Lentamente, poco a poco, están desapareciendo de nuestros institutos. Es un goteo silencioso pero
imparable. Se nos está jubilando una generación de docentes a los que vamos a
echar mucho de menos. Este post es mi homenaje particular a los que ya se han
ido, a los que se están yendo y a los que, en breve, nos dejarán.
Llegaron
muy jóvenes a la docencia de Secundaria, durante aquella explosión de la
enseñanza pública en los años 80 a la que después se sumaría la implantación de
la ESO, en los institutos, ya en los 90. Desde hace unos pocos años, por puro
imperativo temporal, muchos de ellos están alcanzando la edad de jubilación y
se van despidiendo de las aulas tras toda una vida dedicada a la enseñanza. Con
tanta sensación de alivio como de cierta melancolía.
Como en cualquier otra generación de
docentes, entre ellos ha existido la inevitable cuota tanto de delincuentes
laborales como de pésimos profesionales, profesores realmente incapacitados
para una labor tan complicada como la nuestra. Pero aviso, hoy no será el día
en el que hable de ellos. No lo merecen. Hoy hablaré de los otros, de la
mayoría, de los que siempre merecieron la pena, de los que tanto enseñaron, no
solo a sus alumnos sino también a los nuevos docentes que fuimos llegando a sus
centros.
Siendo
muy jóvenes vivieron el mayor cambio educativo de este país en los últimos 50
años: la LOGSE (no toca tampoco hoy hablar de sus defectos) llevó a los institutos
a alumnos desde los 12 años y la obligatoriedad de que estudiasen hasta los 16
años. Aquello supuso una auténtica revolución educativa e impuso, de la noche a
la mañana, una nueva manera de entender la labor docente.
Siempre
me gustó escuchar sus historias sobre aquellos "viejos" catedráticos
de los años 80 y 90 y su altanería hacia ellos, tan jóvenes por entonces. Es
curioso, a pesar de sus claros intentos de diferenciación respecto a aquellos, cómo
al final de sus carreras también se han terminado construyendo historias
parecidas, de desprecios y prepotencia, respecto a algunos de ellos. En mi
experiencia personal, especialmente en mis muchos años como interino, solo
puedo decir que nunca las viví: la mayoría de ellos fueron siempre un ejemplo
de respeto, compañerismo y horizontalidad relacional.
Sin
que casi nadie lo notara, absorbidos todos por el ritmo infernal que impone el
transcurso de cada curso, se fueron haciendo mayores durante los últimos 20 años.
Los que estaban en los 40, allá por la mitad de la primera década de este
siglo, cuando yo llegué, fueron cumpliendo los 50 y, finalmente, han terminado
llegando a los 60.
Entonces
sí, de repente, en estos últimos años, al acercarse la jubilación, algo
cambiaba, detalles casi imperceptibles: docentes que habían sido muy combativos
en la sala de profesores y en los claustros se iban quedando en silencio, cada
vez les costaba más relacionarse con los nuevos docentes que llegaban al centro
y se refugiaban cada vez más en los suyos, en los profesores de su generación. Por otro lado, para
muchos de ellos, la brecha generacional con sus alumnos se iba haciendo, lógicamente, cada
vez más difícil de salvar y la cercanía de la jubilación hacía
cada vez más complicado un nuevo reciclaje profesional.
En
el fondo, casi sin ser plenamente conscientes de ello, lo que iban haciendo era ir preparando, de una
manera tremendamente digna, su salida, su final, su adiós a las aulas y a esa
vida dedicada a la enseñanza.
En
los últimos tiempo he visto he visto cómo algunos compañeros muy jóvenes, que
llegan los institutos con su arrasadora energía juvenil y sus inevitables
ansias de cambio radical, criticaban de algunos de ellos su perpetuo
encabronamiento, su estancamiento profesional y cierto cinismo
inmovilista. Estas críticas contienen su parte verdad, claro; también yo he ido asistiendo,
con cierta tristeza, a cómo algunos se iban agriando excesivamente con el
tiempo. Pero siempre admiré una cosa de la mayoría de ellos: tras despotricar
de todo y de todos en la sala de profesores estos tipos iban al aula y lo daban
todo. Cumplían con absoluta profesionalidad.
Si
hay algo que los jóvenes docentes pueden aprender de esta generación de
docentes que nos está dejando antes de que desaparezcan por completo de
nuestros institutos, para no caer en un equivocado adanismo, tan victimista
como narcisista, es cómo, en la sala de profesores, estos docentes veteranos
pueden caer en una excesiva queja y una melancolía equivocada pero después, en
el aula, siguen siendo excelentes profesionales con una excelente gestión de
aula y de los tiempos educativos.
Una
mayoría de estos docentes que se están jubilando cumple, en general, esa
premisa que tantas veces he defendido: no existe posibilidad de enseñar nada a
los adolescentes sin saber gestionar el aula promoviendo el respeto a tu
explicación.
Si
no te escuchan, no vas a enseñar nada a nadie.
Se
nos están yendo unos excelentes docentes, una generación a caballo entre el
tradicionalismo más rancio y la innovación más ridícula, los cimientos de los institutos en los que trabajé. La mezcla del ímpetu de los más jóvenes con su
experiencia dinamizaba y le daba cierto poso a los institutos. En los últimos
años, ciertos excesos utópicos eran siempre atemperados por su mirada, más
pragmática, más apegada a la realidad.
Se
está jubilando, sin hacer ruido, sin querer molestar, una extraordinaria
generación de docentes y a nadie parece importarle lo más mínimo. Cuando los
veo jubilarse y desaparecer en silencio, casi pidiendo disculpas por los
entrañables y sencillos homenajes que les hacemos en los claustros de ese
último instituto en el que han trabajado, siento siempre una punzada de rabia,
una sensación de injusticia, una necesidad insuperable de reivindicarlos
De
esta manera, también casi sin darnos cuenta, a los que llegamos a la docencia
en la primera década del siglo, los que hemos trabajado durante casi dos
décadas bajo el paraguas de esta generación que ya se marcha, nos va tocando,
lo queramos o no, recoger el testigo de los que se van. Y no tengo nada claro que
seamos muy conscientes de ello ni de si sabremos estar a su altura.
Por
todo lo escrito, también por el desprecio de la Administración hacia ese
docente que se jubila tras décadas enseñando, siempre he defendido esos
humildes homenajes que hacemos en los institutos a ese docente que se jubila:
esos pequeños obsequios que pagamos entre todos, esos aplausos privados que recibe,
ese momento de protagonismo final que le damos. Me gusta observarlo en esos
momentos, cuando recibe ese cariño y ese respeto final de un claustro repleto
de profesores que, en su mayoría, en el fondo, no saben apenas nada de la
trayectoria profesional de ese docente que ese día nos dice adiós.
Yo
siempre soy de los que aplaude con fuerza, casi con fiereza, porque soy
consciente de que no lo hago en mi nombre, que represento, de manera pobre, a
los cientos de compañeros docentes y a los miles de alumnos que ese día no
pueden estar presentes. Mientras aplaudimos a ese profesor que se
despide, resulta conmovedor intuir ese último atisbo de orgullo por
el trabajo realizado en su mirada.
Vaya
este post por ellos, por los docentes que se jubilaron estos años, por los que
se jubilan este curso y por los que próximamente nos dejarán.
Mi
respeto, mi cariño y mi admiración por todos ellos.
