge Blasco,Javier Abad, Marcos Martínez. Españoles haciendo cine americano de animación sin la gracia ni la experiencia de aquellos. Pues eso: ni fu ni fa. Para niños muy niños.
  • Two lovers (2008) - James Gray (cine). Espléndida película con soberbia interpretación de Joaquín Phoenix. El cine norteamericano de calidad intenta sobrevivir. A duras penas.
  • Tres días con la familia (2009) - Mar Coll. Primera película de la directora que indaga en la inagotable fuente de las relaciones familiares. Aunque pierda el pulso a veces, sólo por la naturalidad con la que filma la comida y las jerarquías que en ella se muestran merecería la pena ver esta película. Ojo a un cine español joven, sin complejos que se está haciendo de espaldas a un público adocenado por la televisión y que no tiene nada que ver con esa imagen de cine insustancial y casposo que dominara la década anterior.
  • El quimérico inquilino (1976) - Roman Polanski. Un Polanski escabroso y perturbador en la línea de sus mejores películas. Excelente.
  • Europa (1991) - Lars Von Trier. A mí el cine de este tío casi siempre me pone. Me hace pensar y sus imágenes siguen sobrevolando mi cabeza días y meses después de ver sus películas. Cine de género extraño y sorprendente.
  • Código desconocido (2000) - Michael Haneke. La soledad, la incomunicación, los malentendidos. La vida filmada por un austriaco cabrón. Imprescindible.
  • LOL (2010) - Lisa Azuelos. Una basura francesa irritante y estomagante. Una película de pijos y para pijos, mal realizada y pésimamente interpretada. Una lamentable pérdida de tiempo. Joder, qué mala.
  • Forgotten silver (1995) - Peter Jackson, Costa Bates. Un docuficción sorprendente que destila un infinito amor al cine y que hace que el espectador lo ame tanto como sus directores. Una delicia.
  • 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007) - Cristian Mungiu. Haneke ya tiene seguidores que como él filman historias apegadas a la realidad con una distancia sobrecogedora. Muy interesante.
  • Wall street: el dinero nunca muere (2010) - Oliver Stone (cine). Una traición imperdonable a una excelente película de los 80. Una bazofia intragable sin ritmo y sin dirección. El final todavía hoy me produce náuseas.
  • La isla (2000) - Kim Ki Duk. Mucha gente aún no se ha enterado de que seguramente el mejor cine de esta década nos viene de Asia. Tal vez por lo que nos cuesta verlo. Hipnótica y con unos personajes que rayan la locura estamos ante una película de indudable belleza. En su primer plano hay más cine que en temporadas completas de series de prestigio.
  • Jacuzzi al pasado (2010) - Steve Pink. Detrás de ese horrible título se esconde una comedia ácida sobre la incapacidad de los hombres treintañeros y cuarentañeros de adaptarse a la vida adulta, inmersos en una destructiva nostalgia continua por sus adolescencia y su juventud. Se deja ver pero decae a partir del planteamiento.
  • La red social (2010) - David Fincher (cine). Junto a Origen la película norteamericana más interesante del año. Fincher mantiene el pulso y consigue ilustrar a la perfección el guión de Aaron Sorkin, que yendo mucho más lejos de lo de Facebook, hace una sinteleigente radiografía de la sociedad del siglo XXI.
  • Rebobine, por favor (2008) - Michel Gondry. Otra película que destila amor al cine por los cuatro costados, pero con un enfoque más gamberro. La primera hora es fantástica. Después decae hasta los abismos.
  • Contra la pared (2004) - Fatih Akin. Ejemplo de cine “comprometido” europeo. Ejemplo también de lo que no hay que hacer. Un coñazo de película y de sufrimiento. Ganó todos los premio, claro.
  • La vergüenza (2009) - David Planell. Decepcionante y melifluo intento de mostrar un aspecto social no tratado habitualmente como es el de la adopción y las familias de acogida. Prescindible.
  • El mensajero del miedo (2004) - Jonathan Demme. Innecesario remake. Curiosamente es más abrrida y menos arriesgada que la original del 62, lo que nos debería hacer reflexionar sobre la decadencia del cine de Hollywood
  • Amarcord (1973) - Federico Fellini. Maravillosa, desborda vitalidad; resulta entrañable y divertida.
  • It´s about love (2003) - Thomas Vintenberg. Una rareza. No se puede decir que sea ciencia ficción, es más bien una alegoría extraña sobre el ser humano y cómo parte de él muere en la búsqueda del éxito profesional a la que nos aboca esta sociedad. Gana con el tiempo y la reflexión.
  • El escritor (2010) - Roman Polanski. Anodina y convencional muestra de cine de género. No aporta nada nuevo. Se deja ver. Decepcionante por estar dirigida por Polanski. Sorprendentes los parabienes, premios y alabanzas que ha recibido.
  • Cabeza borradora (1976) - Davin Lynch. Un Lynch joven y sin trabas, en estado puro. Inquieta y perturba; atrae y asquea; es incomprensible a ratos. Deja un regusto extraño. No se puede olvidar. Está de puta madre.
  • El dormilón (1973) - Woody Allen. Divertida a ratos, con chistes espléndidos que no son suficientes para mantener el nivel. Flojea y mucho.