En España, en el ámbito de la enseñanza secundaria, existe
una disputa pedagógica, interminable y de imposible resolución, que diariamente
se pone de manifiesto en medios de comunicación y redes sociales y que ha
terminado filtrándose, de manera tóxica, en nuestras leyes y en nuestros claustros.
Una de las muchas excusas para alimentar, de manera
irresponsable, el fuego de una confrontación educativa que se nutre de toneladas de
egotismo y narcisismo, es el falso debate sobre cuál debe ser el origen de la
motivación del alumnado de la ESO y Bachillerato hacia sus estudios y el papel que debe jugar el docente en la misma.
En este combate, tan cruento como hipócrita, se alinean en
una trinchera los #ClasistasDelConocimiento,
que dicen defender la necesidad de una enseñanza reglada pura, una enseñanza que se mantenga lo más ajena posible al
contexto sociofamiliar y económico en el que vive ese alumno al que el Estado,
a través de la enseñanza pública, ofrece la posibilidad de una formación
académica que le permitirá tanto obtener una mínima formación cultural como una
mayor capacidad de opciones laborales en el futuro. Según ellos, solo la propia existencia
de esta excelente oportunidad que, con los impuestos de todos, ofrece la
enseñanza secundaria obligatoria debiera obligar a los alumnos adolescentes a traer
ya de casa, en su mochila personal, la motivación necesaria para encarar sus
estudios y aprovecharlos. Abanderan una Escuela falsamente meritocrática, en la
que todos tienen las mismas oportunidades y deben ser tratados de la misma
manera. Una inevitable consecuencia de esta Escuela, claro, sería que los
docentes de Secundaria siempre debieran enseñar sus materias en un contexto
favorable a su labor, con plena atención y respeto a la misma por parte de sus
alumnos y, en el caso de que esta situación no se produjera, esos alumnos disruptivos
debieran ser expulsados lo más rápido posible del itinerario común y desviados
a otro tipo de formación más acorde con sus "motivaciones profesionales" (que, para algunos, sí presentan
ya estos alumnos, en un curioso ejercicio de madurez selectiva, a edades tan tempranas
como 12, 13 o 14 años).
Frente a ellos, en la trinchera contraria, se posicionan,
desde una ridícula superioridad moral, absolutamente inmunes a la razón y a una
realidad que desmiente sus postulados diariamente, aquellos a los que llevo
años denominando los de la #EnsoñaciónPedagógica.
Ensimismados en sus anhelos y enrabietados porque jamás la realidad de las
aulas les devuelve la imagen del imposible (y equivocado) cambio pedagógico que
defienden, nunca pierden la ocasión de
despreciar, tanto directa como indirectamente, el valor del conocimiento y la
exigencia académica en una Escuela que sueñan con convertir en motor de un
cambio social que dicen desear (aunque siempre que pueden, optan por
conseguirlo desde fuera de las aulas, para que la realidad no les manche). Aunque
no siempre se atreven a verbalizarlo directamente, consideran que la función
principal de la Escuela (y, si les dejasen decidir, casi que la única), en aras
de una equivocada visión de la equidad social y como única manera de paliar y
compensar las extraordinarias diferencias sociofamiliares y económicas que, de
origen, arrastran los adolescentes, debiera ser la defensa de una enseñanza
paliativa, anoréxica de contenidos, emotivista y competencial, en la que el
cuidado de la salud emocional del alumno fuera núcleo fundamental de su labor.
Una Escuela en la que, por tanto, la responsabilidad de la motivación (o la
falta de ella) de los alumnos recaería por completo en un docente que, siempre
que no se termine plegando a sus dogmas, solo podrá fracasar ante sus ojos.
Se trata de un debate artificial, emponzoñado, maximalista y
miserable. Un falso debate que no busca mejorar la realidad de nuestras aulas y
en el que resulta imposible que se escuchen los unos a los otros porque nunca
se trató de confrontar ideas respetando los matices, sino de encontrar las
voces más mediocres y extremistas de la trinchera contraria para estigmatizar
después, públicamente, a cualquier docente que intente aportar una visión
personal sobre los males de la educación, desde su experiencia en las aulas,
por acercarse demasiado a los unos o
a los otros. Cada vez tengo más claro el objetivo fundamental de esta lucha
fratricida: la obsesión de los ideólogos de ambas visiones es la domesticación
de los docentes de Secundaria, tan dados ellos a mantener ideas propias sobre
cómo se deben organizar y enseñar los contenidos de sus materias.
Ampliemos la descripción de ambas visiones.
Existe una corriente pedagógica, que se considera progresista,
la de los militantes de la #EnsoñaciónPedagógica, que ya no se corta en denostar
el aprendizaje de saberes, lo que siempre se llamó transmisión de conocimientos
y, sin muchos matices, defiende que la labor fundamental de la Escuela debiera
ser la compensación de las desigualdades sociales de origen (algo loable y
necesario) que producen una supuesta desafección de gran parte del alumnado de
las clases populares hacia los contenidos académicos que se ofrecen en esa
Escuela construida de manera clasista para legitimar las diferencias sociales.
Una Escuela, dicen, tan solo al servicio de las clases medias y la legitimación
de la reproducción social, una Escuela a la que los retoños de estas clases
medias se adaptan con facilidad porque está construida para ellos. Seguidores
mediocres de la pedagogía crítica, construyen una visión tan absolutamente
determinista del porqué de la existencia de la enseñanza obligatoria reglada
que, sin darse cuenta, terminan siendo el reflejo especular de los que todavía
creen que los sistemas de educación obligatoria que se fueron conformando en
los últimos dos siglos y medio son completamente neutrales, sirven para dar una
oportunidad igualitaria a todos y legitiman una saludable meritocracia. Ambos
planteamientos hace tiempo que dejaron de permitir que la realidad perturbase sus
ensoñaciones. Prefieren obviar el entramado de intereses que se disputan el
control de la Escuela y cómo esta permanente disputa ha permitido la
posibilidad real de existencia de una Escuela que ayuda (y mucho ) a que multitud de
alumnos empiecen a construir las bases de una mejor vida, con más posibilidades reales, que la que tuvieron
sus padres (y ellos mismos como niños) gracias a la formación recibida.
Frente a los discursos, supuestamente neutrales, que proclaman
las bondades de una Escuela exclusivamente meritocrática que todo docente de
Secundaria con dos dedos de frente (que se lo digan a cualquier tutor de un 1º o un 2ºESO en cualquier instituto de barrio) es perfectamente consciente que no existe, los adalides de la #EnsoñaciónPedagógica
se han echado al monte y hace mucho tiempo que desistieron de seguir ofreciendo
una oportunidad académica real, viciada de origen, sí, pero real y posible, a
todos esos alumnos que parten de una radical desigualdad sociofamiliar de
origen. Así, en lugar de priorizar en sus discursos la necesidad de más
recursos para la enseñanza pública, ratios más bajas, el reparto de los alumnos
con mayores necesidades educativas entre todos los centros educativos (no solo
dentro de un mismo barrio, la primera herramienta de segregación escolar) o la
eliminación de la enseñanza concertada para que los docentes puedan enseñar más
y mejor a todos sus alumnos, decidieron centrar el grueso de sus esfuerzos y de
sus intervenciones en el debate público en la construcción de una Escuela
sentimentaloide, que dice priorizar el bienestar emocional de los alumnos
mientras les roba la posibilidad de un futuro, que denuesta y demoniza
cualquier atisbo de exigencia académica y de cualquier defensa del necesario
esfuerzo que supone cualquier aprendizaje. Para conseguir sus objetivos, y
obviando cualquier contradicción ideológica, encontraron en el insustancial,
tecnocrático y neoliberal enfoque competencial de la enseñanza la mejor
herramienta para alcanzar sus metas. Un paradigma educativo que conseguiría,
por fin, la ansiada la dilución del aprendizaje de conocimientos, sortear la
especialización de los docentes de Secundaria y convertir la Escuela en una
continua experiencia emocional, en un simulacro constante, absurdo y feliz, de
aprendizaje.
La búsqueda (imposible) de la felicidad del niño como motor
de una Escuela despojada de cualquier autoridad intelectual.
El problema es que la ficción, por mucho que les pese, se
sostiene durante la Primaria, aguanta a duras penas durante los primeros cursos
de la ESO pero se derrumba, mostrando todas sus vergüenzas, al final de la ESO
y durante el Bachillerato. No se puede dejar de señalar lo más perverso de este
planteamiento metodológico y de organización curricular: son las familias de
clase media progresista, esas que necesitan no abandonar la escuela pública
para no traicionar sus planteamiento ideológicos, las que más disfrutan (y
defienden con fiereza) esta Escuela inane, emotivista, experiencial y despojada
de contenidos académicos que no perturba sus vidas privadas durante la infancia
de sus hijos. Son las mismas que cuando sus hijos llegan a 4ºESO o al Bachillerato
y las consecuencias de esa Escuela insustancial comienzan a ser insoslayables
tienen los medios económicos, mediante profesores particulares o colegios
privados, de solucionar los problemas educativos de sus hijos.
Con un paternalismo perturbador, los defensores de la #EnsoñaciónPedagógica
aseguran defender una Escuela en favor de los más desfavorecidos cuando la realidad
nos muestra cada día que sus planteamientos pedagógicos se alinean finalmente,
con precisión milimétrica, con las necesidades de una familias progresistas de
clase media que, en el fondo, luchan por lo mismo que las familias neoliberales:
una Escuela que no perturbe las felices
infancias de sus hijos con prematuras y
absurdas exigencias académicas.
Frente a ellos, en los último años, aprovechando la
desafección laboral que se ha ido larvando durante las últimas décadas entre
unos docentes de Secundaria absolutamente desbordados por las exigencias de
unas leyes que, una tras otra, han sumado atribuciones imposibles a su labor
mientras la burocratizaban hasta la extenuación, menospreciaban el conocimiento
y despreciaban cualquier atisbo de exigencia académica, ha (re)aparecido una
corriente educativa que, en un principio, centraba su crítica en las contradicciones
y delirios de la #EnsoñaciónPedagógica hasta que, poco a poco, muchos de sus
simpatizantes fueron envalentonándose y mostrando sin tapujos su clasismo
educativo. Son en su mayoría, a diferencia de los otros, compañeros en activo,
docentes a los que la realidad mancha cada día pero que han abandonado
cualquier aspiración de una Escuela universal y pretenden conseguir una Escuela
mínima, segregadora y falsamente meritocrática con la excusa de la defensa del
conocimiento y la exigencia académica. Los he denominado
#ClasistasDelConocimiento.
Durante un tiempo se limitaron a defender una Escuela
basada en el conocimiento que abandonara el absurdo enfoque competencial y se
centrara en la necesidad de que los alumnos adquirieran y supiesen manejar una
serie de saberes asociados a unas asignaturas impartidas por especialistas. Apoyaban
la necesidad del esfuerzo en el proceso de aprendizaje y, por supuesto, frente
a veleidades absurdas, tenían claro que, a partir de ciertos niveles
educativos, los alumnos tenían que estudiar en sus casas para poder reforzar
los aprendizajes adquiridos en las aulas. Sus argumentos eran (y son) compartidos
por la mayoría de los docentes de Secundaria en activo ya que entroncaban con
el sentir mayoritario del colectivo docente, pese a quien le pese. También se
posicionaban, de forma acertada, en contra de la agrupación de asignaturas en
los primeros cursos de la ESO mediante ámbitos que no solo diluían el
aprendizaje de conocimientos sino que también menospreciaban la importancia de
la formación académica de unos docentes que pasaban de ser expertos en su materia
a transformarse en una especie de extraños animadores socioculturales, con
mayor empeño en lo emocional que en lo intelectual. Pero el delirio curricular
que supuso la implantación de la LOMLOE les dio alas y empezaron a darse cuenta
de que podían ir más allá, no solo defenderse contra la visión pedagógica de
los otros, tan absurdamente buenista que terminaba derivando en totalitaria, y podían comenzar
a (re)construir su visión alternativa de la educación obligatoria: clasista,
segregadora, miserable y falsamente meritocrática.
Con la excusa de la defensa de esa Escuela del Conocimiento
que tantos de nosotros apoyamos, y aprovechando el caldo de cultivo de ese extraordinario malestar
docente ya citado, han empezado discutir de nuevo, sin
rubor y sin atisbo de vergüenza, que realmente todos los adolescentes tengan
derecho a una oportunidad formativa real en nuestros institutos, que realmente se la tienen que ganar, que para
conseguirlo ya tienen que venir educados
(léase "adaptados al sistema") de casa, que no molesten, que no les
impidan dar sus clases sin tener que gestionar indeseables disrupciones en el aula. Escondidos tras el discurso de la exigencia académica intuyo en ellos a un
pequeño grupo de docentes finalmente inútiles para su labor, incapaces de conectar
con sus alumnos, de respetarlos más allá de lo formal y a los que hace mucho
tiempo que dejó de importarles lo más mínimo que todos sus alumnos (TODOS) aprendiesen
o no. Desesperados por encontrar argumentos que puedan defender públicamente
para excusar su fracaso en las aulas, el movimiento de
#ClasistasDelConocimiento les ha venido estupendamente para disfrazar dicho
fracaso tras la máscara de la exigencia académica: el problema no son ellos, el
problema son esos alumnos disruptivos, casualmente siempre hijos de las clases populares,
siempre hijos de la que no es su clase social, incapacitados de serie para
aprovechar su sapiencia.
Traicionando el espíritu de esa Escuela del Conocimiento que
tantos defendemos, tanto públicamente como a pico y pala cada día dentro de nuestras
aulas, apuestan sin tapujos por una Escuela elitista, clasista y
socialmente segregadora a la que cada día los alumnos tendrían que llegar
absolutamente motivados desde sus casas, perfectamente educados por sus
familias y plenamente predispuesto a admirar el conocimiento que les vamos a
obligar a aprender.
Una Escuela aislada de la sociedad, una Escuela de
conocimiento puro, con alumnos agradecidos y profesores que solo tengan que preocuparse
por enseñar sus contenidos sin atender a nada del contexto personal de esos
alumnos, sin tener que conocerlos, ni entenderlos, sin tener que soportar su juicio
y el de sus familias respecto a su labor; ahí, levitando en sus atalayas de
sabiduría.
Entre todos esos mensajes que se lanzan al aire en las redes
sociales y que no siempre ya pueden ser solo justificados como desahogo frente
a la dureza de nuestro día a día laboral, hay uno especialmente repulsivo: corrompiendo
de forma ruin la esencia de aquel lema de una Escuela Pública de todos y para todos que tantos
de nosotros seguimos defendiendo y por el que trabajamos cada día, aseguran cínicamente
que su planteamiento educativo es el único que ofrece una oportunidad formativa
real para los hijos de las clases populares; que realmente defienden esa Escuela, rancia y casposa, pensando en ellos. Eso sí, claro, siempre que no molesten demasiado.