30 diciembre 2010

Un año de libros (2010)

En un año complicado, muy complicado, donde el tiempo ha estado limitado por la presencia amenazante de la innombrable (oposición) y donde desde febrero a junio tuve que supender pasiones y centrarme en obligaciones, estos son los libros que, sin contar relecturas (parciales o totales) y artículos, conseguí leer:
  • Lo real- Belén Gopegui. De lo mejor que he leído este año. Gopegui es una de las mejores plumas de este país, a pesar de ser sistemáticamente olvidada por no pertenecer a ninguna de las tribus literarias. Construye un personaje central inolvidable en la que es su novela más ambiciosa y lograda.
  • Deseo de ser punk- Belén Gopegui. Intento fallido de encontrar la voz adolescente actual y comprender los nuevos caminos por los que podría transitar la rebeldía juvenil en la actualidad.
  • Autorretrato- Edouard Levé. Adictiva e hipnótica novela que termina siendo el ejercicio de exhibicionismo más radical que yo haya leído jamás, al tiempo de ser un muro infranqueable de un yo que siempre encontrará resquicios donde ocultarse.
  • Nocilla lab- Agustín Fernández Mallo. Llegar hasta el final de la trilogía nocillera significa caminar por un camino polvoriento hasta el hastío y el aburrimiento, mientras el autor soba una fórmula agotada a la que se la ven todas las costuras y defectos. Queda en el recuerdo aquella primera y sorprendente novela que se llamó Nocilla dream
  • Los detectives salvajes- Roberto Bolaño. Brutal. Impactante. Arrebatadora. Hermosa. Cautivadora. Inquietante. Fuente inagotable de sensaciones muchos meses después de su lectura. Si la hubiera leído con 18 años inmediatamente me habría tenido que convertir en poeta (realvisceralista, por supuesto) Indudablemente esta novela es el Rayuela de las nuevas generaciones.
  • Atractores extraños- Javier Moreno. Cuentos que dejan poso, que no se recorren de manera lineal y que muestran un compromiso intelectual en general desconocido en el manido mundo de los cuentos literarios. Muy recomendable.
  • Enemigos Públicos- Houellebecq y Henri- Lévy. Lavado (epistolar) de cara de dos de las figuras culturales más importantes de Francia. Empiezan a mamporros aunque después, y para desesperación del lector (yo), terminan dorándose la píldora indecentemente el uno al otro y llorando por las esquinas la incomprensión general hacia ellos y su obra. Aún así, interesante a ratos.
  • Grietas en el espacio tiempo (Wong Kar Wai)- F. J. Gómez Tarín. Ensayo académico y reflexivo que recorre de manera transversal la obra del director de cine que más me ha impactado en los últimos años. Recomendable. Pero aún más recomendable es acercarse a las películas que analiza.
  • Las teorías salvajes- Pola Oloixarac. Refrescante, deslenguada, joven, sorprendente y extraordinaria novela. A pesar de la pátina intelectual, muy divertida.
  • Alba Cromm- Vicente Luis Mora. Increíblemente decepcionante y superficial novela de uno de los críticos literarios más afamados del país. Personajes planos y acartonados en una intriga intrascendente. La reflexión social está a la altura de la pretendidamente novedosa manera de estructurar la novela. Sigo preguntándome: ¿por qué?
  • La secta pedagógica- Mercedes Ruiz Paz. Pequeño ensayo de una maestra que en la línea de Moreno Castillo intenta destapar las mentiras y las chorradas del inútil pedagogismo imperante en la educación española. Superficial y redundante aunque acierta en determinadas cuestiones.
  • Mi gran novela sobre la Vaguada- Fernando San Basilio. Divertida aunque intrascendente novela. Se lee del tirón y se olvida con la misma rapidez con la que se lee.
  • John Ford: el hombre y su cine- Ted Gallagher. "Tochaco" fordiano. Más de 700 páginas para analizar la vida y la obra del mejor director de cine de todos los tiempos. Algunos de los análisis de algunas de las películas están entre lo mejor que he leído (y ha sido mucho) sobre el asunto. Cuando llego al final y Ford se muere siempre algo se muere también dentro de mí.
  • Incertidumbre- David Lindley. Apasionante ensayo sobre los albores de la física cuántica y las incertidumbres que trajo a la ciencia. Ligero pero esclarecedor. Absolutamente recomendable.
  • Buscando batería- Javier Moreno. Espléndida primera novela del autor. Escrito en primera persona con una prosa poética desafiante que transmite una libertad y una vehemencia que desbordan el contenido de sus pocas páginas, el lector se encuentra casi en cada página al borde de un abismo que está dispuesto a saltar.
  • El padre de Blancanieves- Belén Gopegui. Otra novela que viene a atestiguar la coherencia brutal de una escritora que sigue en su empeño de dejar constancia de nuestra realidad. En esta ocasión lo hace a través de unos personajes tan perdidos como rebeldes, tan ingenuos como necesarios, incapaces de amoldarse a un mundo cuyos códigos no sabemos nunca descifrar del todo.
  • Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones-Michel Foucault. Librito que ayuda, a través de una serie de conversaciones, a introducirse en el pensamiento de uno de los intelectuales clave del siglo XX. Imprescindible la conversación con los jóvenes maoístas. Treinta años no son nada. O todo.
  • Está usted de broma Mr. Feynman- Richard Feynman. Uno de las obras más populares entre los físicos. Y también más difundida. La brillantez de Feynman, uno de los físicos más importantes del siglo XX, ante cualquier situación (incluso la más inverosímil) termina siendo estomagante. Y aunque sé que es casi una herejía lo que voy a decir en ciertos ambientes científicos, yo terminé hasta los cojones de Feynman y de su tendencia a menospreciar todo aquello que no sea una razonamiento sencillo que conlleve una acción directa. Quizás por eso nunca tuvo remordimientos por participar en el Proyecto Manhattan.
  • Sus crisis, nuestras soluciones- Susan George. Un coñazo. Bobalicón ensayo (que encima se está vendiendo bien), que se aprovecha del tirón de la crisis para transitar durante páginas y páginas por todo el manual típico antineoliberal sin aportar ni una sola idea nueva, para terminar introduciendo un pildorazo ecologista (tema que es en el que la autora relamente está interesada en los últimos años) tamizado, sorprendentemente, por una aceptación de los postulados neoliberales cuanto menos sorprendente. Inútil.
  • 2666- Roberto Bolaño. Una obra monumental de extraordinaria fuerza, quizás no tan redonda como Los detectives salvajes pero a la vez más ambiciosa. La novela total que conjuga tradición con modernidad y que termina siendo el brutal testamento literario de un escritor fundamental.
  • Exhumación- Luna Miguel, Antonio J. Rodríguez. Un cuento escrito a cuatro manos por dos de los jóvenes más prometedores del nuevo panorama literario español que no terminó de engancharme en ningún momento.
  • Bartleby, el escribiente- Herman Melville. Tan impactante como sutil. Un cuento extraordinario al que poco puedo aportar con mis comentarios.
  • Cosmópolis- Don de Lillo. Muy interesante aproximación a las entrañas emocionales del monstruo capitalista del siglo XXI.
  • Educar en tiempos inciertos- Mariano F. Enguita. El experto en educación de cabecera de El País y azote de los profesores sigue profundizando en el futuro de la educación en España llegando a conclusiones que, como siempre, a veces me parecen irritantes y hueras y otras lúcidas y acertadas.
  • La crisis de la ciudadanía laboral- Luis Enrique Alonso. Ensayo que profundiza en los cambios sociolaborales que se han producido en los últimos treinta años y las causas que los han generado. Muy interesante.
  • La condición posmoderna: informe sobre el saber- J. F. Lyotard. Obra clave que abrió el camino a la reflexión posmoderna. Tan innecesariamente oscurantista como interesante cuando se consigue descrifrar sus significados y las consecuencias que suponen sus presupuestos.
  • Conectados en el ciberespacio- varios autores. Coord: Roberto Aparici. Ensayo colectivo que introduce al lector en los cambio provocados por las nuevas tecnólogias de la comunicación y la lucha de poderes que se oculta bajo la manta del ciberespacio.
  • La corrosión del carácter- Richard Senett. Ameno y revelador ensayo que recorre los cambios que se han producido en los ámbitos laborales en los últimos decadas para centrarse en las consecuencias que han tenido sobre el carácter, las aspiraciones y las formas de vida de los nuevos ciudadanos del siglo XXI.
  • La construcción de la realidad- varios autores. Coord: Roberto Aparici. Como el título indica se trata de una selección de ensayos que tratan de descifrar los instrumentos con los que se consigue manipular y construir la realidad a través de los medios, a la medida de los poderes fácticos imponiendo un canon occidental, masculino, patriarcal, blanco y heterosexual del que es muy complicado escapar.
  • Contra los tertulianos- Carlos Taibo. Corto ensayo donde el autor se ensaña contra los tertulianos que pululan por los medios españoles. A pesar de ser un lector entregado por la fuerza de la tesis, el libro no logra levantar el vuelo. Eso sí, me recordó a mi artículo sobre los megatertulianos.
  • El esquema espaciotemporal en la sociedad digital- Javier callejo Gallego. Las nuevas relaciones sociales y la importancia de internet analizadas desde los cambios espaciotemporales que se han producido en dichas relaciones humanas , mediante la creación de nuevas comunidades sin pasado que cohabitan en una aldea global individualizada. Muy interesante.
  • La mano- Daniel Ruiz García. Novela corta donde Dani vuelve a dejar patente su poder de evocación y su habilidad para hacer que el lector se sumerja en mundos paralelos, casi oníricos, donde nada es lo que parece. Deudora del universo de Lynch, su prosa arrebatadora tarda un poco en aparecer en toda su dimensión y la novela se hace desesperadamente corta para un lector que hubiera deseado viajar más tiempo junto a Montero y su tesoro.