El alumno pobre como adorno pedagógico, el alumno pobre como
excusa ideológica, el alumno pobre como ese Plácido dócil al que se deja sentar
en la mesa del conocimiento puro siempre que no moleste y se sienta agradecido,
pero que a poco que disturbe la paz impostada de las aulas pueda ser rápidamente expulsado
no vaya a ser que termine convirtiéndose en parte de una turba disruptiva, cruel
y revolucionaria, a lo Viridiana.
Y entre ambos extremos sobrevivimos la mayoría de docentes,
sin voz pública, sin representantes con poder e influencia en las esferas
políticas y mediáticas, siendo apelados constantemente por los unos y por los
otros para posicionarnos en cada uno de los temas (muchos absurdos, casi todos
menores) que diariamente proponen los unos y los otros para alimentar la
polarización, ganar su cuota de influencia y repartir carnets de pureza.
Este manifiesto personal contra los unos y contra los otros espero
que resuma y aclare todos los posicionamientos públicos que llevo haciendo durante todos estos años en
el #ClaustroVirtual a través de este blog y de Twitter/X. No tenemos por qué
aceptar compañeros indeseables de viaje educativo solo para sentirnos
identitariamente partícipes de una idea abstracta y teórica de cómo debe ser la Escuela. Es
mi modesto intento de transmitir a tantos de los compañeros que, como yo,
defienden una Escuela cuyo motor pedagógico sea el conocimiento, alejada del
enfoque competencial y que respete la necesidad del esfuerzo académico, que se
puede mantener uno en la defensa firme de esos principios sin caer en los brazos
de aquellos que pretenden alejar tan pronto como puedan a todos los alumnos que
les sobran en las aulas sin intentar darles la oportunidad formativa que
merecen.
Siempre con los medios y recurso suficientes. Esos que no tenemos. Esos
que tenemos que exigir. Esa es otra de las batallas fundamentales.
No hay equidistancia alguna en mi planteamiento. Al contrario, hay rabia
y hostilidad, de forma educada pero manifiesta, contralos unos y contra los
otros; no pretendo alcanzar ningún tipo de consenso con ninguna de las dos
trincheras, deseo mostrar sus contradicciones y sus incoherencias discursivas
así como mi desprecio por sus exageraciones interesadas, sus campañas
difamatorias y su ridícula aspiración de pureza pedagógica. El objetivo es
cambiar el paradigma, el foco del debate, dejarlos a todos ellos fuera de la
necesaria discusión que los profesionales de la enseñanza pública debemos
mantener para intentar que no se termine de derrumbar un sistema educativo que presenta
claros síntomas de agotamiento. Que no seamos nosotros los que tengamos que
acercarnos a ninguna de estas dos trincheras para ser escuchados y aceptados, que
no seamos nosotros los que tengamos que quedarnos callados para no vernos
señalados por sus huestes inquisitoriales, que sean ellos los queden orillados
en la nada, bramando en el vacío,hasta
que se vean obligados a abandonar esas dos trincheras que tanto daño están
haciendo al debate educativo en España.
G
M
T
Y
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Para conmemorar los 20 años que han pasado desde que empecé con este blog, vuelvo a publicar este post recopilatorio ampliando a 20 las entradas seleccionadas sobre educación,
Mi trabajo como profesor de
Secundaria ha ido contaminando inevitablemente a Discu(r)siones hasta convertir
las reflexiones sobre educación en uno de sus motores principales.
Recuerdo hoy como
si fuera ayer cómo, en aquel septiembre de 2006, subía nervioso la cuesta
Moyano hacia mi primer instituto como profesor, mi primera e intensa experiencia
docente, mi primera y entrañable tutoría en aquel IES enclavado en el Parque
del Retiro. Un instituto donde no solo empezaría a entender cómo funciona la
docencia sino en el que conocería a un puñado de tipos que todavía hoy resisten
como (grandes) amigos. La vida y sus paradojas.
Jamás pensé de
chaval que mi futuro pudiera estar ligado a la docencia. Nunca tuve ninguna
vocación, esa que algunos convierten en una especie de requisito
indispensable para ser docente, casi un sentimiento religioso. Ser profesor nunca fue de
adolescente ni mi objetivo ni mi sueño. Estudié Física, me especialicé en
Astrofísica, disfruté mucho de lo que aprendí pero, tras terminar la carrera,
tenía claro que la investigación no me resultaba atractiva. Llegué a Madrid a
lomos de una relación personal. Nueva etapa y nueva vida. En poco tiempo me
convertí en profesor de la enseñanza pública casi sin darme cuenta. Recuerdo
aquellos primeros días en los que descubrí el aula y empecé a comprender el significado
y la dificultad de enseñar, de conectar con adolescentes. Recuerdo cómo
empecé a disfrutarlo. Y cómo entendí que había encontrado, como decía aquella
película, mi lugar en el mundo: estaba donde quería estar. Estoy donde debo
estar. En las aulas.
Pero soy como soy,
siempre me gustó leer, discutir y reflexionar sobre lo que me parece
importante. Diseccionarlo, estudiarlo, entenderlo. Y la Escuela es una de esas
pocas instituciones que realmente vertebran nuestra sociedad, con un enorme
poder simbólico. Su concepción y su control son siempre políticos. Reflexionar
sobre su importancia, sus problemas y sus contradicciones se convirtió en una
exigencia personal. Lentamente, a medida que las intuiciones se convertían en
certezas y sumaba lecturas, decepciones y conversaciones a la experiencia
personal, la educación fue llegando al blog de manera natural.
Estos son los 20
posts más relevantes sobre Educación que he publicado durante estos 20 años. No
están ordenados cronológicamente sino que los he agrupado, de manera un tanto caótica, por temática.
1.Entender el
papel del profesor en el aula y nuestro rol como enseñantes ha sido una
constante durante estos años. En este post reflexiono sobre la necesaria
conexión con los adolescentes para poder enseñar. ¿Lo emocional afecta? Sí,
pero cómo y para qué.
«Un profesor no puede pretender convertir su labor en
una actividad onanista, enfocada en sí mismo, olvidando que el objeto de su
trabajo son los alumnos y recurriendo a la necia excusa de que “son ellos,
con su indolencia y su pasividad, los que se pierden la posibilidad de acceder
a los niveles superiores del conocimiento que él les ofrece."»
"Ni los alumnos ni sus familias van a asumir
regresar a estadios anteriores donde el respeto por la figura del docente venía
dada porque sí, sólo por consideración a rancias jerarquías sociales. Por
lo que ese respeto el profesor va a tener que ganárselo cada día a base de duro
trabajo y de su capacidad para conectar con cada uno de los grupos de alumnos a
los que va a tener que impartir clases."
"Solo una lectura maniquea de lo argumentado puede
tergiversar lo aquí expuesto para presentarlo como una defensa del profesor
buenrollista o con complejo de paternidad perdida, cuyo único interés
es conectar con sus alumnos y hacerse colega de ellos para esconder sus
miserias profesionales. Nada más lejos de mi intención. De lo que hablo es
de la existencia en las actuales aulas de la ESO de una condición previa
necesaria (pero por supuesto no suficiente) para que un docente tenga siquiera
la posibilidad de encarar su labor con una mínima posibilidad de éxito"
2.Todo profesor
de instituto sabe que si el tutor del grupo al que da clases
"funciona", su trabajo durante el curso será mucho más sencillo. Los
tutores de la ESO desempeñan el papel más importante y complicado en la vida de
los institutos. Había que explicar por qué.
"Solo siendo tutor he sentido el agrio sabor de la
derrota en mi boca, he tenido que asimilar la inutilidad de la batalla
individual, la necesidad de convertir la enseñanza en un proyecto colectivo en el
que los profesores se impliquen y los padres no se conviertan en estériles
enemigos. Pronto sentí la frustración que conlleva el ingenuo intento de salvar
a ciertos alumnos, en los que al determinismo social y familiar se les une una
lacerante incapacidad de responsabilidad personal que los convierte en carne de
cañón educativa."
"En
este mundo de trincheras que es la educación, la
labor tutorial supone en ocasiones una gran paradoja, ya que la
humanidad y el
buen hacer de profesores de la vieja escuela terminan convirtiéndolos en
buenos
tutores, mientras que jóvenes seguidores de las nuevas pedagogías,
believers fanatizados de la educación emocional, fracasan ante
realidades complejas que los convierten en inútiles totales frente a
grupos de
alumnos que desprecian sus pobres intentos de acercamiento."
3. Este es uno de los posts más difíciles que he escrito sobre Educación. Tocaba
criticar a algunos de mis compañeros, explicar el porqué de esa crítica y advertir
de cómo esa crítica podría ser manipulada.
"Hoy en día la
sociedad ya no es capaz de determinar exactamente qué quiere de la escuela. Las
viejas ficciones ya no sirven. No hay proyecto común en relación a ella. Sólo
quedan los restos descompuestos de aquel viejo relato colectivo que la quiso
colocar el centro de la acción social como elemento fundamental para la
cohesión y la igualdad de oportunidades. Inmersos desde hace décadas en un
letal individualismo, tan sólo pretendemos utilizarla como plataforma credencialista
que legitime la exclusión y sirva de soporte en la construcción de una tan
feroz como estúpida competitividad social, en la que unos sólo pueden triunfar
si los demás fracasan y se hunden"
"Nunca hay
autocrítica. Jamás. No he encontrado a un solo profesor o profesora que haya
asumido públicamente nunca que la responsabilidad del fracaso educativo de
alguno de sus alumnos pueda ser debido a su pésima labor"
4. Demasiadas
veces leí y escuché a supuestos expertos educativos dar pautas inútiles a los
nuevos profesores: puro humo, entelequias construidas muy lejos de las aulas
cuya aplicación llevaría al nuevo docente directo al fracaso. Aquí trato de
ayudar, con unos consejos prosaicos, a los profesores novatos. Sin recetas
mágicas.
"Mis consejos están muy lejos de las grandes
intenciones y ambiciones hipertrofiadas y ampulosas de esos gurús pedagógicos
que no han pisado un aula en su vida y se arrogan el derecho de darnos
lecciones a los profesores cada día a través de los medios de comunicación y de
los cursos de (de)formación. Personajes oscuros que se disfrazan de subversivos
y dinamizadores de nuevos enfoques educativos cuando están a sueldo de
fundaciones privadas de bancos y empresas que los utilizan para reenfocar los
objetivos de la Educación y tratar de ponerla al servicio de sus necesidades.
Vendemotos pedagógicos que subliman sus frustraciones y dan rienda suelta a sus
egos en cursos de formación de un profesorado cautivo que tiene que soportar
cómo se lo infantiliza para deconstruir su autoridad intelectual y así
convertirlo en un guiñapo maleable en manos de advenedizos con ínfulas."
5. Hay una cruzada
maniquea contra la transmisión de conocimientos fomentada por el capital y la
confusión ideológica de muchos. Desde la izquierda, reivindico el conocimiento
como eje central de la Escuela y denuncio la traición a la juventud que supone
no defenderlo.
"Vivimos en
un tiempo en el que el antiintelectualismo se ha infiltrado en todas las capas
sociales, el conocimiento se banaliza y la persona instruida en cualquier saber
debe disfrazarse coloquialmente de friki para poder sobrevivir en
su entorno social."
«Se
identifica de manera deshonesta y artera "transmitir conocimiento"
con una escuela decadente, del "siglo XIX", mientras que
"potenciar la creatividad" del alumno, aunque nadie sepa exactamente
qué significa eso [...], supone transitar hacia una luminosa modernidad"»
"Lo racional ha perdido de nuevo la batalla, no solo
contra lo emocional sino también contra una frivolidad hedonista que provoca
arcadas. Se desprecia sin tapujos cualquier amago de conocimiento demostrado,
de dato contrastado o de opinión argumentada. No hace falta saber, dicen. Y llevan
años intentando trasladar ese lema, propio de imbéciles, a la escuela. Se
denuesta la "transmisión de conocimientos" (¡anatema!) cuando es la
única manera de ser leales con las nuevas generaciones, para que maticen su
arrogante (y natural) adanismo adolescente con la comprensión de una historia
previa a su vidas donde se ofrecieron muchas posibles soluciones a muchas de
las preguntas y desafíos intelectuales y vitales a los que ellos se han de
enfrentar. No se trata de acotar esas soluciones, sino de ampliar los horizontes
de las posibles respuestas."
6. No se puede ni
se debe renunciar a las emociones en el aula porque son claves para el
aprendizaje. Por eso es importante que no se apropien de ellas los que
defienden una "educación emocional" huera, sin contenidos y
totalitaria que busca de manera estéril la "felicidad del niño".
"Se buscan
consumidores dóciles y trabajadores entrenados (el puto coaching)
emocionalmente para tolerar la frustración. Consumidores poco exigentes, sin
criterio propio, sin rabia. Trabajadores adiestrados (¿amaestrados?) en las
competencias q el Mercado considera aprovechables"
«Sin conocimientos, sin posibilidades económicas de alcanzar
estudios superiores de nivel, las clases populares (vamos, los pobres) vuelven
a estar de nuevo condenadas. Pero eso sí, estarán "educados",
"entrenados" no solo para soportar su miseria y
"comprenderla", sino también para justificarla. No sabrán nada de nada pero creerán
que lo que les pasa es normal, natural. Y
ese será el gran triunfo de la nueva educación,
esa que promete hacerlos felices a todos tan solo mientras sean niños y
adolescentes, para después abandonarlos en manos de un Mercado que pueda
disponer de ellos "eficazmente"»
"La
enseñanza de contenidos es la única que, paradójicamente, deja
espacio al alumno para la crítica y la rebelión. Para el uso de la razón y de
la reflexión. No se puede enseñar nada desde la nada. No se puede aprender nada
cuando la nada inunda las aulas [...] La
educación psicoafectiva [...] intenta modelar emocionalmente a los alumnos y (re)construirlos
según valores pretendidamente positivos."
7. ¿Para qué
enseñamos? La paradoja se hace carne entre los innoducators,
profesores que convierten la innovación educativa en una forma narcisista de
construirse una identidad social: si afirman sin
pudor que la enseñanza tradicional sirvió para crear ciudadanos obedientes al
servicio del viejo capitalismo, ¿no es su "Nueva Educación" la mutación que
demanda el Sistema para sobrevivir?
"No hace
falta que sepan tanto, no hace falta que tantos realicen estudios superiores,
no es necesario pretender un conocimiento profundo de la realidad, lo que se
necesita es que los jóvenes sean flexibles y dinámicos, dóciles en lo político
y emprendedores en lo económico."
"[Los innoducators] han construido
una Escuela virtual, una Escuela-burbuja descontextualizada socialmente, un
juguete con el que disfrutar de experiencias que les llenan como docentes, más
allá de las consecuencias reales que sus acciones tendrán en sus alumnos a
largo plazo."