13 diciembre 2010

Preguntas sin respuesta (diciembre)

¿Por qué a nadie parece importarle que una parte de nuestra sociedad esté militarizada desde hace más de una semana (con restricción de derechos básicos como el sindical y bajo jurisdicción militar) siempre y cuando nos podamos ir de vacaciones con esa extraordinaria placidez a la que apelaba Mayor Oreja hace ya un tiempo?

¿Alguien además de escupir, insultar y mandar a la cárcel a los controladores me puede dar un argumento razonable para que con una jornada laboral de 1670 anuales los controladores, a diferencia del resto de trabajadores españoles, no tengan derecho a baja laboral y tengan que devolver esas horas “perdidas” a su empresa? ¿La envidia y la rabia nos hacen olvidar lo que todos podemos perder si en cualquier ámbito se pone de moda el pasarse por el forro ciertos y fundamentales derechos laborales?

¿Alguien me puede explicar por qué razón no se hacen públicos los nombres de las 3000 fortunas españolas que defraudan impuestos en nuestro país a través de cuentas ocultas en Suiza? ¿Conseguir que paguen algo de lo que nos deben y nos han robado es suficiente motivo para que Hacienda los trate tan “educadamente” y sólo les pida que “regularicen” su situación? ¿Por qué no tenemos derecho a saber los nombres de estos “presuntos” defraudadores y sí los de los “presuntos” delincuentes que cometen cualquier nimio delito?