"Mientras los profesores innovadores, esos que en las redes
se autodenominan innoducators, no me
expliquen cómo es posible que su formación renovadora, sus proyectos
educativos, sus premios a los mejores profesores y su crítica a la Escuela
tradicional van a cambiar la Educación para cambiar el mundo; mientras
no me expliquen cómo superar la contradicción que supone que su
formación renovadora, sus proyectos educativos, sus premios a los
mejores
profesores y su crítica a la Escuela tradicional son financiados y
promovidos
por el neoliberalismo más carroñero, por fondos de inversión
especulativos o
por empresas que parasitan a la Enseñanza y mueven continuamente los
hilos para
apropiarse de una parte cada vez más suculenta de la formación
obligatoria, será
difícil que su ímpetu de cambio resulte creíble. Mientras que la única
consecuencia de sus planteamientos educativos sea convertir a la Escuela
en una
burbuja de felicidad y creatividad para unos niños y adolescentes
que, después de atiborrarse de soma constructivista y colaborativo, serán
arrojados del paraíso para convertirse en carne de cañón (flexible y sumisa) de
un mercado laboral precarizado, será difícil que su relato transformador
resulte mínimamente verosímil."
8. Es una
cuestión recurrente cuando se discute públicamente sobre educación: ¿qué
opiniones se deben tener en cuenta? En este post aclaro mi posición: en ningún
caso solo se debe escuchar a los docentes que opinan en base a su experiencia.
Pero ello no implica que la opinión de cualquiera tenga el mismo valor que
la suya. La cosa es más compleja.
"¿Es honesto
afirmar que todos los docentes, por el hecho de serlo, son expertos en
Educación y, por tanto, voces lúcidas a las que escuchar con atención y respeto
cuando se discute sobre los problemas de la Enseñanza en España? [...] No todos los que
enseñan cada día son voces interesantes ni autorizadas para hablar sobre la
enseñanza. Sí es verdad que conocen la realidad de las aulas (faltaría más, las
pisan cada día) pero ese hecho no implica automáticamente que de sus
experiencias sean capaces de extraer una sabiduría que vaya más allá de la
supervivencia profesional. Y todo esto es algo que desde nuestras trincheras
muchas veces, interesadamente, obviamos."
"Vivimos tiempos en donde lo emocional impera y ese exceso de
sentimentalidad se ha extendido, inevitablemente, a unos profesionales hartos de la avalancha de
opiniones externas, delirantes e interesadas, que les intentan
explicar cómo realizar su trabajo. Como consecuencia, de manera reactiva, casi
defensiva, se ha construido un discurso dentro de cierto sector del profesorado
que, a falta de las matizaciones necesarias, pretende trasladar a la sociedad el
mensaje de que nadie puede hablar de la educación, ni pedir cuentas a los profesores
sobre su labor porque estos son los únicos que poseen el bagaje necesario,
debido a su experiencia, para enjuiciar dicha labor."
"No
podemos permitirnos asumir que lo experiencial se convierta automáticamente en
dogma porque hay un montón de profesionales de la enseñanza cuyas voces son
absolutamente inútiles en cualquier debate educativo con cierto nivel de
profundidad. Hay voces lúcidas de padres, periodistas, sociólogos o pedagogos preocupados
por la educación que deben ser tenidas en consideración, más allá de que lo que
defiendan parezca poner en cuestión, en un primer momento, nuestro prurito
profesional."
9. El bilingüismo
segregador y elitista de la enseñanza madrileña no habría triunfado sin la dolorosa complicidad
de padres y profesores de izquierda que, criticando en privado el programa
bilingüe diseñado (¿para ellos?), ayudaron a su éxito con su insólito
colaboracionismo.
"El Bilingüismo segregador y elitista de la
Educación Pública madrileña jamás podría haber triunfado sin la dolorosa
complicidad de la gran mayoría de esos padres y profesores de izquierdas,
progresistas que, siendo extremadamente críticos en privado con el programa
bilingüe diseñado (¿para ellos?) por Esperanza Aguirre y Lucía Figar,
han contribuido decisivamente a su éxito con su insólito colaboracionismo"
"La clave, como ya pasaba en la concertada y en
la privada, pasaba a ser el tipo de compañeros que tendría en el aula ese hijo
convertido en proyecto de futuro. Dejémonos de hipocresías: la clave era a
qué compañeros de clase evitaba ese hijo criado en modo burbuja. A nadie le
importó lo suficiente. No fue casualidad. Una generación criada en el
analfabetismo idiomático extranjero de la España de los 70 y 80 creyó redimir
su mediocridad a la hora de aprender idiomas mediante los palabros que en
inglés declamaban sus retoños. Así trataban inicialmente de justificar
pobremente el porqué de su traición a la enseñanza pública. Después, llegarían
argumentos más peregrinos."
"Esos padres [...] decidieron ser elitistas
mientras, paradójicamente, no dejaban pasar ninguna ocasión para criticar a los
otros, a los padres de la concertada, por serlo. Decidieron despreciar la
transmisión de conocimientos y el aprendizaje fluido y natural en la propia
lengua. Algunos, incluso, argumentaban que tampoco era tan importante lo que se
aprendía en el colegio y en la ESO, que ya aprenderían en serio
en el Bachillerato y en la Universidad, y que, mientras tanto, menudo nivel de
inglés estaban adquiriendo sus hijos. Preferían hacer como que no se daban
cuenta de que para que sus hijos de clase media diesen clases en grupos social
y académicamente homogéneos dentro del AVE bilingüe, tenía que haber otro tren
desvencijado en el que agrupar a todos aquellos alumnos sin recursos, conproblemáticas sociales, sin apoyos
familiares, con necesidades especiales o que llegaban de otros países con el
curso avanzado."
10. Toca recordar a
la Marea Verde. Ya empieza a
sonar a "batallita boomer" pero fue real: en Madrid, los profesores de
la pública nos enfrentamos hace casi 15 años a Esperanza Aguirre y a Lucía
Figar, nos enfrentamos una concepción de la Educación clasista y segregadora. Teníamos
la razón, luchamos, nos creímos invencibles y, por supuesto, perdimos. Vaya que
si perdimos...
"Aguirre busca conseguir una educación de varias
velocidades en Madrid, en la que a la cola esté una educación pública que, aún
contando con buenos profesionales (que los hay, y muchos), no podrá competir en
ofrecer una calidad educativa acorde con lo que nuestra sociedad nos exige. Y
en la que lentamente se irán introduciendo las empresas u fundaciones privadas
para ofrecer esos servicios que ahora se van a impedir realizar a los
funcionarios públicos con sueldos dignos y que ellas, subcontratadas,
realizarán a un menor coste."
11. Seguimos con la
Marea Verde. Docentes millennials y Z, leeros esto
cuando vuestros mayores
pretendan construir una épica de lucha laboral que nunca existió. Estos
son los tipos de
esquiroles con los que me he ido encontrando en CADA huelga educativa
durante
estos últimos veinte años. Y, cuidado, al final me temo que todos
terminaremos cayendo, de una manera u otra, con una excusa u otra,
dentro de alguno de los perfiles descritos
«El esquirol ruin: suele ser relativamente joven, menor de 40 años, urbanita, sin demasiadas
cargas familiares. Lleva años contando sus aventuras en países exóticos o sus
vacaciones a todo tren en playas o alojamientos rurales. Cuando llegan las
huelgas, aunque ideológicamente de manera superficial parece compartir las
reivindicaciones, nunca termina de ver claro públicamente la utilidad de las
mismas: "esta no es la estrategia a seguir" o "no sirve de
nada", argumentan con cara de circunstancias, sin profundizar
demasiado en
ninguna argumentación. Finalmente, en privado, a alguno de los que sí
hará la huelga le
comentará, misterioso, exigiendo comprensión, que ahora mismo no puede
permitirse perder ese dinero
por una cuestión personal e insoslayable pero que sin duda los apoya.