¿Por qué nadie se plantea nunca en los medios de comunicación que se puede reducir el gasto público elevando la fiscalidad y por tanto los ingresos (sin tocar ni reducir el gasto social) aumentando los impuestos de sociedades, imponiendo tasas a las transacciones de capital, eliminando regímenes especiales como las SICAV, reintroduciendo el impuesto de patrimonio, persiguiendo el fraude fiscal, limitando las ganancias de los bancos que hayan recibido ayudas públicas, eliminando desgravaciones, imposibilitando el uso de instrumentos de ingeniería fiscal...? ¿Por qué hacer caso de los expertos que se sonríen ante tales propuestas y advierten que sería debilitar “nuestra competitividad” en los mercados cuando el pasado reciente ha demostrado la manifiesta inutilidad de sus recetas para conseguir un crecimiento racionalizado?

¿Alguien duda ya de que Zapatero pasará a la historia como el presidente más cobarde de la historia democrática de este país por ser incapaz de transformar en política real su melifluo socialismo de salón en cuanto le han sobrevenido los problemas?

Pd: Cinco años de blog. ¡Cómo pasa el tiempo!

13 noviembre 2010

El capitalismo contraataca

Una y otra vez me vuelve esta secuencia a la cabeza. Dirán que Keynes está superado. Puede ser. Pero John Ford nos regala en 1939 poco más de un minuto impagable que sirve a la perfección para ilustrar las consecuencias de una crisis que ya no es la del 29, pero que se le parece mucho para los que nada tuvieron que ver en su génesis.

Con una diferencia. El tío de los tirantes, una vez que se marche ese coche, puede ir a su casa y antes de que le corten la línea de teléfono y le embarguen la casa puede ocurrírsele investigar por internet.

Después igual no le bastaría solo con el rifle.


21 octubre 2010

Tontalaba

Ya expresé lo que pensaba sobre las "pulseritas mágicas" y sus portadores en un post anterior. Lo sangrante de este caso es que Leire Pajín es la nueva ministra de Sanidad. El analfabetismo de nuestros políticos nunca dejará de sorprenderme.

30 septiembre 2010

Foucault en el aula

Intento explicar el concepto de ley científica en una clase de 3º de ESO. Para contrastar ideas les interrogo sobre sobre lo que es una ley humana. Uno de los chicos (un repetidor de casi dos metros de alto y que promete emociones fuertes este año) levanta inmediatamente la mano y me contesta: "algo que está para incumplirse". Nos miramos un segundo y sonreímos ambos. Se escuchan risas en el aula

Inmediatamente recuerdo un extracto del librito de Michel Foucault que leí hace un tiempo y al que regreso periódicamente. En él, a través de Deleuze, se disecciona la renuncia metodológica que reclama Foucault sobre cinco postulados. Sobre el que nos interesa, el extracto dice así:

"Postulado de la legalidad (según el cuál el poder del Estado se expresa por medio de la ley): Debe ponerse en juego otra comprensión de la ley no como lo que demarca limpiamente dos dominios -legalidad-ilegalidad-, sino como un procedimiento por medio del cual se gestionan ilegalismos [...] la ley no es un estado de paz sino la batalla perpetua [...] la ley no está hecha para impedir tal o cual tipo de comportamiento, sino para diferenciar las maneras de vulnerar a la misma ley" (la negrita es mía)

El instinto adolescente

27 septiembre 2010

El intelectual fantasma

Hoy toca dar palos a uno de esos escritores que el tiempo va otorgando cierta aureola casi mítica y que hagan lo que hagan, o digan lo que digan, siempre parecen tener el aplauso de los palmeros de turno. Se trata de Antonio Muñoz Molina. Ya sé que este post no me va hacer muy popular entre algunos de mis amigos/familiares. Pero si no lo escribo, reviento.

No tengo demasiado que opinar sobre su obra literaria que no he seguido por auténtico desinterés (sé que no está de moda reconocer que uno no lee nada de ciertos autores, pero desafío a quien sea a que por cada autor que para él sea imprescindible yo pondré encima de la mesa otro que para mí ha sido fundamental y él no ha leído una sola línea), pero en cambio sí puedo decir que he sido asiduo lector a sus aportaciones en prensa, a sus ilustradas opiniones sobre educación, política o sociedad. Todavía recuerdo el amarillento artículo que hace años anda recuadrado en cierto despacho de la casa materna, y que habré leído una decena de veces buscando la clave que lo hace tan especial para ser encumbrado al medallero familiar. Seguiré intentándolo. Seguro que el problema es mío.

La última aportación de nuestro magno escritor es un artículoescrito en el instante” sobre la huelga general. Intentaré diseccionarlo para que lo comprendan mejor.

Estoy cenando esta noche con Elvira en uno de nuestros restaurantes favoritos de Madrid, La manduca de Azagra, por gusto de celebrar el entusiasmo con que tantos lectores han recibido ya su novela

La primera en la frente. Llevo años aguantando con sopor y hastío como Elvira y su santo, el santo y Elvira se promocionan el uno al otro en artículos infumables donde lo más destacable es que además, pretenden hacernos creer que ambos son muy independientes y no se necesitan el uno al otro. Sobre lo de aprovechar para hacer publicidad ¿gratuita? del restaurante de turno…

Me gustan muy poco los manifiestos. Y menos todavía me gustan los manifiestos de personas que se conceden colectivamente a sí mismas el calificativo de intelectuales

¿De dónde se saca AMM que los firmantes del manifiesto (a favor de la huelga) se autodenominan intelectuales? De nuevo se plantea la problemática posmoderna de la necesidad o no del intelectual. Ahora gusta más hablar del francotirador, del independiente lúcido ajeno a toda causa que pontifica desde su púlpito. Sin mojarse jamás. O no demasiado. En todo caso sería un problema de los sindicatos, que como no saben cómo gestionar el apoyo de los “famosos de la cultura” recurren a terminología de otra época y simplifican el asunto denominándolos “intelectuales”, porque no creo que yo que tipos como Rafael Reig (firmante del manifiesto) vayan por la vida presentándose con un: “aquí, don Rafael, escritor e intelectual, a su servicio

Nadie me ha pedido mi apoyo para la huelga general. Nadie me ha preguntado lo que pienso de ella. Pero ya puestos, no tengo reparo en decirlo. No me parece oportuna, no creo que vaya a servir para nada

Aquí empieza el meollo de la cuestión, el análisis profundo del intelectual que no quiere pertenecer a un colectivo de ellos pero que, en el fondo, gusta de ejercer (pobremente) como tal: “la huelga no es oportuna”. Vaya por dios. Es inoportuna. Profundo análisis y extraordinaria argumentación. Los que la vamos a hacer tendremos que pedir perdón a AMM por nuestra mala educación. Con lo que me molesta a mí ser inoportuno. Claro, que a lo mejor no se ha leído la reforma laboral que el gobierno socialista ha aprobado. Ni lo de las pensiones, ni lo de la rebaja indiscriminada de sueldo a los funcionarios, ni lo de los millones de parados que tenemos. O igual le parece bien. O intrascendente. Al fin y al cabo no creo que a él le vaya afectar demasiado. “No va a servir para nada” Por lo tanto para qué luchar por algo que parece justo. Menuda chorrada, mejor callarse y aguantar. Sabemos que esta huelga está medio pactada entre gobierno y sindicatos. Sabemos de la miseria de estos últimos y de su apoltronamiento en el poder. Y qué decir de los socialistas que agachan la cabeza ante el Mercado y no tienen ni la decencia de aparecer en público y decirnos la verdad del porqué de sus políticas liberales. Pero como siempre digo a quien me quiere escuchar, una convocatoria de huelga es una oportunidad para dar un puñetazo en la mesa y demostrar el poder (que no ejercemos nunca los trabajadores) de paralizar un país, al menos como advertencia de que no nos gusta que nos sigan jodiendo desde todas las trincheras.

No me pareció justa la huelga del metro de Madrid, que sólo sirvió para atormentar más a mucha gente trabajadora ya maltratada por la crisis y por las medidas de austeridad del gobierno. ¿Dónde estaban los líderes sindicales del metro de Madrid cuando les rebajaban el sueldo a profesores, a médicos, a enfermeros, a policías, a guardias civiles?