Que es terrible lo que están haciendo. Un crack. En unos meses se
olvidará de las
contradicciones y la coherencia y te empezará a contar dónde va a pasar
el
verano, en ese país extranjero, tan exótico, tan lejano, por un precio
bajísimo, casi un regalo...»
12. He trabajado en
muchos institutos y casi siempre fui tutor de 4º ESO. En el curso 2010-2011 lo
fui de un grupo de alumnos maravilloso en el IES Iturralde y, 2 años después, aquellos
alumnos me escribieron para invitarme a su graduación de 2º de Bachillerato. De
repente, me vi allí, encima de aquel destartalado escenario,
sonriendo a mis antiguos alumnos
"Chicos y chicas estupendos, cada uno con sus
particularidades, con sus capacidades, con su idiosincrasia, con sus ideas y
sus inquietudes. Reflejo de la sociedad en la que vivimos, sustancia de esa
educación pública en la que creo y por la que trabajo. Un motivo más para
seguir en la brecha"
13. Como profesor,
el mayor desafío que he tenido es aquella Física de 2º de Bachillerato en
Humanes que todos los alumnos de ciencias tenían que "elegir"
obligatoriamente, por cuestiones de organización del centro, después de no haber
dado prácticamente nada de Física el curso anterior debido a la baja laboral de su
profesora. Ellos nunca serán del todo conscientes de cómo me maté aquel año
para que ellos pudiesen superar las dificultades que suponía aquel curso y de lo
tremendamente orgulloso que estoy tanto de mi trabajo como de su esfuerzo y
dedicación durante aquel curso.
"El curso ha sido largo y complicado. Los he visto
sufrir, llorar, encabronarse, someterse, rebelarse, volver a sufrir, y a
llorar. Pero sobre todo los he visto luchar. A casi todos. Luchar, unay otra vez,enfrentándosea sus propias
capacidades, desafiando a miserables determinismos socioeconómicos,
enfrentándose a un sistema que los impulsa hacia otras labores y hacia otros
estudios, que los quiere apartar de los estudios superiores, que ignora sus
sueños y sus necesidades. Ellos sí se enfrentan en soledad, solo con sus armas,
a la exigencia educativa. Muchos otros, cuando sufren, gracias a su posición
socioeconómica, disponen de todo tipo de ayudas para superar las dificultades,
mientras que ellos solo cuentan con su esfuerzo, con su cabezonería y con su
grupo de amigos."
"Creo firmemente en que son las pequeñas batallas
el espacio en el que más podemos aportar. Dar una oportunidad de futuro a los
que todo lo tienen en contra, sin traicionarles, sin regalos, sin buenismos
condescendientes es una de las vías que la enseñanza nos permite.
14. Nuevo IES,
nuevos alumnos. Gran parte de la sociedad no se plantea (ni puede) elegir
centro educativo para sus hijos. Otros eligen (con dinero público) y construyen
burbujas socioeconómicas para sus retoños. Y luego estás tú, como profesor, que
te enfrentas a ese alumno que te mira desde el primer día con una mezcla de
indiferencia y provocación desde la última fila. Él no te conoce pero tú hace
años que lo sabes todo de él.
"Eres un
lidercillo, tienes carisma e ingenio. Nada especialmente relevante. Pero te vas
dando cuenta de que algo falla. Hasta tú, que siempre intentas reírte de los
que estudian, y despreciarlos, y minusvalorarlos, empiezas a percibir que algo
chirría en el relato de tu vida."
"Tras
tantos cursos oyéndote decir lo mismo, las mismas palabras que surgen de
diferentes labios y que retumban en mis oídos una y otra vez, me toca a mí
preguntarte a ti, que tienes tantas caras, tantos nombres diferentes, en tantos
institutos distintos: ¿cuándo vas a aceptar que tus quejas solo te sirven al
final como excusa para enmascarar tu pereza, tu incapacidad para el compromiso
y el esfuerzo?"
"Sería toda una experiencia visualizar a los hijos
de esa multitud, tan conservadora como progre, que estructura a la clase media
de este país, y que suele mirarte con desprecio, sometidos a las vicisitudes de
tu vida. Pero eso ni tú ni yo lo vamos a ver. Entérate de una puta vez. Sí, tú
lo tienes mucho más difícil. Ellos lo tienen mucho más fácil. Tú solo tenías
una oportunidad. La que estás desperdiciando."
15. Este es, sin duda,
el post educativo más triste que escribí. También me recuerda cada día por qué
la rabia política es un motor en mi vida docente: no me olvido de este alumno,
no me olvido de su "fracaso", ni olvido que su fracaso es el de todos
nosotros como sociedad.
"Empiezo a
olvidar su cara. ¿No les pasa eso a todos los profesores? A medida que pasa el
tiempo muchas caras se olvidan, los nombres se entremezclan y solo permanecen
las experiencias, las situaciones, las historias compartidas con ellos. Otro
alumno más entre centenares de ellos."
"Se
sentó desde el primer día allí, al fondo del aula, escupiéndome desde su
disposición espacial su desconfianza, su desdén hacia el sistema, su falta de
interés, el asco que la cárcel educativa le provocaba."
"¿Qué me encontré? Dolor, un dolor agudo, una
sensación continua de malestar vital combatida a duras penas con un prematuro
consumo de drogas que permitía enmascarar el fracaso personal que suponía el
fracaso académico, cuando eraprecisamente el éxito académico lo que hubiera permitido justificar
(equivocadamente) el sacrificio de una madre que había decidido esclavizarse
laboralmente para que su hijo tuviese una oportunidad de futuro. El padre no
existía (casualidad, ¿no?). Con el tsunami de la crisis habían perdido su casa,
ahora vivían los dos, madre e hijo, en una misma habitación realquilada. Pero
ella, la madre, nunca estaba presente, por fin había vuelto a conseguir un
trabajo, de interna, cuidando a un anciano. No dormía en casa seis de cada
siete noches a la semana. Cobraba una miseria. Capitalismo, lo llaman."
16.
Tenemos un grave problema en las aulas: muchos alumnos sufren diariamente en
los institutos. El acoso escolar existe. Y también esos microacosos que joden la vida escolar. Mirar es una obligación moral
docente. Pero, ¿qué significa mirar?
"Mirar
significa pararte a interaccionar con ellos, convertirte en un adulto
secundario de su vida en el que poder confiar para un situación puntual. Mirar
significa no considerar irrelevantes unas lágrimas sin explicación, una
respuesta extemporánea, una provocación gratuita."
"Mirar
significa preguntarles por las causas de su bajo rendimiento y escucharlos sin
juzgar (ni justificar). Mirar
significa estar pendiente de sus interacciones sociales cuando caminas por los
pasillos, no bajar la cabeza, no inhibirte de manera cobarde."