Ante este argumento sólo se puede expresar un profundo desprecio. Es triste observar la desconexión del “intelectual fantasma” de la realidad social laboral del día a día. Claro, que habría que saber cuando fue la última vez que AMM cogió el metro. Sigamos la línea de razonamiento: la empresa decide rebajarte el sueldo porque le sale de las narices, incumpliendo todos los convenios firmados, actuando como si fueras funcionario para realizar los recortes pero sin tenerlo en cuenta para tus derechos laborales, y lo único que puede pensar el señor es en el “tormento de la gente trabajadora” (¿qué tormento? ¿llegar a tarde a trabajar?). Porque los del metro no son trabajadores, ya se sabe. Son alienígenas. Pero la realidad es otra, esto tipos tienen sueldos decentes, sin más, no eran controladores aéreos defendiendo privilegios, eran tan sólo trabajadores defendiendo sus derechos. Aclaremos un poco más las cosas: la tremenda campaña mediática para denigrar y desacreditar la huelga del metro de Madrid debería servir al conocedor de las relaciones de las grandes empresas periodísticas con el poder para reconocer que estuvimos ante una situación excepcional: la primera vez en muchos años que en España unos trabajadores organizados en defensa de sus intereses y con capacidad de lucha demostraban que no es tan fácil humillarles e imponerles medidas lesivas para sus derechos cuando se organizaban e iban todos a una. Pero el final del extracto destila una demagogia que no sería decente por mi parte ignorar: “¿Dónde estaban los lideres sindicales del metro cuando les rebajaron el sueldo a los funcionarios?” ¿Y dónde coño estaba usted, señor Muñoz Molina? ¿Cuáles fueron sus aportaciones a la huelga de funcionarios del 11 de junio? Cuando los funcionarios fueron a la huelga los de metro no los apoyaron (del mismo modo que sucedió a la inversa en la huelga de Metro) porque no estaban convocados por los sindicatos. Porque éstos fueron tan idiotas (o interesados) como para convocarnos por turno, segmentando las luchas e impidiendo el apoyo de unos a las causas de los otros. Y porque todavía no hemos articulado mecanismos del siglo XXI para organizar protestas laborales ajenas a los sindicatos (entre otras cosas porque se considerarían ilegales) Por eso es tan importante la huelga general. Por eso es tan triste su presumible fracaso.

" Los sindicatos no levantaron la voz en todos estos años en que se generalizaba en España un mercado de trabajo desigual e injusto, un modelo económico y educativo que nos llevaba derecho al callejón de salida tan difícil en que nos encontramos ahora […] Quién decía algo en esos tiempos en los que la crisis ya estaba golpeando y parecía que llamar la atención sobre ella era hacerle el juego a la derecha? ¿Quién levantó la voz por el escándalo de medidas tan despilfarradoras y electoralistas como el cheque bebé y los 2.500 euros de regalo fiscal? ¿O cuando ya en plena recesión se tiraron miles de millones de euros en levantar aceras y en cambiar estatuas de sitio? ¿Era justa una medida que afecta igual a quien gana el salario base y a quien tiene un sueldo de alto ejecutivo?

El ejercicio de demagogia parece no tener fin. Desde siempre las medias verdades han sido la mejor manera de mentir de manera interesada, de manipular para lograr hacer pasar por lucidez lo que no es más que pura impostura. Para finalizar AMM se desahoga utilizando argumentos populistas que tratan de culpabilizar al gobierno socialista del situación de crisis que atravesamos, y para ello nada mejor que hacerlo a costa de algunas de sus medidas sociales. Y no podemos obviar que lo que dice no es mentira: las medidas que menciona o fueron fallidas (plan E) o electoralistas y despilfarradoras (cheque bebé), lo que sucede es que son mucho más importantes y significativas las otras medidas, las que no menciona, las que no parece dar importancia, que provienen de gobiernos anteriores y fueron continuados por éste, como son las desgravaciones a la vivienda y la especulación inmobiliaria, o que la mayor parte de nuestro déficit público surge de la provisión de fondos que hubo que hacer al mundo financiero para que sobreviviera a costa de nuestros impuestos, tras ser el germen de la crisis con su capitalismo de casino. No deja de ser curioso como en el último año cada vez se habla menos de esas millonarias ayudas públicas que hicieron los gobiernos occidentales (hasta ahora a fondo perdido) y que son las que han puesto nuestras economías al borde del precipicio, y se habla más de los gastos públicos en otros terrenos que, casualmente, ahora hay que reducir: pensiones, costes laborales, educación…

Y por eso la huelga sí es necesaria. Y no sólo contra el gobierno de Zapatero y su miserable reforma laboral, y la congelación de las pensiones, y la reducción de sueldo de los funcionarios, y la incapacidad de dar una respuesta desde la izquierda a su electorado tocando la fiscalidad de los que más tienen (y no a través del IRPF, precisamente)… Sino también contra las políticas económicas liberales que nos han traído hasta aquí. Por eso este día también hay movilizaciones por toda Europa de las que no se habla. Porque el problema actualmente es que los trabajadores no están representados ni por partidos ni por sindicatos, y mientras Forbes nos cuenta que los más ricos han visto aumentar su capital en medio de la crisis, a los demás no sólo parece que nos toca jodernos sino que también se nos pide que callemos y traguemos. Porque el momento, para algunos, no es el oportuno. Manda cojones.

22 septiembre 2010

¿Dónde coño están?

Se quejan. Continuamente. Suelen esperar a la hora del café. Son profesores de educación secundaria. Son funcionarios, gestores fundamentales de la educación pública. Se quejan. Continuamente. Con razón. Con tanta razón. La educación pública en Madrid se está muriendo. No. Miento. La están matando. Sigo sin decir toda la verdad. La está destruyendo el PP de Esperanza Aguirre. De manera sistemática. Hablemos claro, sin paños calientes. Pero no hay respuesta. Sólo gemidos victimistas y apelaciones continuas a la mala labor de los sindicatos. Y estoy de acuerdo, está claro: no lo han hecho bien... ¿Y?

Hoy de nuevo concentración para hacer públicas nuestras reivindicaciones. Que debieran ser de todos: defender una educación pública de calidad. No hay padres. Tampoco apenas profesores. Cortamos la calle. Damos pena. Somos tan pocos. Allí estamos. Tanta pena. Rozamos lo patético. Pero tenemos razón. No es suficiente. Es un problema clásico de física. No tenemos la masa crítica suficiente. ¿Cuándo coño los profesores se van a responsabilizar de su labor social y entender que deben dar un paso al frente? Somos los únicos que sabemos de verdad la apocalíptica situación de la educación pública madrileña. Los demás sólo lo intuyen. ¿Dónde estaban mis compañeros? ¿Que era tan importante para ellos esta tarde que impedía su presencia? Siempre hay excusas. Somos tan listos. Tan lúcidos: no hago huelga de un sólo día. No hago concentraciones que no signifiquen huelga. No hago huelgas que impliquen concentración. No hago huelgas que no sean indefinidas. No hago paros parciales. No le hago el juego a los sindicatos. No le hago el juego a la Administación. Me explico. Os explico: no hago nunca nada pero en todo momento explico a todos cómo deberíamos hacerlo. Tomando un café. Con gesto serio y constreñido. Así de listo soy. Para eso tengo una carrera. Así de lúcidos son mis compañeros. Qué envidia. Cuánta personalidad.

Y mañana volveremos a los institutos. Con grupos de 37 o 40 alumnos. Sin refuerzos, sin desdobles. Con jornadas paciales. Con profesores de Inglés dando Francés. Con profesores de Historia dando Economía. Con profesores de Física dando Biología. Creando guettos de inmigrantes en las aulas para que no tengan ninguna oportunidad. Asumiendo toda la carga que supone la escolarización del 100% de la población sin recursos. Pero no pasará nada. Porque nunca pasa nada. Al fin y al cabo somos bilingües. Y tecnológicos. Y está la concertada para salvar a nuestros hijos. Y siempre nos quedará la hora del café. Para seguir quejándonos. Con pasión. Hasta que toque el timbre y consigamos huir.

Sin mirar atrás.