"Mirar significa no dejar pasar ninguna actitud machista, homófoba o racista
para no meterte en problemas. Mirar significa entrar en tu instituto y entender que, durante tu tiempo allí,
parte de tu responsabilidad laboral es procurar que esos adolescentes no se hagan
daño entre sí"
17. Enseñar
es tan complicado como difícil es aprender sobre algo con cierta profundidad.
Ambas cosas suponen un esfuerzo y negarlo es renunciar al principio de realidad
que debería regir cualquier actividad intelectual.
"Tan equivocada resulta esa creencia racionalista de que
definiendo estricta y claramente los conceptos y después utilizándolos en
problemas-tipo el alumno medio debe empezar a manejar con soltura intelectual
esos conocimientos como pretender que cada alumno puede construir esos
conocimientos de manera individual (o colectiva) a través de un "hacer"
huero que algunos consideran que convierte en prácticamente innecesaria la
transmisión de saberes."
"Cuando
hablamos de enseñar, no solo se trata de que los alumnos aprendan lo que no
saben sino también de que entiendan lo equivocados que están respecto a lo que
creen saber y que asuman lo mucho que desconocen."
"Es
clave el silencio en el aula, ese silencio que provoca la atención plena de los
alumnos cuando un profesor capta su atención [...] No existe alternativa a ese
silencio (comprometido con su aprendizaje) de los alumnos. Solo ese silencio
activo es promesa de aprendizaje real."
"El aula no es
suficiente. Nunca lo fue. Pero es la clave de todo. El aula nos abre la primera
puerta a un aprendizaje diferente. Será después (a veces mucho después) cuando
el interés y el esfuerzo de cada alumno por darle sentido a lo intuido
terminarán por darle valor a nuestra labor."
18. No,
ni somos fachas ni reacionarios. Tampoco rojipardos: somo profesores de
izquierda con ideas muy claras sobre la actual deriva educacional. Aunque
parezca que eso moleste a algunos que pretenden arrogarse la defensa de los más
necesitados.
"Solo hay una cosa más peligrosa en nuestro entorno docente que
el tonto que no lee nada y opina de todo sin fundamento: el tonto que lee poco,
lee mal, lee sin contexto y solo con el objetivo de confirmar su iluminación,
para alimentar la vanidad de sentirse diferente al otro, solo para tener la
capacidad de citar pobremente a los que verdaderamente pensaron críticamente
sobre algo que él apenas es capaz de intuir"
"En
el imaginario pedagógico se ha instalado que cuando un docente fracasa con el método tradicional de enseñanza lo que fracasa es el método, pero
cuando fracasa un docente innovador usando metodologías
activas, ese fracaso es debido a un mal enfoque del proceso de enseñanza.
De esta forma, en el caso del docente tradicional, el método es el problema y
será su resistencia al cambio lo que lo convertirá en culpable y mal
profesional. En el caso del docente innovador el método nunca se impugna y
será disculpado si continúa profundizando en el cambio pedagógico."
"Hay un método tradicional de enseñar que prioriza la
transmisión de conocimientos, sin ignorar ni desdeñar la dificultad que supone
aprender, que nunca podrá vencer porque nadie ensalzará sus éxitos y sus
fracasos serán expuestos con saña. Y, por otro lado, hay una innovación
educativa que nunca podrá perder porque sus éxitos serán difundidos y
glorificados sin mesura pero nadie la responsabilizará jamás de sus fracasos."
19. ¿Que convierte a un docente en un profesional útil para sus alumnos? ¿Debe alejarse la Escuela de sus objetivos académicos en busca de una supuesta equidad social? ¿Por qué a algunos docentes nunca les basta con enseñar de manera humilde los contenidos de sus materias?
"No creo ser un profesor extraordinario. Tampoco memorable. O
al menos no memorable de la manera con la que el cine, la literatura y las
ensoñaciones de algunos han pervertido
el imaginario social. Pero tampoco tengo duda alguna de que soy un profesor
tremendamente útil para mis alumnos"
"Esa es una de las grandes responsabilidades que todo
docente tiene: evitar que su carisma (si cuenta con él, claro) someta a esos adolescentes
que lo respetan, impedir que su capacidad de fascinación termine comiéndose su
labor diaria, intentar no terminar convertido en personaje, en gurú con público
adolescente cautivo, en coach con ínfulas, con más ganas y deseo de epatar y
trascender que de enseñar ese "humilde" contenido que ese día, esa
clase, esos alumnos tienen que empezar a aprender para ir completando su
necesaria formación académica."
"Desconfía de todos aquellos profesores que aseguran que no
les importa el temario y que a estas edades (en la ESO se escucha mucho) es mucho más importante que
los alumnos aprendan "otras cosas". En el fondo, tras esa preocupación impostada
por priorizar la gestión de las emociones en el aula, se esconden profesores enfermos de egotismo que no soportan "aburrir" en clase a sus alumnos
con la enseñanza sistemática de los contenidos de su materia y alimentan su
narcisismo con la exagerada atención que reciben de unos adolescentes que
compiten equivocadamente por su interés adulto."
"Cada clase esimportante, es trascendente; no habrá otra
como ella. Esa clase puede ser a primera, antes del recreo o a última. Me es
absolutamente indiferente. Esa clase es muy importante. Mucho. Es la mejor
oportunidad que tendrán esos alumnos para aprender con profundidad una serie de
conocimientos a los que la gran mayoría de ellos jamás podrían acceder sin mi
intermediación. Y lo pagamos entre todos. Con nuestros impuestos. Cómo no va a
ser importante. Ellos lo merecen."
20. Se convierten en conferenciantes, asesores, formadores, inspectores... Nos explican con tanta solemnidad como falta de vergüenza lo mal que enseñamos y lo mal que adaptamos nuestras clases a los nuevos tiempos, a los nuevos jóvenes, a las nuevas tecnologías y a las nuevas metodologías. Eso sí, ellos ya no fracasan, ellos ya no están junto a nosotros en las aulas Ellos hace mucho tiempo que se convirtieron en desertores de la tiza
"Puedo
entender perfectamente la extraordinaria tentación que supone para
muchos
compañeros seguir cobrando un sueldo excelente sin tener que dar clases
diariamente. Pero claro, una cosa es entender su debilidad y otra muy
diferente es asumir
que no se les puede criticar por ello cuando llega el momento de
recordarles su trayectoria laboral para contrarrestar sus discursos
educativos."
"El desertor de la tiza es ese tipo que cuando daba clases,
cuando fue tu compañero en el claustro de aquel instituto de pueblo en el que
coincidisteis, nunca se hizo notar demasiado. No era mal compañero, tampoco
necesariamente un mal profesor, pero jamás le viste como modelo de nada,
nunca pensaste en él como una inspiración pedagógica, como un referente moral en relación al trato
de los alumnos y su diversidad. como
alguien que pudiera enseñarte a enseñar (al fin y al cabo, bastante tenía con metabolizar
su propia dosis de fracaso docente diario, ese que se pega a nuestras ropas y
no desaparece con los años)."
"Liberado de las cadenas de la realidad, el desertor de
la tiza, en su nuevo papel de redentor pedagógico, empieza a dictar sentencias sobre
los grandes problemas de la
educación y
sus necesarias soluciones pretendiendo, además, que su voz tenga una
legitimidad superior porque él sí ha sido profesor en estos niveles
educativos. Ya puede defender la necesidad de implementar nuevas
tecnologías y nuevas metodologías en las aulas porque ese cambio de
enfoque
pedagógico no lo va sufrir y no va a tener que dedicar ni una hora de su
tiempo
libre en formarse en aquello que asegura que es trascendente para la
revolución
educativa."
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